domingo, 16 de abril de 2017

Domingo de Resurrección 2017: Toros de Núñez del Cuvillo para Morante, Manzanares y Roca Rey

(Las fotografías han sido tomadas de los portales taurinos aplausos.es y mundotoro.com)

Hoy, domingo 16 de abril, comenzaba por fin la temporada 2017 en La Maestranza, en tan emblemática y prestigiosa fecha como es la del Domingo de Resurrección.
Para la cita se había anunciado un cartel de verdadero relumbrón con dos figuras y un joven matador llamado a serlo. La terna estoqueó una corrida de un hierro de prestigio y de predilección de muchos toreros como es el gaditano de Núñez del Cuvillo.
La corrida, por la fecha, por el cartel y por supuesto por la plaza tenía todos los alicientes posibles, y por ese motivo, se colgó el cartel de "NO HAY LOCALIDADES PARA HOY" en la taquilla, lo cual, ya de por sí era un gran éxito. Sin embargo, por desgracia, se acabaría cumpliendo el maldito dicho de "Corrida de expectación: corrida de decepción". 
Con unos cinco minutos de retraso, para que la saturación de entrada de público pudiera ser sofocada, sonó el primer cerrojazo de la temporada en La Maestranza, haciendo el paseíllo Morante de la Puebla, José María Manzanares y Andrés Roca Rey. Bien estuvo Sevilla guardando un minuto de silencio en memoria de Manolo Cortés, Pepe Ordóñez y Adrián Hinojosa, fallecidos recientemente.

La corrida del hierro gaditano estuvo bien presentada, pero dio poco juego en conjunto a consecuencia del denominador común de la falta de fuerza, de raza, de motor, de fondo y de casta. Sin que los ejemplares estuvieran visiblemente acochinados, la báscula nos indicó que a los ejemplares les sobraron kilos. Casualmente, el único toro potable fue el quinto, el de menos peso de los seis. Los toros que suelen embestir de esta ganadería y de la mayor parte, son los que rondan los 500 kilos. Recordemos por ejemplo al gran "Arrojado", toro de exactamente media tonelada. Pero, cuando se confunde romana con trapío y se exigen toros con alto pesaje y al mismo tiempo no se tiene caja ni motor para albergar ni mover esos kilos, podemos acabar llevándonos fiascos ganaderos como el de hoy.
Morante lidió en primer lugar a un ejemplar manso, con tendencia a la huida pero toreable. Logró romper la tarde con buenos lances de salida y su faena de muleta fue una lección magistral. Comenzó arqueando las piernas, pudiendo, llevando toreado, templando y sujetando al toro, para luego recetarle dos series sobre la diestra en las que hubo varios muletazos verdaderamente profundos, puros, hondos y muy por abajo, que seguramente fueron lo mejor de toda la tarde. El toro ya tenía poquito más y aunque siguió intentándolo con oficio y voluntad, acabó cogiendo la espada, con la que emborronó su torera labor, pues el toro se le acabó poniendo muy difícil para entrar a matar. Por ello fue silenciado tras escuchar un aviso.
Derechazo de Morante al primero de la temporada.
Al tercero, toro de Roca Rey, le dejó un buen quite por verónicas de manos altas y capote cerca de la esclavina, rematadas con una despaciosa media por el lado izquierdo, a las que el peruano respondió con un quite escalofriante por saltilleras cambiando varias veces el pitón antes del embroque.
Media verónica de Morante en su turno de quite al tercero.
Con el cuarto, se volvió a mostrar el torero de La Puebla muy firme, valiente y maduro. Aunque el ejemplar nunca llegó a romper, lo lidió con primor y acabó hilvanando, más que ligando, series de gran estética y templanza, no siempre de mano baja por la escasa fortaleza del toro, pero robando muletazos de gran oficio y sentido del temple citando desde la cadera. Precioso fue el inicio por alto y soberbios varios derechazos, naturales y remates, así como torera siempre su forma de torear sin toro.
Fue buena la estocada y justa la ovación que saludó. Ilusiona Morante, que seguro nos regalará momentos para el recuerdo esta temporada a poco que los toros le ayuden.
Natural de Morante al cuarto.
Manzanares se topó en primer lugar con un toro apagado y desfondado, que incluso llegó a echarse en mitad de faena. Trasteo sin brillo que finalizó de forma soberbia, con una gran estocada de efecto fulminante. Lo mejor con este toro llegó con el capote, pues Roca Rey quitó en su turno por chicuelinas de gran conexión y José María le dio la réplica por el mismo palo realizándolas al estilo de las "alicantinas" de mano baja de su recordado padre.
Soberbio natural de Manzanares ciñéndose con el quinto.
Mientras tanto, su segundo fue el único potable del encierro, un ejemplar colorado salpicado y chorreado que tuvo calidad y alegría, aún siendo mirón y faltándole fijeza y entrega. Manzanares no lo exprimió desde el principio, pues las primeras series sobre la diestra, aunque ligadas y componiendo maravillosamente, no tuvieron ajuste ni pureza y hubo demasiados enganchones. Sin embargo fue de menos a más, y resultaron excelentes las series de naturales que luego vinieron.
Toreó el alicantino con el extraordinario paso adelante en su toreo al natural que vimos por primera vez en Las Ventas cuando reventó la plaza la última Feria de San Isidro con el toro "Dalia". Plantas absolutamente asentadas, sin levantar el talón en ningún momento, basando todo en la cintura y la muñeca, enganchando con suavidad y acompañando con naturalidad y gusto. Toreando así arrancó a la música y al público, y finalizó de nuevo sobre la diestra con una serie entregado en la que sorprendió iniciando con un pase cambiado. Le hubiesen pedido la oreja, pero un pinchazo precedió a la buena estocada, levantando además el puntillero al ejemplar de Cuvillo. Saludó una justa ovación del público, aunque perfectamente también podía haber dado la vuelta al ruedo.
 
