domingo, 23 de abril de 2017

Becerrada de selección en Camas

(Aún pendiente de ser completada con fotografías)
Hoy, domingo 23 de abril de 2017, se celebró en la plaza de toros de Camas, la tercera becerrada de selección del certamen en el que colabora la Junta de Andalucía con el objetivo de promocionar los nuevos valores de las escuelas taurinas andaluzas. Este certamen, que además tiene como premio gordo para el ganador el de la clasificación directa (sin pasar por la criba de los tentaderos de selección en "Cortijo Arenales") para las novilladas televisadas de Canal Sur del próximo año, supone una gran oportunidad para todos los becerristas, no solo por ese premio gordo, sino por ofrecer la posibilidad de anunciarse, que su nombre suene y por supuesto de ser visto.
Antes de comenzar con la crónica, quiero recordar que estos festejos son necesarios, pues todos los matadores de toros fueron un día becerristas y maletillas en busca de un sueño, y con carencias técnicas que se deben suplir con las ganas y la ilusión. Por lo tanto, no podemos ser muy duros con quienes llevan tan poco tiempo en esto.
 
Con casi lleno en los tendidos y con cuatro minutos de retraso, los seis actuantes hicieron el paseíllo, todos ellos sombrero en mano excepto Mariano Fernández, quien como alumno de la Escuela de Camas, ya sabía lo que era torear en esta plaza en dos ocasiones en la Feria de septiembre.
Los seis aspirantes sortearon ejemplares de la ganadería de Millares, vacada onubense que lleva por separado tres líneas bien distintas como son Jandilla, Núñez y Atanasio. Ciertamente, desconocemos a cual de las líneas pertenecían los astados, aunque probablemente hubiera becerros de varias de ellas. En cualquier caso, los ejemplares estuvieron bien presentados, sin exageraciones pero con el cuajo acorde a la categoría del festejo. De ellos hemos de decir que, en líneas generales, salieron alegres, con calidad, movilidad y dieron posibilidades reales a los becerristas.

La siempre difícil labor de abrir plaza la llevó a cabo Antonio Javier Abad, de la Escuela Taurina de Córdoba, quien se las vio con un ejemplar realmente excelente, para hacer el toreo soñado. Con el capote anduvo correcto y seguro, tanto en los lances de recibo al primero como en su buen quite por chicuelinas al último. Abad estuvo afanoso y sereno, sin embargo, no se puede pasar por alto el que no aprovechó a tan buen ejemplar pues sufrió multitud de enganchones, hubo demasiados muletazos sin mando ni temple, tirones y sobre todo demasiados pasajes sin verdadero ajuste. Con la espada estuvo también muy desafortunado; no obstante también es justo mencionar que sobre ambas manos logró muletazos de mano baja y despaciosos y fueron buenos los muletazos ayudados por bajo hacia dentro con los que cerró su faena.

En segundo lugar, llegó el turno de Pablo Páez, perteneciente a la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, cuyo becerro, aun con su tendencia a acostarse un tanto, también le permitió desplegar su toreo. De capa, tras pararlo, acabó por templar al ejemplar y por pegarle dos lances encajado que remató abrochando dos medias con mucho gusto, mientras que al primer novillo le había recetado un quite por saltilleras. Páez, que se presentaba a este certamen por tercera vez dio muestras de su gran evolución y sobre todo de una gran disposición. Comenzó con el pase cambiado en los medios la que sería una faena de menos a más. Pablo pronto encontró el sitio del becerro, a través de la técnica le marcó el camino para tratar de corregirle su tendencia a acostarse y lo acabó dominando pudiéndole, aunque a final de faena, por exceso de confianza o pérdida de respeto casi que se dejó pegar varias volteretas. Primero con la diestra y luego con la zurda, colocándose en la distancia corta y en ocasiones escondiendo un tanto la pierna de salida aunque sin perder verdaderamente la profundidad, recetó muletazos de mano baja, dejándosela muerta en la cara y tirando con temple y encajado en los riñones. Media estocada caída tuvo efecto fulminante y le permitió pasear merecidamente las dos orejas.
 
