miércoles, 13 de abril de 2016

Una tarde para la historia


Cuando le preguntaban al maestro Rafael Ortega, si le daba pena matar los toros, él respondía que solo a aquellos que no merecían ser estoqueados, sino morir de viejos en el campo y dejando su simiente. Y es que hasta que se estrenó el nuevo reglamento en 1992 (que sigue vigente), los indultos solo estaban permitidos en las corridas-concurso de ganaderías y precisamente Rafael Ortega, fue uno de quienes defendieron la conveniencia del indulto cuando es realmente merecido.
Hoy en Sevilla entrábamos en el tramo final de la Feria de Abril 2016, en la cual, a pesar de ciertas orejas y toros sueltos, no había llegado el triunfo de los toreros ni tampoco había salido un toro bravo.
Y hoy, tras horribles petardos ganaderos de hierros en teoría de garantías, pudimos dejar atrás el desastre anterior, sobre todo, con un toro de bandera que salió en cuarto lugar.
La corrida de Victorino fue desigual en presentación y en juego, pues fue deslucido el primero y mucho más el sexto, importante el tercero y de bandera el cuarto, mientras que el lote de Morenito de Aranda, fue algo intermedio, siendo interesante el segundo y el quinto hasta que se orientó.
Frente al tercero, el bravo "Galapagueño", Ureña realizó una gran faena desplegando parte de su puro concepto. El toro peleó bravamente en varas y empezó embistiendo de categoría en las primeras series, apagándose de golpe un tanto y viniéndose arriba de nuevo al final de la faena cuando el torero atacó para explotar la faena. Ureña entendió al toro y lo toreó con gusto, sentimiento, cadencia y profundidad sobre ambas manos, logrando
Derechazo de Ureña a "Galapagueño", al que desorejó.
muletazos al ralentí. Finalizó de una forma preciosa genuflexo y se fue detrás de la espada para dejar una estocada hasta los gavilanes, doblando el bravo en los medios y siendo concedidas las dos orejas para el torero de Lorca. Las paseó en una vuelta al ruedo con la misma naturalidad con la que toreó y tremendamente feliz y emocionado a la vez. No olvidemos que este torero estuvo demasiados años en el olvido, luchando sin perder la ilusión, hasta que le llegó el triunfo una tarde de verano en su exitosa confirmación en Las Ventas. Ya se veía con la Puerta del Príncipe casi abierta y fue todo disposición frente al sexto, pero el de Victorino no le dio ninguna opción y sus sinceros y valientes intentos fueron en vano.
Pero el suceso de la tarde, de la feria y me atrevería a decir que de la temporada, llegó en el cuarto toro. Escribano, que por cierto vistió un elegante terno berenjena y azabache, no había podido levantar faena con el que abrió plaza y tras el triunfo de Ureña en el toro anterior, se fue a porta gayola. Y lo que salió por el zaguán de toriles fue la bendición convertida en toro bravo. Se llamaba "Cobradiezmos", herrado con el número 37, nacido en diciembre de 2011 y con 565 kilos de peso. Cárdeno claro, bajo de agujas y una pintura por lámina y perfectas hechuras. Escribano lo recibió limpiamente con la larga y le ligó un ramillete de verónicas bien rematado con media y revolera. Fue bien picado por "Chicharito" (que rectificó rápido en el segundo puyazo), arrancándose con alegría y
prontitud en ambas varas, empujando y romaneando con todo y con verdadera clase, aunque tardeó algo en la segunda. En banderillas, el propio matador colocó dos excelentes pares de poder a poder y después, su escalofriante par sentado en el estribo, en el que el ejemplar, reaccionó obediente al quiebro y clavó arriba.
El toro tenía condiciones excelentes y Manuel, que lo supo ver, lo brindó al público. Pero, no creo que nadie pudiera presagiar algo tan grande, un suceso que pasará a los anales de la historia del toreo. Escribano empezó su faena doblándose por bajo con el toro, tratando de atemperar al bravo. Pero aquí apareció la bravura de verdad, y el toro, cuando le sometieron, se vino arriba y se entregó a la obra en la que se fundiría con Manuel Escribano yendo a más y a más a lo largo de la faena. En la primera serie por la derecha, ya arrancó la música ante la tremenda conexión con el tendido, pues "Cobradiezmos" se comía la muleta una y cien veces con el morro por el suelo y moviendo alegremente el rabo. Escribano estuvo a la altura de tan importante ejemplar y la faena acabó por alcanzar cotas indescriptibles en el que fue un trasteo largo, vibrante y explosivo, con toro y torero entregados y dispuestos a morir en el ruedo. Ya arrancada la banda, llegaron otras dos series por la diestra primero y otras dos sobre la zurda y el torero, ya armada la escandalera, se fue a por la espada, estallando entonces una clamorosa petición de indulto para el toro. El gerenero siguió toreando entregado por ayudados por alto, pases de pecho, cambios de mano... y el toro embistiendo sin venirse abajo, y cambió el estoque de matar por la ayuda y le dio otra serie más al toro. Entonces, al fin, el presidente, mi paisano D. José Luque (hijo del gran Andrés Luque Gago), sacó el pañuelo naranja tras haber consultado con el ganadero vía telefónica.
 
