domingo, 5 de junio de 2016

La Tafallera: del Marchenero a Morante

Hace ya varios meses publiqué una entrada sobre la riqueza de la tauromaquia mexicana, evocando la variedad de la misma y la capacidad artística y creativa de sus toreros, ayudados también por el tipo de embestida del toro que allí se lidia.
Son muchísimas las suertes surgidas en México que con mayor o menor frecuencia podemos ver en cualquier tarde, así como la arrucina, la manoletina o la bernardina con la muleta o las gaoneras, saltilleras o tapatías con el capote.
En esta ocasión, he querido dedicar una entrada a un lance que pasé por alto en la anterior y que es frecuente en el repertorio de muchos toreros actuales: la tafallera.
Este lance, también fue creado en México, pero por un torero andaluz, concretamente de un pueblo sevillano. Luis Muñoz Hoyos, natural de Marchena, nació en 1886 y se anunció en los carteles como "El Marchenero". Acerca de su trayectoria y de su vida he podido encontrar pocos datos; pero tirando de hemeroteca, pudimos conocer que, tras debutar en público en 1907, en junio de 1909, es decir, con 23 años, había logrado presentarse en la plaza de toros de Carabanchel, donde se fue de vacío. En 1910, cruzó el charco y emigró a México, lugar donde, al parecer, toreó muchísimo y en el que estuvo al menos durante 1910 y 1911 con muy buen ambiente. Allí, en el país azteca, le llegó la inspiración a "El Marchenero", quien creó esta suerte de capa, la cual es allí conocida también como marchenera.

Tras su expedición mexicana, en 1912 regresó a España precedido de un gran ambiente tras sus triunfos al otro lado del charco, toreando el 2 de junio en La Maestranza y, en 1915, se presentó en Madrid el 15 de agosto, donde realizó el lance de su invención. Según la revista "Palmas y Pitos", en 1915 toreó 27 novilladas, pero leyendo las crónicas, aunque llegó a tener cierta fama, no convenció en Sevilla ni en Madrid ni tampoco en Barcelona, donde también se presentó en 1916.
Lo que el periodista define como "unos lances apretaditos", no son sino las marcheneras.
Extracto de la crónica del debut de "Marchenero" en Madrid de la antigua revista "Palmas y Pitos".

Tengan en cuenta que la carrera de este modesto diestro se desarrolla en los años 10, es decir, en la época de la "Edad de Oro del Toreo", la cual, paradójicamente, es una de las épocas en la que menos festejos se celebraron en España, pues "solo" interesaban Gallito y Belmonte (que superaron el centenar de festejos por temporada), mientras que Rodolfo Gaona (el tercero en discordia) y Rafael "El Gallo" estaban entre las 60 y 70 corridas. Pero, después de esta cabeza del escalafón, había un pelotón de toreros que no pasaban de la decena de contratos, pues las oportunidades y los huecos eran escasos.
Según parece, "El Marchenero" no llegó a tomar la alternativa y murió en el olvido, pero digno es su recuerdo, pues nos dejó como herencia su singular suerte, que a lo largo de un siglo ha ido evolucionando en estética, ejecución, colocación, compás y ritmo hasta llegar a su máxima expresión en el capote de Morante de la Puebla un siglo después.
Retrato de Luis Muñoz "El Marchenero".
Pero, ahora se preguntarán por qué no se la conoce como marchenera y, sobre todo, ¿por qué se la bautizó como tafallera?
Resulta que, aunque esta suerte fue invención del modesto torero de Marchena, quien realmente la dio a conocer fue un famoso matador aragonés: Nicanor Villalta. Este torero había nacido en Cretas (Teruel) en 1897, pero en 1908, su familia emigró a América, concretamente a México. Allí comenzó su andadura taurina, pues además, de niño, compartió aulas y correrías con futuras figuras como Rodolfo Gaona o Juan Silveti.
No se sabe a ciencia cierta si fue porque lo vio torear en la plaza o porque tuvo la oportunidad de entrenar con él en México, pero el caso es que Villalta adaptó la suerte creada por "Marchenero" a su repertorio y la hizo suya. Cuando estalló la revolución en el país azteca, Villalta se fue con su familia a Cuba, pero pronto regresó a España para ser torero, comenzando como becerrista en 1919, en la parte seria de los festejos cómicos como tantos toreros empezaron.

