lunes, 28 de marzo de 2016

Domingo de Resurrección: Toros de Domingo Hernández y Garcigrande para Morante de la Puebla, José María Manzanares y Alejandro Talavante

Hoy, domingo 27 de marzo, comenzaba por fin la temporada 2016 en La Maestranza en tan emblemática y prestigiosa fecha como es la del Domingo de Resurrección.
Para la cita, se había anunciado un cartel de relumbrón con Morante, Manzanares y Talavante y con una ganadería de garantía como es la de Garcigrande. Pero ya se sabe que el hombre compone, Dios dispone y luego el toro lo descompone...
Por tanto, desde tierras salmantinas llegó a Sevilla un lote bien presentado de estas dos ganaderías hermanas, quedando finalmente los seis titulares del hierro de Domingo Hernández y el primer sobrero de Garcigrande.
La tarde, también tenía unas connotaciones especiales, pues, el público sevillano era perfectamente consciente de que tanto Morante como Talavante, regresaban a Sevilla tras dos años de ausencia después del conflicto mil veces mencionado con la empresa, el cual, como aún seguimos sin conocer claramente los motivos (ni creo que los vayamos a conocer). Esto hizo que parte de la afición se mostrase un tanto enfadada con estos toreros, pues lo consideraban una falta de respeto y compromiso hacia la plaza, mientras que otros le agradecieron su regreso, lo cual se reflejó perfectamente en la división que hubo cuando los toreros fueron obligados a saludar al concluir el paseíllo. Pero, lo mejor es mostrarse imparciales y centrarnos en lo estrictamente taurino.
La corrida, por la fecha, por el cartel y por supuesto por la plaza tenía todos los alicientes posibles, y por ese motivo, se colgó el cartel de "NO HAY LOCALIDADES PARA HOY" en la taquilla, lo cual, ya de por sí era un gran éxito.
 
Verónica de recibo Morante al primero de la tarde.
Con llenazo en los tendidos el festejo comenzó puntual y sonó el primer cerrojazo de la temporada 2016 y los tres matadores hicieron el paseíllo acompañados de sus respectivas cuadrillas.
Salió el primer, toro, de nombre "Amoroso" un armónico castaño al que Morante, que vestía un terno azul cielo y azabache, lo paró con dos lances genuflexo para después estirarse y armar un alboroto, ganándole terreno al de Domingo Hernández toreando a la verónica con cadencia, gusto y compás, rematando con un media sensacional. El toro, además de estar cogido con alfileres, no tuvo raza ni casta para venirse arriba ni tampoco se entregó y aunque tuvo nobleza, su recorrido estuvo condicionado por ese punteo que es consecuencia de la falta de fuerza. Morante, viendo las virtudes del toro y confiando en que podía ayudar al habérsele cuidado en varas, brindó su faena al público. El de La Puebla estuvo firme y templado con el toro, que fue a menos y reponía, y logró una faena que, sin levantar el vuelo, tuvo detalles de torería y buen toreo. Agarró una estocada entera y un tanto tendida que bastó.
 
