martes, 11 de abril de 2017

Real Venta de Antequera: Historia y presente de un lugar emblemático de Sevilla

La Real Venta de Antequera es un lugar célebre de Sevilla, más concretamente del barrio de Bellavista. Sin embargo, a pesar de que es reconocida por su solera y como un lugar con mucha historia, poco conoce de ella el gran público más allá de que en un tiempo lejano se exponían allí los toros que más tarde saltaban a La Maestranza. Con la publicación de esta entrada, simplemente tengo el pretexto de relatar lo que ha sido la historia y la importancia de este enclave, así como el presente y ciertas singularidades que posee.
 
Como es sabido, antaño, el traslado de los animales del campo a la plaza, ante la inexistencia de medios apropiados, se realizaba a pie. A caballo, los vaqueros y mayorales partían con toros y cabestros transitando por las cañadas y veredas, viaje que se prolongaba durante días, semanas e incluso varios meses, por ejemplo cuando una ganadería de Andalucía lidiaba en una plaza del Norte como Bilbao o Pamplona. Para ello, por supuesto, existían también lugares de hospedaje para hombres y animales para hacer escala durante tan largo y laborioso camino.
Estos románticos trayectos, que a menudo ocasionaban hechos increíbles y anécdotas insólitas que bien merecerían un capítulo a parte, a su paso por municipios despertaban gran júbilo y curiosidad entre las gentes, siendo éste uno de los orígenes de los encierros y demás tradiciones populares.

De esta forma, muchas urbes con ferias taurinas de importancia, disponían de dehesas a las afueras en las cuales se recogía el ganado que llegaba por las veredas para luego lidiarse en la plaza. Más tarde, una vez se hubieran repuesto, poco antes de la lidia eran trasladados hasta los corrales del coso, lo cual se realizaba por las mismas calles de la ciudad, siendo éste el origen de los encierros a gran escala como el de Pamplona, hoy ya no concebidos como una forma de transporte sino como un gran espectáculo y una fiesta que gira alrededor del toro.

Estos cercados, corrales o particulares dehesas situados a las afueras, no eran ni mucho menos concebidos para la entrada de público sino como lugares de recogimiento y hospedaje de los toros tras tan largo viaje, del cual se reponían antes de que llegase la lidia. Sin embargo, precisamente en nuestra Sevilla, teníamos el famosísimo paraje de "Tablada", situado al otro lado del río y lugar de
Imagen de archivo, tomada del blog Triana en la Red, que capta
una entrada de toros y cabestros a "Tablada" en el año 1915.
gran fama y concurrencia de aficionados. Desde "Tablada", los toros eran transportados a La Maestranza como digo, a pie y arropados por los cabestros, en marchas dirigidas por los vaqueros y por las propias autoridades del orden. Lógicamente, en más de una ocasión el escape de un toro sembró el pánico en las calles sevillanas, aunque esa es otra historia.

Por cierto que "Tablada" era también escenario de andanzas nocturnas de los aspirantes a toreros, como bien narra Manuel Chávez Nogales en la biografía del mismísimo Juan Belmonte.

Sin embargo, la llegada del ferrocarril a España cambió radicalmente la forma de transportar ganado. Así, éste se introdujo a finales del siglo XIX suponiendo un enorme avance. De esta forma, los animales se encajonaban en la ganadería y eran transportados hasta la estación en carros tirados por bueyes o equinos. En tren se realizaba la mayor parte del viaje y una vez se bajaban los cajones de éste, eran transportados igualmente en carros hasta los corrales de la plaza. Como efeméride, hemos de mencionar que el primer traslado en cajón de un toro se realizó hasta la pionera Barcelona en julio de 1863. Más tarde, el camión acabaría sustituyendo paulatinamente al tren, hasta el punto de que hoy ya rara vez se utiliza éste para transportar los animales.

Imágenes perteneciente a la posguerra, cuando ya los cajones eran transportados de la estación a la plaza en camioneta.
Así, en el caso de Sevilla, la Venta de Antequera, por su proximidad a la estación de tren de Los Merinales, acabó sucediendo a "Tablada" como morada de los ejemplares que más tarde se lidiarían en La Maestranza.
La Venta de Antequera debe su nombre a su fundador, D. Carlos Antequera, mozo de espadas del afamado matador sevillano de finales del XIX y primeros del XX Antonio Fuentes.
Tras retirarse el señor Antequera y hacer dinero con una bodega, adquirió unos terrenos donde fundó en 1916 la primitiva Venta de Antequera, muy cercana al Estadio del Real Betis, al final del Paseo de la Palmera.  Allí daba la vuelta el tranvía y proyectó un lugar para el descanso de viajeros en dirección a Sevilla.
 
