domingo, 19 de julio de 2015

Juan Belmonte: el mito y sus lecciones

De Juan Belmonte, siempre se ha dicho que fue un auténtico revolucionario y quien asentó las bases del toreo moderno. Una gran figura del toreo, que además tenía una gran personalidad. Juan, nacido en la Calle Feria en 1892 (pero su familia pronto se mudó a Triana), era hijo de un humilde señor que tenía una tienda que a penas les daba para vivir. Juan fue muy poco tiempo a la escuela, pues dejó de ir a los ocho años y a los once formó una pandilla, que, entre otras correrías, se dedicaban a hacer la Luna.
Belmonte, además de una de las más grandes figuras del toreo de la historia, era una persona misteriosa, sin ir más lejos por la forma en que murió, de la cual hasta hoy se sigue discutiendo cual fue la razón por la que apretó el gatillo. Juan Belmonte era un hombre serio, aparentemente triste y que fue desgraciado en amores, pero con una personalidad y una calidad humana extraordinarias. Juan, que, como hemos dicho, a penas fue al colegio, fue una persona realmente culta y sabia, a quien le encantaba leer y que se rodeó de muchos de los autores importantes de la época, como Valle-Inclán e incluso hay quien le considera un miembro más de la Generación del 98.
Pero Belmonte, mientras más leía y divagaba, mejor toreaba. Pero si algo podemos resaltar del Pasmo, era que, sin ser una persona muy habladora, cada vez que hablaba decía verdades como puños y sus palabras siempre daban lugar a pensar y reflexionar.
Por muchos años que hayan pasado desde la Edad de Oro del toreo, muchas de las frases que hoy tenemos por bandera en el toreo, nos las dejó Belmonte como su gran herencia.
SE TOREA COMO SE ES. Una verdad como la Giralda. Por eso el toro delata a los malos toreros y a los impostores. Porque en una faena se pone el alma y el corazón y entonces el traje de
luces es transparente.
También dijo Don Juan, que PARA TOREAR BIEN DE VERDAD HAY QUE OLVIDARSE DEL CUERPO Y QUE EL BUEN TOREO ES EL QUE SE HACE CON SENTIMIENTO Y PASIÓN DE ENAMORADO. Ese el toreo que queda en la retina, el que hace llorar y el que de verdad perdura y emociona. Solo toreando se puede expresar lo más profundo de los sentimientos y plasmarlos en una obra de arte, con la embestida y el galope de un animal bravo.
De Belmonte hay mil anécdotas y en todas ellas el maestro nos deja una lección, pero me gustaría recordar una en concreto. Antonio Ruiz "Espartaco" (padre), siendo muy joven estuvo en la finca Gómez Cardeña, donde el maestro tenía su ganadería de encaste Santa Coloma. Al joven Espartaco lo encontraron los vaqueros durmiendo en el pajar, y Belmonte, le acogió en su casa, le dejó una habitación y le compró ropa. Desde el primer día, le llamaba el "remendao", por las múltiples costuras y parches que tenía su ropa vieja. Para Espartaco, Belmonte fue como su segundo padre, pues en palabras de él "lo conocí siendo un niño, con hambre y sin futuro, y fue él quien me acogió". Belmonte le ayudó a conseguir contratos y gracias a él y a sus sobrinos arrancó su etapa novilleril.
Cuenta una anécdota Espartaco que una tarde, después de torear una novillada en El Puerto de Santa María en la que, como siempre, había mostrado un gran valor y recibido varias volteretas pero no había estado a la altura del toro, Belmonte le dijo: la próxima vez que vayas a torear, al entrar en el burladero, lo haces agachado y mirando al toro. Espartaco le preguntó por qué y Belmonte le dijo: para que veas que los tiene más gordos que tú.
De esta forma Juan, dejó dicha claramente una gran lección: a cojones siempre gana el toro.
El valor es muy importante, y sin él no se puede torear, pero solo con valor no se puede ser torero, porque de esta forma la batalla la gana el más fuerte y poderoso, que es el toro. Delante de un toro hay que salir a jugarse la vida y darlo todo, pero siempre con cabeza, conociendo las condiciones del toro y también los terrenos.
Como cada uno tiene la suya, yo tengo mi forma de entender el toreo, mi concepto y mi forma de aprender. Yo concibo el toreo de una forma clásica, pura y con el sentimiento apoyado sobre la técnica que poco a poco se va aprendiendo y creo que la mejor forma de aprender es saber ver y escuchar y beber de todas las fuentes posibles, de los grandes maestros, de los compañeros y de los profesionales y también se aprende mucho de las personas mayores porque ellos ya han vivido. De cada una de ellas se extrae una lección y nunca se termina de aprender y menos en este sueño tan difícil y tan bonito a la vez.

Ser torero no es solo una profesión, sino una actitud ante la vida y una forma de vivirla.
 
 
 Mario García Santos (@mario_garsan)

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