El segundo fue "Calamillero", un serio castaño que lucía dos imponentes perchas, al que Manzanares, que, (ya abandonado su luto), lucía un grana y oro, optó por lidiar de salida en lugar de buscar el lucimiento. Tomó la primera vara en el caballo que guardaba la puerta, y en la segunda derribó por derecho al caballo, siendo valientemente coleado por el monosabio Mario Benítez. En su turno de quites, Talavante (que portaba un terno azul pavo y oro) dejó su tarjeta de presentación y se echó el capote a la espalda para ejecutar un escalofriante y a la vez templado quite por gaoneras en el que aguantó estoico y se pasó muy cerca al toro. Manzanares, tiró de amor propio y le dio la réplica al extremeño con un excelente quite por chicuelinas rematado con revolera, vibrando la plaza con la competencia y el buen toreo de ambos.
Derechazo de Manzanares al segundo.
Tras una soberbia brega de Jesús González "Suso" y tres grandes pares que pusieron Rafael Rosa y el tercero Luis Blázquez, los tres toreros de plata saludaron montera en mano. El toro tuvo un comportamiento y una acometida desigual, lo cual hizo que la faena del alicantino fuese de altibajos y finalmente fuera a menos. Empezó bien con dos series muy ligadas sobre la mano derecha, y en la segunda hubo un cambio de mano sensacional. Entonces debía de tomar vuelo la faena pero, al coger la izquierda, la faena bajó de tono. Manzanares lo intentó de nuevo por la derecha pero el toro acabó por deslucir y acusar su querencia a chiqueros, por lo que se fue a por la espada rematando su actuación de una buena estocada, siendo silenciado.
 El tercero, un negro cornalón y astifino de nombre "Lamparero", apuntaba bien, pero, al estrellarse en el segundo puyazo se levantó totalmente descoordinado, por lo que fue devuelto a los corrales. En su lugar salió "Fuerte", un colorao cinqueño del hierro de Garcigrande, al que Talavante sacó para fuera ganándole terreno y toreando para el toro. No le pegaron demasiado en varas y con las banderillas estuvo cumbre Juan José Trujillo. El toro aunque, como toda la corrida, falto de raza, posibilitó la faena de un enrachado Talavante, que lo entendió muy bien, le aguantó las miradas y parones y lo templó de manera sublime. Si la faena no alcanzó mayores cotas fue por la falta de transmisión del toro, que, aunque repetía y obedecía a los toques, fue un tanto soso. Talavante desplegó parte de su rica tauromaquia, mezclando el toreo fundamental con el accesorio, las florituras
Trincherazo de Talavante al cinqueño tercero, al que cortó una oreja.
y los adornos. Empezó la faena haciéndole un homenaje a Pepe Luis Vázquez, citando desde los medios con el cartucho de pescao que ejecutó a la perfección, para seguir con la izquierda aprovechando la inercia del toro para cuajarle una serie corta. Siguió con otra serie sobre la zurda y después sobre la derecha, en las que, el público fue entrando progresivamente. Regresó a la izquierda para realizar una serie corta de naturales profundos, rematados con un soberbio trincherazo, un pase del desdén mirando al tendido y uno de pecho de pitón a rabo, arrancando entonces la música. Siguió Talavante toreando sobre la diestra y enroscándose al astado, ligando una arrucina y después el de pecho. Para finalizar, intentó acabar de exprimir al toro por el lado izquierdo, pero éste empezó a apagarse, por lo que, inteligente, toreó con muletazos de adorno a favor de querencia para irse después a por la espada. Con ella toreó por ayudados por bajo flexionado para cuadrar al toro en la suerte contraria. Entrando despacio y haciendo muy bien la suerte, Talavante cobró una buena estocada que le valió una oreja.
Pero el verdadero acontecimiento de la tarde tuvo lugar en el cuarto toro, un ejemplar negro y armónico, marcado con el número 88 y de nombre "Fantástico". Morante no se estiró a la verónica de salida, pues no era un toro claro, sino irregular en sus embestidas y un tanto falto de fijeza. Desde el primer momento fue bregado brillantemente por José Antonio Carretero, que ayudó al toro a romper y lo fue "enseñando a embestir". Tras el primer puyazo, Morante realizó un quite desde las rayas a los medios, toreando con cadencia a la verónica con las manos altas y rematando con la
media, siendo aplaudido. El toro acortó mucho en banderillas y al salir del tercer par, Antonio Jiménez "Lili" recibió una grave cornada en el muslo izquierdo y fue llevado rápidamente a la enfermería, donde se le atendió de una herida de 15 centímetros que desgarra el músculo vasto interno y lesiona la vena safena.
 