Pablo Páez toreando sobre la zurda al segundo de la mañana.
Luego actuó con otro buen añojo Manuel Osuna, de la Escuela Taurina de Écija, quien también tuvo una actuación importante. Su labor fue todo entrega, con la que suplió las carencias que pudiese tener. Toreó con una muleta pequeña, haciendo el toreo clásico, de mano baja y profundidad y manteniendo en todo momento la intensidad, siendo largas las series y con diversidad de remates como trincherazos, molinetes y pases de pecho de rodillas entremezclados con el toreo fundamental. Casi entera pero en perfecto sitio, la estocada tuvo efecto fulminante y a sus manos también fueron a parar con justicia las dos peludas.
 
En cuarto lugar llegó el momento de Manuel Romero, de la Escuela Taurina de Sevilla-Amate, cuyo novillo tuvo más teclas que tocar. Recorrido más corto, embestida por dentro y con genio, sin embargo era pronto y obediente a los toques. En muchas ocasiones se le vio nervioso y sufrió muchos enganchones y achuchones, pero logró ligar los pases estando dispuesto y voluntarioso. Acabó cortando una oreja, sin embargo, tampoco podemos obviar en este caso el hecho de que en ocasiones se le vio como con ganas de acabar, sin ir más lejos en la vuelta al ruedo a ritmo vertiginoso y también en gran parte de los muletazos, aunque mostró buena estética, perdía el paso antes de vaciar, es decir, se quitaba sin descaro antes de acabar. Seguro que puede dar mucho más de sí.
 
El quinto capítulo corrió a cargo de Mariano Fernández Torrejón, joven de Coria del Río y perteneciente a la propia Escuela Taurina Municipal de Camas, a quien cupo en suerte un ejemplar de mucha calidad pero mucho más justo de fuerza que sus hermanos. Desde el comienzo a porta gayola dejó claras sus intenciones, y continuó arreando en el recibo capotero a pesar de que le arrancase el percal. Su faena tuvo el perfecto equilibrio entre serenidad y fibra, una mezcla muy difícil de igualar. Toreó Mariano con gran temple arrastrando la muleta con la zurda, encajado en los riñones y quedándose para ligar. También hemos de mencionar que en ocasiones, por sus ganas acabó agobiando al becerro atacándole encima. Sin embargo, Mariano nos regaló los muletazos más lentos de la mañana y tampoco faltaron los entregados pases de rodillas. Tras un pinchazo, una estocada defectuosa hizo doblar al becerro y de forma igualmente merecida, le fueron concedidas las dos orejas.
Mariano Fernández Torrejón en un pase de pecho al quinto becerro.
Cerró plaza Antonio Manuel Carbonell, alumno de la Escuela Taurina de La Algaba, quien sorteó un castaño con presencia y con complicaciones. Aunque verdaderamente no acabó de despertar y estuvo muy frío, mostró actitud recibiendo con una larga cambiada de rodillas y estando voluntarioso a lo largo de su faena, en la que sufrió varios achuchones y porrazos de los que se recompuso; sin embargo, el trasteo no fue digno de mención, pues no tuvo la enorme disposición de sus compañeros de cartel. Finalmente, mostró que la suerte suprema es uno de sus puntos fuertes y su contundencia estoqueadora le permitió cortar una oreja.
 
Como broche del entretenido festejo, los triunfadores Pablo Páez, Manuel Osuna y Mariano Fernández salieron en hombros. Aún quedan otras dos becerradas por celebrarse, las de Motril y Sanlúcar de Barrameda y de los 30 participantes, solo seis se clasificarán para la final del próximo 12 de mayo en la plaza de Osuna.
 
Para finalizar, y como ya he hecho en otras ocasiones, me gustaría volver a resaltar la importancia  que tienen estos certámenes, más aún en tiempos en los que se dan muchos menos festejos menores y en los que, los jóvenes toreros, podemos tener una oportunidad de, primero vernos anunciados, después de poder torear, rodarnos y cuajarnos, y por supuesto de empezar a saber lo que es “enfrentarse” a un público. Pero sobre todo, y para mi lo más importante, poder sentirse torero solo con el hecho de disfrutar de hacer el paseíllo y de ponerte delante del animal.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)
 

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