Entonces la plaza estalló de júbilo y euforia y el torero se retiró a abrazarse con su cuadrilla, dejando al toro en el ruedo, exhausto, pero aún desafiante. Regresó Manuel con una banderilla con la intención de simular la estocada, pero, para entonces ya habían aparecido los mansos y Escribano desistió, aunque seguro el diestro quería tener esa foto histórica de la estocada simulada, como la famosa de Astola y "Laborioso". Además, el torero, para no provocarle otra herida más y tampoco arriesgarse a cortarse, le había quitado el arpón al rehilete.
El indulto fue absolutamente merecido y digno de una plaza de la categoría de La Maestranza, pues el "victorino" fue un monumento al toro de lidia, del que todo lo que se diga se quedará corto. "Cobradiezmos", tuvo un único defecto (por contarlo todo): el de escarbar en más de una ocasión.
Pero fue un toro bravo de verdad, con un motor tremendo, noble y fijo a reventar, repetidor y humillador, con clase a raudales, con un recorrido interminable, con una transmisión explosiva y con un fondo de casta inagotable, pues no buscó las tablas en ningún momento. El toro embistió entregado hasta la muerte por mucho que le exigió Escribano en cada muletazo y finalmente, tras resistirse, regresó a los corrales, con un público que acabó con las gargantas rotas, la sangre encendida y las mejillas llenas de lágrimas.
Escribano recibió dos orejas simbólicas (las mismas que había paseado Ureña) como premio a su impecable y entregada faena, en la que toreó solventando también al viento y en la que supo entender  al toro desde el principio, pues "Cobradiezmos", como bravo de verdad, lo pidió todo por abajo y exigió un torero que lo torease y se entregase con la misma verdad con la que él le regaló sus arrancadas de oro, por lo que ese grandioso toro, además de por su bravura, volverá al campo gracias a Manuel Escribano.
Morenito de Aranda, mientras tanto, no pudo brillar como lo hicieron sus compañeros de terna, pues los dos "premios gordos" que se sortearon no cayeron ninguno en su lote. Pero, aunque fue todo disposición y entrega en sus dos toros, en parte por no tener la experiencia de Ureña ni Escribano con este encaste, sus oponentes tuvieron complicaciones a las que no se terminó de acoplar, dejando bastantes detalles de mucha torería y buen gusto, pero sin levantar el vuelo de sus faenas.
Tras irse a pie Morenito, al final del festejo, Paco Ureña y Manuel Escribano, salieron a hombros por la Puerta de Cuadrillas, como broche de oro a tan inolvidable tarde.
Para mi desgracia, después de haberme tragado todo lo que va de feria, no pude asistir al festejo de hoy por motivos de salud, lo cual será motivo de arrepentimiento e impotencia durante el resto de mis días, aunque lo viese en directo por televisión. Pero espero que, dentro de unos cuantos años, pueda ver embestir la mitad de bien a uno de los hijos de "Cobradiezmos", quien en estos momentos estará camino de "Las Tiesas de Santa María". Ojalá que el toro pueda recuperarse de sus heridas y disfrutar
del paraíso que se ganó para dar continuidad a su estirpe, así que no puedo sino acabar mi crónica deseando LARGA VIDA A LOS TOROS BRAVOS...
 
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

1 comentario:

  1. COBRADIEZMOS

    “Toro que humille, que fiel repita, la fiesta brava . . . lo necesita.”

    Plaza de toros, la de Sevilla,
    faena cumbre, ¡qué maravilla!,
    tarde de magia, genial, sutil,
    magno festejo, feria de abril.

    Sobrio vestido, de serio traje,
    flor berenjena con azabache,
    “portagayola”, no ha sido en vano,
    suertes variadas, las de Escribano.

    Sobre su clase, dudas despeja,
    por banderillas, ninguna queja,
    la tauromaquia presta surgía,
    en los tendidos, . . . algarabía.

    Cárdeno astado, cara bonita,
    de hechuras finas, ¡la gente grita!,
    cumple la cita, franca arrancada,
    acometiendo, la fuerte vara.

    Es “Cobradiezmos”, apis soñado,
    bravo, embistiendo, muy humillado,
    con punto fino de transmisión,
    su recorrido causó emoción.

    Gloria al encaste de Victorino
    Martín, fiereza, de gen genuino,
    ganadería de historia ardiente,
    en su dehesa, crianza ferviente.

    Triunfo del arte, Real Maestranza,
    pañuelo terso, color naranja,
    premio simbólico, ambas orejas,
    Manuel, anhelo, sus “ansias viejas”.

    Indulto es grato perdón de vida,
    al toro, pronto, curarle heridas,
    que vuelva al campo, enamorando,
    a sus vaquillas, feliz . . . padreando.

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    Ciudad de México, a 13 de abril del 2016
    Reg. SEP Indautor No. (en trámite)

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