lunes, 27 de abril de 2015

Domingo de farolillos: Toros de Miura para Dávila Miura, Escribano y Fandiño

Hoy, 26 de abril, domingo de farolillos, se ha lidiado en La Maestranza una corrida de toros llegada desde “Zahariche”. El encierro tenía un gran atractivo para el aficionado simplemente por tratarse de MIURA y además porque suponía la vuelta del mítico hierro a su fecha de toda la vida después del disparate del año pasado.
Además, en el cartel figuraba Eduardo Dávila Miura, quien, tras nueve años apartado de los ruedos, decidió anunciarse con los toros de su familia en La Maestranza, donde la divisa lidia ininterrumpidamente desde 1940. Todo un gesto del torero. Completaban el cartel Manuel Escribano, que volvía al coso del Baratillo tras tener una importante actuación con los “victorinos” e Iván Fandiño, torero que ha demostrado que puede alcanzar cotas altas y al que en Sevilla aún se le sigue esperando.
Se lidió un encierro de Miura, al que no había que mirarle el hierro para conocer su procedencia, pues eran del tipo característico del mítico hierro: largos de cuello, altos de agujas, de tipo agalgado... La corrida ha tenido toros muy complicados y con peligro e incluso a la antigua, y también toros con posibilidades de triunfo, pero todos ellos, han tenido el denominador común de la raza y la casta, pues ninguno se rajó ni tan siquiera abrió la boca.
Dávila fue obligado a saludar al término del paseíllo y regresó con el toro “Marchenero”, un cárdeno de 599 kilos. Fue un toro muy complicado, pues no tenía demasiada fuerza, embestía a media altura, cabeceando y quedándose corto, a pesar de la buena lidia que le dieron. Dávila brindó al público la faena y en ella, no se le notó en exceso el tiempo que lleva sin hacer el paseíllo. El toro estuvo a punto de echárselo a los lomos en varias ocasiones y cuando lo hacía, el torero respondió con raza y valor. La faena tuvo series de mucho mérito, tirando de oficio y entrega ante el peligroso Miura, que sabía muy bien lo que dejaba detrás. Quizá pudo haber tocado pelo, pero el fallo a espadas lo dejó en ovación con saludos.
El segundo de su lote fue “Barbareto” otro “tren” llegado desde “Zahariche”. Dávila optó por lucirlo y lo dejó largo en dos encuentros con el caballo de Alfonso Doblado. Tras un lucido tercio de los de plata, Eduardo empezó doblándose con él, siguiendo con dos pases de pecho, excelente el segundo por el derecho. Administró bien la faena en tandas cortas e intensas con la derecha, y con la zurda el viento empezó a molestarle. El toro acabó desarrollando sentido y venciéndose, pero el torero hizo un esfuerzo y “tragó paquete” en una última serie con la derecha rematada con dos de pecho. Después cogió la espada y en la suerte natural agarró una estocada casi entera en todo lo alto, y el Miura rodó sin puntilla a los pies del torero. La estocada por sí sola valía la oreja y aunque la faena no había sido redonda, con un criterio un tanto benevolente se le concedió una oreja, que paseó en una emotiva vuelta al ruedo.
Acusó un poco el tiempo que lleva sin vestirse de luces, pero Eduardo afrontó el compromiso con una buena actitud, con valor y con entrega, pues hizo un gran esfuerzo ante dos toros nada fáciles. Esta sí es realmente una reaparición de mérito y un gesto de verdad: anunciarse con la de Miura en Sevilla, sin tener necesidad de hacerlo y estando entregado toda la tarde. Sinceramente, sombrerazo por Dávila Miura.
Pase de pecho y estocada de Dávila Miura al
 cuarto (plazadetorosdelamaestranza.com)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Escribano lidió en primer lugar a “Trapero”, un cárdeno precioso al que recibió con una larga en el tercio y con unas emocionantes verónicas. Lo llevó galleando por chicuelinas al caballo, donde empujó sin rehusar la pelea, pero con la cara a media altura. Escribano optó por lucir al toro y lo colocó muy abierto para el segundo puyazo, al que se arrancó galopando de manera preciosa. Hacía tiempo que no se veía en Sevilla la belleza del tercio de varas. Escribano, a quien le gustó el galope del toro, se lo dejó llegar en los dos primeros pares, uno por cada pitón. Cerró tercio con su clásico par al quiebro entre las tablas, como es costumbre de infarto y acabó poniendo la plaza en pie tras parar al toro corriéndole para atrás con la mano en el teztuz. Tras brindar al público, inició con un escalofriante pase cambiado y después llegó una importante serie sobre la diestra. A partir de la tercera serie, el toro dijo “hasta aquí”, se orientó y Escribano ya no pudo hacer más que machetear y matarlo bien (a la segunda), saludando una ovación. Escribano estuvo muy bien con el toro y entendió el sitio y la distancia que necesitaba el de Miura, pero pensó que iba a durar más y no le administró bien las tandas. Aun así, no podemos reprocharle nada a la actuación del gerenero.
El imponente "Bandolero" en los corrales de la plaza.
