martes, 19 de abril de 2016

Sábado de Feria: Toros de Fuente Ymbro para Finito de Córdoba, Juan José Padilla y El Fandi

En la penúltima corrida de la Feria de Abril 2016, se anunció un cartel interesante, aunque quizá más del gusto de otro tipo de público, en el que estaban anunciados Finito de Córdoba, Juan José Padilla y El Fandi. Cartel abierto por un veterano, reposado y renovado Finito, en el que los dos matadores banderilleros, llevaron mucha gente a la plaza por su tirón y el espectáculo que siempre ofrecen. Pero, desgraciadamente, aunque la plaza registró una gran entrada, el público que casi llenó el coso maestrante, más que entendido, era un público eufórico y con ganas de disfrutar simplemente del espectáculo.
El festejo, como se anunció por megafonía, comenzó con casi media hora de retraso, pues, aunque no cayó ni una gota durante el festejo, estuvo lloviendo durante las horas previas y al estar encharcado el ruedo a pesar de estar provisto de la lona, los operarios procedieron a acondicionar y mejorar el estado del piso.
Derechazos de Finito al primero...
...y al cuarto.




















Casi a las siete de la tarde, los tres toreros hicieron el paseíllo, saltando al ruedo después el primero de los ejemplares de Fuente Ymbro, que fueron, excepto el negro sexto, todos de pelo castaño en distintas tonalidades. Con el primero de la tarde hizo un torero esfuerzo Finito, que, ante un toro
 desclasado y sin recorrido, dejó una faena de detalles torerísimos y en la que hubo una gran serie sobre la derecha con muletazos en línea recta pero de gran compás y belleza. Solo tuvo esta serie el  toro, al que Juan despachó de pinchazo y, todo sea dicho, de un fulminante bajonazo, siendo silenciado. Frente al cuarto tampoco tuvo demasiadas opciones, pues el toro no acabó de romper ni emplearse de verdad. La faena, larga y en la que solo hubo algún detalle suelto de gran torería y poso, no levantó el vuelo, siendo de nuevo silenciado, tras matar esta vez de una buena estocada.
Juan José Padilla recibiendo al segundo a porta gayola.
Padilla toreando al segundo sobre la derecha.
Pero el triunfador de la tarde fue un pletórico y entregado Juan José Padilla, que supo perfectamente utilizar sus armas y darle al público el espectáculo que quería presenciar. No se dejó nada en el tintero el jerezano, que comenzó recibiendo al segundo en la puerta de chiqueros y después con otra
larga en el tercio. Al toro, huidizo y correoso, costó mucho picarlo, dándosele muchos capotazos durante su lidia, en la que fue esencial la gran brega de ese grandioso profesional callado y siempre a la sombra de su matador que es Daniel Duarte. El de Fuente Ymbro, que no metía mal la cara, tendía a esperar mucho, por lo que era un toro muy difícil de banderillear. Padilla cubrió como siempre el tercio y, tras haber pasado primero en falso, solo pudo dejar un palo en el primer par de poder a poder, por lo que, con gran oficio e inteligencia, colocó dos pares al violín que fueron muy jaleados. Empezó con muletazos por alto de rodillas en el tercio y siguió con una serie ligada sobre la diestra que arrancó la música. De nuevo una serie sobre la diestra intercalando el martinete y otra más por el lado izquierdo, por donde el toro soltó más la cara. Más cerca de los pitones, ejecutó una girondina y se pegó un arrimón final, recogiendo entonces la espada. Tras pegar unas manoletinas, se tiró a matar entregado, cobrando la estocada, exigiendo el público un trofeo que el palco no tuvo más remedio que conceder. Faena en la que conectó enormemente con los tendidos y le arreó bastante a un toro con sus dificultades, pero que, en condiciones normales, hubiera tenido como justo premio el de una fuerte ovación desde el tercio o incluso una vuelta al ruedo, pero no la oreja.

