domingo, 1 de mayo de 2016

4ª becerrada de selección en la plaza de toros de Camas

Hoy, domingo 1 de mayo de 2016, se celebró en la plaza de toros de Camas, la cuarta becerrada de selección del certamen en el que colabora la Junta de Andalucía con el objetivo de promocionar los nuevos valores de las escuelas taurinas andaluzas. Este certamen, que además tiene como premio gordo para el ganador el de la clasificación directa (sin pasar por la criba de los tentaderos de selección) para las novilladas televisadas de Canal Sur del próximo año, supone una gran oportunidad para todos los becerristas, no solo por ese premio gordo, sino por ofrecer la posibilidad de anunciarse, que su nombre suene y por supuesto de ser visto.
Por tanto, con todos los que han toreado, me siento identificado, pues, al margen de lo que se ha podido ver en la plaza, en la mañana de hoy, en la plaza de Camas y en ese único becerro, cada uno tenía puestos su ilusión y su preparación, y eso, aunque mi debut aún no haya llegado, tengo alguna idea de lo que es. Antes de comenzar con la crónica, quiero recordar que, estos festejos son necesarios, pues todos los matadores de toros fueron algún día becerristas y maletillas en busca de un sueño, y con carencias técnicas que se deben suplir con las ganas y la ilusión. Por lo tanto, no podemos ser muy duros con quienes llevan tan poco tiempo en esto.

Con casi lleno en los tendidos, a las 11:30 de la mañana comenzó el festejo, el cual, estuvo enormemente condicionado por el viento, que sopló con fuerza en ocasiones. Los seis aspirantes, pertenecientes a distintas escuelas taurinas andaluzas, sortearon un encierro de la ganadería de Hermanos Torres Gallego, hierro con alto porcentaje de sangre Núñez que pasta en Medina Sidonia, los cuales fueron todos de pelo negro y, en líneas generales, ofrecieron un muy buen juego y nobles y manejables, sobresaliendo el excelente cuarto.
Abrió plaza mi compañero Carlos Fernández, alumno de la Escuela Taurina de Camas, frente a un ejemplar noble y con recorrido por ambos pitones que no estuvo sobrado de fuerzas. Lo paró bien con el capote, ganándole terreno a la verónica, realizando después un quite por tafalleras Manuel Olivera en su turno y de nuevo Carlos, vista la fortaleza de su oponente, toreó por chicuelinas con las manos altas. Tras cambiar el tercio con un solo par, Carlos brindó su faena a su amigo Álvaro Vicario, también alumno de nuestra escuela. Empezó toreando por alto para sacárselo a los medios y darle aire al becerro. Su faena tuvo dos partes, una primera de toreo fundamental y después otra acortando las distancias aprovechando lo que le quedaba al de Torres Gallego. Aunque molestado por el viento, el de La Puebla, se confió y encontró pronto la distancia y la altura del becerro, al que le pegó cuatro tandas, dos por cada pitón e intercalando, logrando ligar los muletazos y torear despacio. Luego, ya cerca de tablas y en la distancia corta, realizó el circular invertido y después siguió con muletazos por los dos pitones, finalizando con un desplante de rodillas antes de ir a por la espada, con la cual emborronó su actuación, en la que perfectamente podía haber tocado pelo. Saludó una ovación desde los medios el cigarrero, que, además de con el viento, sufrió también la frialdad de quien abre plaza.


Pase de pecho de Carlos Fernández al que abrió plaza.
En segundo lugar actuó Manuel Olivero, de la escuela de Sevilla-Amate, que se topó con otro becerro noble y con más raza que el anterior. Brindó al público, y en el inicio por bajo, sufrió un inoportunísimo desarme en el cambio de mano. Empezó bien sobre la derecha con una buena serie, pero, en parte por el viento, su trasteo tuvo altibajos y momentos de desacople y de cierta frialdad, aunque, es importante mencionar que, a pesar de recibir varios porrazos y desarmes, no se vino abajo y lo siguió intentando, con voluntad e improvisación. Con la espada pinchó varias veces, pero acabó dejando una buena estocada que fue contundente, siendo silenciado tras escuchar un aviso.
 
El tercero fue el ejemplar con más cara (que no seriedad), y además de ser muy alegre, tuvo una nobleza fuera de lo normal. Jaime González, de la Escuela Taurina de Écija, tras recibirlo, intentó de forma frustrada realizar el vistoso y dificilísimo quite por zapopinas y entre tanto, Raúl García había realizado un quite por tafalleras rematando con una vistosa larga de pie a la antigua. Brindó al cielo Jaime, y tras iniciar bien por alto, su faena empezó a tomar vuelo en las primeras series, en las que hubo mano baja y disposición. El trasteo se fue desinflando y acabó yendo a menos, matando de un pinchazo hondo soprendentemente fulminante, lo que le valió pasear una oreja. Su faena fue de más a menos, y en ocasiones no llevó al becerro y se mostró algo frío, pero anduvo despejado y dispuesto.
 