Nicanor Villalta.
Durante su etapa de novillero, tuvo un apoderado con fuerza y tomó mucho cartel tras triunfar clamorosamente en Zaragoza. Se desconoce exactamente el año, y también si fue en sus últimas temporadas de novillero o ya de matador, pero el caso es que Nicanor realizó por primera vez las "marcheneras" en un festejo celebrado en la plaza de Tafalla, centenario coso inaugurado en 1899 y que sigue en activo.
Villalta popularizó esta suerte, a la que se denominó "nicanora", "villaltina" y también tafallera, por haberla realizado por vez primera en esta plaza navarra. Finalmente, tras el paso de los años y el correr de boca en boca, se perdieron los demás nombres y a esta suerte se le quedó el nombre de tafallera.
Además, me gustaría añadir que, Nicanor Villalta, quien tomó la alternativa en San Sebastián en 1922 y se convirtió en un torero muy importante con gran cartel sobre todo en Madrid y en plazas más al Norte, también introdujo algo que fue una verdadera revolución: el derechazo.
Nunca jamás se había montado la muleta con la espada para torear en redondo, aunque sí que se toreaba de esta forma para dar pases de tirón o por alto, pero, algo que hoy lo consideramos como normal y obvio, no llegó hasta que Villalta supo ver más allá y se atrevió a realizarlo en la plaza. Según cuentan, esto trajo al principio cierta incomprensión por parte del público, pero finalmente se acabó asentando para siempre.

El propio Villalta toreando por derechazos. (Blog La Fiesta prohibida)
La ejecución de la tafallera
La tafallera es una suerte de capote en la cual, se sujeta el percal de la misma forma que para dar una verónica, pero lo que se hace es, cruzando las manos, embarcar al toro por el envés del capote, es decir, por el lado que normalmente es amarillo. Tras engancharlo de esta forma, se remata el lance por alto y barriendo el lomo del toro.
Villalta, torero de gran valor, técnica depurada y que tenía obsesión por buscar una buena estética, según cuentan, no era precisamente un portento físico, y sus piernas no eran demasiado ágiles, por lo que solía torear con los pies juntos, aunque esto no siempre le impedía cargar la suerte.
Por tanto, Villalta ejecutaba la tafallera con el compás cerrado y rematando por alto llevando al toro en línea recta.
Las tafalleras no son los lances más profundos ni verdaderamente artísticos, y en muchas ocasiones, pueden no tener demasiado eco en el tendido, sobre todo cuando se hacen sin temple ni mando.
Pero como recurso para no dejar escapar un quite ante un toro sin demasiadas condiciones y pasártelo cerca, pueden ser una gran opción, siempre que se hagan, al menos, con raza y arreando, así como también pueden ser una forma de alcanzar el lucimiento a través de la espectacularidad y por qué no decirlo, también de la sorpresa.

Tafallera con los pies juntos y en línea recta de Javier Jiménez,
realizada el día en que se despidió de novillero en Espartinas.
La tafallera desembocó también en la invención de la cordobina por el mexicano Jesús Córdoba, en la cual se remata por abajo o a media altura en lugar de por alto, adquiriendo el lance una mayor profundidad. No es infrecuente alternar chicuelinas y tafalleras en un quite, o tafalleras con cordobinas o incluso con navarras o delantales.
Cordobina de Alejandro Talavante en la plaza de Zaragoza.
Pero, sin duda, las tafalleras han alcanzado su máxima expresión en el capote de Morante de la Puebla. Al tratarse de un torero de su corte, no parecía que este lance podía encajar en su repertorio, pero, sorprendió a todos cuando las realizó con el más puro clasicismo, primero en Valencia en Fallas de 2014 y de nuevo en La Maestranza en la pasada Feria de Abril, aunque, según he leído ya las había dado en Pamplona en 2009, pero el quite no pudo ser lucido al salirse muy suelto el toro.
En ambas ocasiones las realizó con el toro ya picado y bien ahormado, y enganchando delante la embestida lo llevó muy empapado y con gran despaciosidad y cadencia, rematando por alto como si de un gran pase de pecho se tratase. Esto por supuesto, con gusto, empaque, naturalidad y acompañando y templando la embestida toreando con todo su cuerpo.
Pero, si analizamos ambos quites, observamos diferencias en la ejecución, sin ir más lejos en el compás. En Valencia, Morante las realizó para responder a un tremendo quite por verónicas de "El Juli". Portando el famoso terno naranja, toreó por tafalleras con los pies juntos y sin enroscárselo en exceso, pero componiendo y templando de tal sublime forma, que acabó formando un alboroto tras rematar con una gran media cordobina.

http://pablolr89.com/morante-de-la-puebla-en-valencia/ (Enlace en el que pueden ver el mencionado quite de Morante en Valencia a partir del minuto 5)
 
Sin embargo, el quite que realizó en Sevilla esta Feria fue distinto. En esta ocasión, no era su toro, sino que éste correspondía en suerte a Perera y Morante ejerció su derecho tras el cambio de tercio.
Fueron tres tafalleras toreando con todo el cuerpo y con el mismo sentimiento que en Valencia, pero esta vez no fueron a pies juntos sino a compás abierto, cargando la suerte y alargando el viaje del toro imprimiendo profundidad y hondura al lance, rematando con una media verónica de las que hacen saltar las lágrimas.
 
En la pasada Feria de Abril, las tafalleras, que nacidas de la inspiración de un modesto diestro de principios del siglo pasado y que empezaron siendo un lance espectacular y con capacidad para sorprender, alcanzaron su máxima expresión en la ortodoxia, el clasicismo y la eternidad del capote de Morante de la Puebla: un siglo después de que "El Marchenero" nos las dejara como herencia.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

No hay comentarios:

Publicar un comentario