Juan José gustándose a la verónica
en el recibo al quinto.
Al quinto, un toro altón y de armónicas hechuras de nombre "Seductor", el cual, pronto estará disecado en el salón del torero, lo recibió también a porta gayola, para estirarse y hasta gustarse con verónicas ganando terreno en las que armó un alboroto. Galleó también por chicuelinas y después llevó a cabo un tercio de banderillas vibrante con tres grandes pares. El toro era alegre, repetidor y enclasado y Padilla, se plantó de rodillas en los medios para empezar la faena toreando en redondo. Siguió toreando con la diestra y levantando el vuelo de su faena. Pero cuando cogió la zurda, la faena bajó de tono, en parte porque el toro, dejó de humillar y siguió embistiendo a media altura. Finalmente, Juan José volvió a levantar el vuelo de la faena, con una serie sobre la diestra en la que se pasó al toro por la faja y ligó también con pases de rodillas. Formado el lío, se fue a por la espada y dejó otra gran estocada entrando a morir. La plaza se tiñó de pañuelos y tras ser concedida la primera oreja, se pidió con más fuerza aún la segunda, que el presidente, seguramente consciente pero para evitar un desorden público y no ser el dictador que se opusiese a la petición unánime, concedió el doble trofeo.
La estocada final.
Padilla, como el hombre más feliz del mundo, paseó emocionado los trofeos en lo que significaba el premio a toda una vida. Pero no nos engañemos, la faena, merecía como premio una oreja bien ganada, pero no las dos en una plaza de la categoría de La Maestranza y la polémica, el revuelo y la indignación posteriores están y estarán más que justificados.
Mientras tanto, El Fandi, cuajó a su primero con el capote y le armó un lío de verdad tras ofrecer un tremendo espectáculo en banderillas, aunque en la muleta, no acabó de acoplarse con el toro, que si bien se quedaba muy corto y soltaba la cara, tenía el galope como virtud y hubiese lucido más en la distancia. Lo toreó demasiado cerca y la faena se desinfló enseguida, siendo silenciado tras dejar media estocada. En sexto lugar se enfrentó a "Guardés", el mejor toro de la corrida, al que recibió a porta gayola y al que volvió a banderillear. El toro embistió mucho y con gran calidad, sobre todo por su gran pitón izquierdo, aunque se rajó al final. Estuvo correcto y templado Fandi, aunque dio la sensación de que no acabó de exprimir al toro de verdad.
Natural del Fandi a "Guardés", toro que cerró plaza.
Fue motivo de enfado para el propio el matar de una estocada baja y trasera que hizo que el toro rodase, y quiero creer que el público pidió unánimemente la oreja al no advertir la colocación de la espada. De nuevo el presidente, con el reglamento en la mano, no tuvo más remedio que otorgar el trofeo al granadino.

Al final del festejo, Juan José Padilla, logró por fin su sueño de la Puerta del Príncipe, a sus 22 años de alternativa. Este torero es un ejemplo de vida y de hombría, de una fuerza de voluntad infinita con la que se impone a todos. No olvidemos todos los años que pasó en el circuito de las corridas muy duras, estoqueando tantas de Miura y otros hierros de órdago, con los que se ganó el respeto de tantas aficiones e incluso obteniendo triunfos de importancia, tanto por la vía de la épica y la heroicidad como por la del toreo bueno cuando algún toro se lo permitía. En su carrera ya había recibido bastantes cornadas, algunas de mucha gravedad como aquella de Pamplona en el cuello y por supuesto la de Zaragoza, día en que su vida cambió para siempre y en la que se convirtió en el héroe y el ejemplo que es hoy.
La Puerta del Príncipe, es un privilegio reservado a los elegidos y un premio y reconocimiento a una gran tarde, pero, sus tres orejas, en condiciones normales, debieron de haber ser solo una y la indignación está más que justificada.
Pero, si hay un torero merecedor de un "regalo" como ese, ese hombre es Juan José Padilla. ¿Es merecida la Puerta del Príncipe? Merecida no, merecidísima, pero no como premio al contenido artístico de su actuación, sino como reconocimiento a toda una vida de amor a la profesión, de una lucha por volver a vestirse de torero y un reconocimiento para quien es un ejemplo de vida.
Y, mientras atravesaba el umbral de la gloria, Juan José no paraba de decirle a su hermano, quien lo llevaba a hombros, "despacio despacio". Quería disfrutar y paladear ese sueño que había anhelado desde que era un niño.

Mario García Santos (@mario_garsan)

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