Llegados al ecuador de la tarde, el festejo alcanzaría sus cotas más altas en los capítulos cuarto y quinto. Raúl García, de la Escuela Taurina de La Algaba, se colocó de hinojos en los medios para recibir a su oponente a porta gayola en el que sería el punto de inflexión del festejo. El novillo salió con pies y la larga fue limpia, levantándose enfibrado para enjaretarle varias verónicas y una revolera, lo cual provocó los más fuertes aplausos de la tarde, despertando al público. Bueno también fue el quite de Manuel Vera, sobre todo la media con que remató, y de nuevo Raúl, arreó y conectó con el público en un vistoso quite por faroles. Tras un muy buen par de Moisés Quintero "Petichico", Raúl empezó realizando el pase cambiado y enjaretando varios muletazos, arrancando la música y metiéndose al público en el bolsillo. Para su fortuna, el viento le respetó, aunque volvió a aparecer al final de faena, pero podemos decir que cuajó al becerro, que fue el que todos soñamos, con clase, fijeza, nobleza, alegría y gran prontitud. Primero fueron dos series sobre la diestra, dándole distancia, bajando la mano, mandando y templando la embestida, cargando la suerte,


Raúl García toreando al natural al excelente cuarto.
llevándolo largo y poniendo muchísimo gusto en los pases de pecho. Luego cuajó otra excelente serie al natural con el novillo galopando desde lejos, en la que la faena llegó a su punto álgido. Entonces apareció el viento y la siguiente tanda ya no tuvo la calidad de las anteriores, resolviendo después el torero con muletazos y desplantes de rodillas que fueron jaleados. Ya con la espada, realizó manoletinas mirando al tendido y con el público caliente entró a matar en la suerte natural, agarrando media estocada recibiendo al arrancársele el becerro. Pero, aunque estaba en buen sitio, el novillo se amorcilló y tuvo que descabellar en varias ocasiones, lo cual enfrió al público, quedando lo que podían haber sido dos orejas sin discusión en un trofeo con insistente petición de otro. Raúl paseó la oreja como el más feliz del mundo, y hoy recuerdo que el pasado año, también toreó en Camas al que era su primer becerro. Su oponente aquel día fue complicado, le dio un sin fin de porrazos y no consiguió torear como él hubiera querido, pero, agradó al público porque, a pesar de no estar trazando buenos muletazos, jamás perdía la sonrisa ni el ánimo ni las ganas de agradar a quienes estaban en el tendido. Hoy estuvo entregado y conectando con el público desde el primer momento y mostrando su evolución desde el año pasado, pues además se encontró con un novillo sensacional que le permitió expresarse. Probablemente se clasificará para la final de Osuna, para la cual le deseamos toda la suerte del mundo.
 
En quinto lugar, llegó el turno de Manuel Vera, alumno de la escuela de Jerez, el cual toreó con un inconfundible capote de vueltas azules, que le voló especialmente bien en las medias verónicas. Vera realizó una faena importante, solventando al viento y mostrando un oficio y una seguridad que dejan entrever que está toreado. Arreó y estuvo enfibrado y conectando con el tendido, logrando mandar y bajarle la mano al becerro, llevarlo y tocándolo perfectamente, además de haber aguantado también parones y dudas al principio. Remató su actuación con muletazos sobre ambas manos en los que se adornó y le anduvo al becerro con torería y gusto. Finalizó con unas bernardinas muy ajustadas y cambiando el pitón, matando de una fulminante estocada casi entera a la segunda que le valió pasear una oreja.
 
Cerró plaza Antonio Romero, alumno de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, quien sorteó un becerro complicado que volteó a Carlos Fernández, que, en su turno, entró a realizar un quite, aunque, eso sí, se desquitó después con raza y no se imaginan lo importante que es eso para la moral de un torero después de una voltereta. El becerro, que tendía a acostarse, es decir, a embestir por dentro, hubiese requerido otro trato para corregirle el defecto: desplazarlo desde el principio hacia fuera e irle abriendo los caminos. Pero Antonio, no acertó en el planteamiento, y el novillo aprendió enseguida y se orientó cada vez más, volviéndose mucho peor. Romero estuvo voluntarioso y no desistió en su empeño, y aunque su faena no levantó vuelo, no perdió las ganas ni dejó de intentarlo a pesar de que el becerro se le colaba una y otra vez. Aunque se tiró encima y quiso matar, falló repetidas veces, siendo finalmente silenciado.
 
Hasta aquí la historia de lo sucedido en este festejo, en el cual, hemos podido ver a seis becerristas, cada uno con su concepto y su personalidad y que, estoy seguro, ni los que han triunfado han hecho todo lo que les hubiese gustado, todo lo que han entrenado, ni todo lo que tenían preparado. Unos han tenido más suerte y otros no tanta, aunque cierto es que la suerte hay que buscarla, pero, perfectamente, quien hoy ha podido salir enfadado de la plaza, de igual manera, dentro de un tiempo puede salir eufórico, y si no, ahí tienen el ejemplo del propio Raúl García.
 
Por último, me gustaría volver a resaltar la importancia  que tienen estos certámenes, más aún en tiempos en los que se dan muchos menos festejos menores y en los que, los jóvenes toreros, podemos tener una oportunidad de, primero verse anunciado, después de poder torear, rodarse y cuajarse, y por supuesto de empezar a saber lo que es “enfrentarse” a un público. Pero sobre todo, y para mi lo más importante, poder sentirse torero solo con el hecho de disfrutar de hacer el paseíllo y de ponerte delante del animal.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

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