 
Roca Rey estuvo a la altura de tan importe cita y cartel y estuvo entregadísimo toda la tarde, pero por más que expuso sus toros no le acompañaron.
Su primero fue un melocotón al que dejó sin picar, pero aun así no tuvo fuelle ni fortaleza a pesar de su calidad. Con este ejemplar tuvo lugar el mencionado pique en quites y el peruano brindó al público su faena, que empezó con un pase cambiado y continuó sobre la diestra, mostrándose muy fácil, firme y seguro. Tras ponerlo todo en unas primeras series que no tuvieron la conexión deseada a pesar de su ligazón y su gran ajuste, Roca Rey se pegó un arrimón tremendo, dejándose llegar los pitones a la barriga entre muletazo y muletazo. Finalizó de gran estocada y saludó una merecida ovación.
El diestro peruano en el arrimón final ante su primero.
Con el sexto solo logró brillar de capa en un recibo por verónicas primero de pie y luego de rodillas que remató de una ceñida larga cambiada. También lo dejó sin picar, más aún tras la fuerte vuelta de campana que sufrió el ejemplar, y volvió a exponer y arrimarse con entrega en la faena de muleta. Aunque el toro se acabó venciendo, quedándose corto y acostándose, el peruano no cesó en su empeño y lo intentó por todos los medios, acabando por ser pitado por quienes estaban ya absolutamente frustrados. Mató de estocada tras pinchazo y fue aplaudido.
Derechazo de Roca Rey al tercero.
Hasta aquí lo acontecido en esta primera corrida de la temporada en La Maestranza, en la que, a pesar de la decepción, quedan para el recuerdo unos muletazos profundos y unas lidias toreras y magistrales de Morante, unos naturales de zapatillas clavadas de Manzanares y la entrega absoluta de Roca Rey.
Mario García Santos (@mario_garsan)

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