Se había hablado mucho antes de la corrida, de que había un impresionante ejemplar llegado desde “Zahariche”, de cinco años y medio, y que había dado en la báscula un peso de 656 kilos nada menos. ¿Se podría mover ese toro? ¿Podría humillar con lo alto que era? Para mayor expectación, Escribano se fue a porta gayola a recibir a “Bandolero”. Tras la demora del toro en salir, en medio de ese silencio que solo se escucha en La Maestranza, Escribano aguantó el tirón y le pegó una larga cambiada. Rápidamente se levantó y regaló un ramillete de verónicas rematado con media y revolera que hizo romper la plaza en ovaciones. El toro, sin estar “acochinado” ni mucho menos, era muy largo y alto de agujas: realmente impresionante. Escribano volvió a lucirlo en varas, recibiendo un formidable puyazo de “Chicarito”, en el que estuvo también inmenso el caballo “Diamante”. Reconocimiento también para este caballo tordo, la joya de la cuadra de los Peña, que hoy ha picado cuatro toros y que, en la sombra, también, junto con toda la cuadra, contribuye al correcto desarrollo del espectáculo. El toro salió suelto y berreando del segundo encuentro. Escribano protagonizó de nuevo un gran tercio, con dos buenos pares por el izquierdo y el par de Calafia que cerró el tercio. El toro, aunque siguió berreando al principio, mostró un galope con muy buen tranco. Tras brindar a Dávila, Escribano empezó por estatuarios al hilo de las tablas, seguidos de muletazos ayudados preciosos para salir afuera. El toro fue a más y, sorprendentemente, bajó la cabeza y persiguió el engaño con el morro por el suelo. Empezó con una buena serie por la izquierda y siguió con dos muy largas e intensas con la diestra, que hicieron romper la plaza en ovaciones y arrancar, por fin, la banda del maestro Tejera. Sonó ese pasodoble tan bonito, tan torero y que tanto inspira como es Cielo Andaluz. Siguió Escribano con otra serie importante sobre al natural, que remató con un desplante genuflexo. Acabó de reventar la plaza con una gran serie de cuatro derechazos, un natural, el pase de pecho, el del desdén y el desplante. La faena estaba hecha y Manuel montó la espada en la suerte contraria, enterrando una estocada hasta los gavilanes que hizo caer al toro a sus pies, tras una muerte de bravo en la que quiso embestir al torero en su último aliento. El presidente solo le concedió una oreja, a pesar que se pidió de forma unánime la segunda. En mi opinión, Escribano merecía las dos orejas, por su labor conjunta con capote, banderillas, la faena de muleta y la estocada, pero el usía optó por no atender la petición. Se ovacionó a “Bandolero” en el arrastre, pues fue un gran toro, muy bravo, enrazado y el único que humilló de toda la corrida, ¿quién lo podía predecir?
Escribano en un derechazo a "Bandolero" (aplausos.es)
Fandiño lidió en tercer lugar al toro con menos opciones del festejo, un miura muy peligroso, gazapón y mirón, que no tenía un pase en la muleta. Fue el único toro de la feria al que se le han dado tres puyazos. Tampoco salió el vasco a dejarse coger, pero le plantó cara al ejemplar y, aunque agarró una estocada entrando derecho como una vela, fue silenciado tras fallar con el descabello. Al sexto optó por lucirlo en el peto colocándolo largo en el primer encuentro y aún más abierto en el segundo. El toro se arrancó de muy bella forma con un brioso galope y el picador M. J. Bernal fue despedido con una gran ovación, pues hizo muy bien la suerte y toreó a caballo. Tras una excelente brega de Javier Ambel, como todos los años, los músicos hicieron una exhibición de pulmón al cambiar el tercio en el que era el último toro de la Feria de Abril 2015.
Derechazo de Fandiño
(plazadetorosdelamaestranza.com)
El toro se quedó muy corto desde el primer muletazo y a medida que avanzó la faena, no hizo sino empeorar e Iván acabó macheteando y matándolo de una estocada al segundo intento, siendo silenciado de nuevo. No ha estado mal hoy el torero de Orduña, cuyo lote no le ha dado a penas opciones, pero no cabe duda que la tarde del Domingo de Ramos en Las Ventas le está pesando moralmente.
En resumen, se ha lidiado una corrida muy bien presentada y variada de Miura, en la que destaca el gran quinto, que embistió de verdad a pesar de sus 656 kilos. Eduardo Dávila Miura ha hecho un gran esfuerzo en la tarde de hoy, tan especial por muchos motivos, y ha cortado una oreja, Escribano ha estado inmenso esta tarde y ha cuajado una importante actuación ante el segundo de su lote, del que le palco le ha negado la segunda oreja, mientras que Fandiño, ha hecho un esfuerzo con el lote de menos opciones.
Hoy ha concluido la Feria de Abril 2015, en la que queda para el recuerdo una gran corrida de Fuente Ymbro, actuaciones importantes como las de Manzanares, Finito, Ferrera o Escribano y cuatro toros tan importantes como distintos que han sido “Turulato”, “Mecanizado”, “Encumbrado” y “Bandolero”.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

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