En medio de la conmoción por la cornada, José Antonio empezó la faena sobre la mano derecha en el tercio y a base de consentirle, atacarle y templarle siempre en la distancia corta, se acabó haciendo con el toro, que, sin ser muy peligroso, fue muy complicado y tuvo muchas teclas que tocar. Morante, lejos de tirar por la calle del medio, hizo un valiente, sincero y torero esfuerzo con él, le buscó las vueltas y, tras torear primero en línea recta y sin buscar la ligazón, consiguió torear despacio y profundo arrancando los olés del público y reencontrándose con La Maestranza.
Faena intensa y vibrante de un entregado Morante que toreó muy metido en los riñones y cargando la suerte en muletazos sin acabar de bajar la mano para que no se rajase el toro. Morante estuvo valiente e inspirado, improvisando personales y pintureros remates a las series. Hubo pinceladas del toreo de otro tiempo como un precioso cambio de mano por delante, un molinete abelmontado para finalizar una serie de naturales, así como la belleza del más puro, templado y bello toreo por alto a dos manos.
La última serie la finalizó José Antonio con esos dos ayudados por alto y un kikirikí con un garboso abaniqueo que concluyó con un torero desplante y justo entonces, el toro le pidió la muerte y Morante cogió la espada. Pero, aun siendo seguramente consciente de que podía pasarse de faena, Morante quiso pegarle una tanda más al toro para pegar la traca final y buscar la posibilidad de la segunda oreja, pero al tercer muletazo el toro se rajó descaradamente y barbeó las tablas. Entonces sonó un
aviso, seguro que con retraso, y Morante, persiguiendo al toro, consiguió cuadrarlo en la suerte contraria en los mismos chiqueros y justo antes de perfilarse, en otro de sus guiños a la tauromaquia añeja, se sacó un pañuelo de la chaquetilla y se secó el sudor de la frente emulando a Joselito El Gallo. Se perfiló y enterró tres cuartos del acero en trayectoria atravesada, que no tuvieron efecto en el toro, por lo que tuvo que descabellar cuando caía el segundo aviso. No sacó la espada el diestro, que, se atascó con el verduguillo en parte al no descubrir el toro, errando hasta una decena de veces, cayendo entonces el tercer aviso. Morante se retiró cabizbajo y contrariado, mientras Enrique Lebrija, el veterano puntillero de la plaza, pasaportó al toro desde el burladero de un soberbio cachetazo ante la imposibilidad de ser devuelto por los bueyes. La faena, el toro y el propio torero no merecían ese amargo final, y aunque para muchos el titular y la noticia sea "tres avisos para Morante", el final y la reseña que aparecerá en la ficha del festejo no pueden hacer que quede olvidada tan importante faena, que, de haber matado bien, hubiera sido premiada con una oreja de peso. Tras ser arrastrado el toro, Morante escuchó una fuerte división de opiniones, pues por algo, el toreo es un espectáculo democrático y creo que de vez en cuando, no viene mal algo de polémica.
 
La lidia del quinto tuvo poca historia, pues el de Domingo Hernández, que se rajó en la tercera tanda, no dio demasiadas opciones de triunfo a Manzanares, que dejó dos tandas con su particular empaque y acompañando con el cuerpo, pero, sin acabar de conectar con el tendido. De nuevo finalizó con una buena estocada y volvió a ser silenciado.
 
Natural de Talavante al sexto.
 
En último lugar, Talavante se las vio con un ejemplar áspero y complicado que brindó al público. Empezó llamándolo de lejos sobre la derecha para aprovechar la inercia del toro, que cabeceaba y acabó por salir con la cara alta y por obligar a Talavante a torearlo en el tercio de chiqueros. Estuvo muy firme, inteligente y valiente el extremeño, en una faena en la que conectó sobre todo con el público de sol, donde llevó a cabo la faena. El toro acabó embistiendo cada vez con la cara más alta y con menor transmisión, lo que suplió Talavante tirando de repertorio y arreando. Alejandro exprimió al toro, que iba y venía sin raza ni clase y se mostró, al igual que con su primero, muy por encima de él y, de haber matado a la primera, también le hubiera arrancado una oreja, pero un pinchazo precedió a la estocada y la petición fue insuficiente, saludando una merecida ovación tras un sincero esfuerzo. 
 
En resumen, se lidió una corrida de Domingo Hernández remendada con un sobrero de Garcigrande, que dieron un juego muy inferior al esperado y deseado, pues estuvieron faltos de raza, casta, clase y entrega y que desarrollaron complicaciones. Morante, que solo pudo dejar detalles ante su primero, cuajó una importante obra con el difícil cuarto que emborronaría con los aceros escuchando los tres avisos. Manzanares, sin que su lote fuese un dechado de virtudes, no tuvo su mejor tarde y sus faenas no levantaron el vuelo, mientras que Talavante, que cortó la oreja de su primero y perdió otro trofeo del sexto con la espada, fue el triunfador de la tarde y dio muestras del excelente momento que atraviesa.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

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