domingo, 19 de abril de 2015

Sobre el festejo del sábado de preferia (Artículo de opinión)

Hoy, 18 de abril, sábado previo a la semana de farolillos ya hay ambiente de feria. La Maestranza rozó el lleno en la 6ª de abono en la que se lidiaron seis de Victoriano del Río (dos de ellos con su hierro filial Toros de Cortés) y en la que dos figuras consagradas como Enrique Ponce y José María Manzanares iban a hacer matador de toros a Francisco Lama de Góngora.
La corrida, sobre el papel, debía ser un gran espectáculo, pero después salió el toro y las cosas cambiaron. La corrida estuvo marcada por la falta de casta, raza y fondo de los toros, aunque perteneciesen a una ganadería de legítimo prestigio.
Ponce se llevó un lote infumable de dos toros sin clase ni carbón que aburrieron al público y a los que solo pudo buscarle las vueltas, apuntar detalles de su maestría y matarlos bien. Lama de Góngora estuvo algo ausente, no terminó de entender a los dos ejemplares que le cupieron en suerte y si algo se le puede reprochar es que no entró en quites. Aun así, dejó detalles de mucha calidad sobre todo con el toro de su doctorado y el público, muy a favor de obra, le sacó a saludar una ovación.
Derechazo de Manzanares al tercero (foto: aplausos.es)
Pero la tarde fue de un pletórico Manzanares, que estuvo verdaderamente como una figura del toreo. Su primero fue un toro manso y que embestía con mucho genio y cabeceando. No era toro para torear despacio y bien, sino para dar una lección de amor propio y de maestría. Las primeras series fueron para “meterlo en el canasto” e ir haciéndose con él. Manzanares acabó cuajando series de mérito con la diestra que calaron en el tendido y la traca final llegó con una tanda de gran emoción en toriles dándole al manso los adentros. La faena, que empezó en la Puerta del Príncipe, finalizó con una estocada hasta los gavilanes en la Puerta de Cuadrillas de efecto fulminante. Se le concedió una merecida oreja.
Sevilla se había reencontrado con un torero al que tanto quiere y al que ya ha sacado tres veces por la Puerta del Príncipe y el romance había vuelto a florecer.
Muletazo de Manzanares al sexto (foto: plazadetorosdelamaestranza.com)
El público ya estaba caliente tras el gran tercio de banderillas de Curro Javier en el que sonó la música y la faena al quinto toro fue vivida con gran pasión y la banda arrancó en la primera serie. El toro no era un dechado de virtudes, sino que simplemente se movía sin emplearse en exceso y también acabó rajándose. Hubo varias series con la derecha de gran estética en las que acompañó mucho con el cuerpo y que fueron coreadas por un público enardecido y entregado al torero. Rajado el toro, Manzanares se pegó un tremendo arrimón en tablas, cosa inusual en su toreo, en el que dejó que el toro le oliese los muslos. La gente se puso de pie y Jose Mari recetó otra estocada en todo lo alto al hilo de las tablas. El toro rodó sin puntilla y la plaza se tiñó de pañuelos para exigir las dos orejas para su torero. La gente se dejó llevar por la euforia y querían sacar a Manzanares a hombros, pero la faena no era de dos orejas y la presidenta, muy buena aficionada y con los pies en el suelo, solo sacó un pañuelo. A menudo se habla mal de los señores que se sientan en el palco y que tienen que tomar importantes decisiones, pero hay que elogiar a Dña. Anabel Moreno porque no era fácil hacer lo que hizo. Manzanares se fue a pie de La Maestranza en una tarde en la que ha vuelto a demostrar por qué está donde está y por qué es torero de Sevilla. Llegarán la cuarta y la quinta Puerta del Príncipe, pero lo importante es que hoy Sevilla y Manzanares se han reencontrado después de haberse echado de menos mutuamente.
Mario García Santos (@mario_garsan)

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