Sin embargo, más tarde, llevó a cabo un proyecto más ambicioso e importante, construyendo una nueva Venta en su actual ubicación y para ello, fue capaz de involucrar a los más importantes bodegueros de Jerez como los González Byass, Domecq, Osborne, Marqués de Mérito, Garvey o Agustín Blázquez para que construyesen pabellones-anuncio alrededor de los corrales.
Cada pabellón tuvo distinto estilo, destacando la enorme figura del clásico "Tío Pepe" del de González Byass (hoy ya desaparecida) y en sus acabados se emplearon materiales típicos del movimiento regionalista siendo importante la aportación genial del ilustre maestro ceramista Enrique Orce Mármol, autor de azulejos que son verdaderas obras de arte como el que vemos en la imagen inferior.
Parece ser que su construcción se llevó a cabo entre 1927 y 1929, llegando su período más ilustre con la Exposición Iberoamericana de 1929, cuando tras ser remodelado, el enclave se terminó por convertir en el Pabellón de las Tierras del Jerez.
Fue en estos años cuando la Venta de Antequera labró su prestigio, pues no solo se construyeron unos magníficos corrales para albergar las corridas, sino que se convirtió en un lugar de concurrencia de las más importantes personalidades de todos los ámbitos, un icono absoluto de Sevilla y un referente en el mundo taurino y cultural.
Imagínense la importancia que ésta llegó a tener que albergó un hecho histórico en 1927, el de la primera reunión de los autores de la por ello llamada "Generación del 27", reunidos como homenaje a Luis de Góngora y encabezados por el grandioso torero y personalidad polifacética como fue Ignacio Sánchez Mejías, considerado un miembro más de esta irrepetible generación.
Los sevillanos, aficionados o no, acudían en temporada para presenciar los toros que luego saltarían al ruedo, extendiéndose las colas a lo largo de la carretera y abarrontándose las instalaciones del recinto.
Pero para profundizar más aún, parece oportuno rescatar un fragmento que he hallado en la hemeroteca digital de Castilla y León, perteneciente a una revista sevillana del año 1928, que hace un análisis de cómo se presentaba la temporada aquel año en La Maestranza y dedica el siguiente fragmento a la Venta de Antequera, leyendo el cual, nos podemos hacer también una idea de la magnitud que alcanzó el enclave:
 
"Uno de los primeros espectáculos con que nos obsequia la incomparable primavera en Sevilla, es el encierro en la Venta de Antequera, cosa interesantísima y que es observada con admiración por extranjeros y con verdadera complacencia por los ya habituados a presenciarla. Conduciendo el ganado la víspera de las corridas de Feria a los corrales de la citada venta, en que queda expuesto, toman parte gran número de ganaderos andaluces, aficionados a las faenas de campo, y bastantes aristócratas, habiendo figurado a veces como garrochistas S. A. la Infanta, la Duquesa de Santoña y otras personalidades. De su colorismo, de la nota alegre y campera que en la típica venta pone el encierro, nada que no sea presenciarlo puede dar idea de ello, y es enorme acierto que los corrales se hayan situado en un sitio que pueda dominarse desde las mesas de la venta, mientras se degustan unas sabrosas tapas y brilla bajo el sol de la primavera andaluza el oro de los embrujados vinos de Jerez y Sanlúcar.
La Real Venta de Antequera, es sin duda alguna el rincón más pintoresco de todos cuantos cuenta la incomparable Sevilla."
 
Al parecer, aunque desconocemos durante cuántos años, se realizaba lo que en este fragmento se describe como encierro, el traslado desde el cercano y no menos famoso Cortijo el Cuarto hasta los corrales de la Venta de Antequera, trayecto imposible de realizar en el presente, pues todo lo que entonces era campo (como pueden apreciar en las imágenes inferiores que ilustran el artículo anterior) hoy es suelo urbanizado. En este encierro acompañaban a los toros personalidades muy importantes a caballo como bien es descrito en el artículo.

Por si fuera poco, sobre el 1930, con la visita del monarca Alfonso XIII, quien quedó absolutamente maravillado por la belleza, la solera y todo lo que representaba el lugar, le fue otorgado el título de "Real". Es más, aunque hoy se la conozca como la Real Venta de Antequera, en revisteros de los años 40 y 50 se la menciona como la "Venta Real, antes Venta de Antequera".

Tras la Guerra Civil, la Real Venta de Antequera continuó teniendo renombre y siendo un punto clave en el orbe taurino, tanto por la llegada de los toros como por las reuniones y eventos que en ella se realizaban, así como un lugar que albergaba celebraciones de grandísima importancia como han sido las bodas de celebridades pertenecientes o no al mundo del toro.
Corrida del Duque de Veragua en los cercados de la Venta de Antequera en 1928.
En 1962, se comenzó el proyecto de construcción para dotar también de una plaza a La Real Venta. Así, fue eregida una plaza de ruedo circular, sin callejón, pero provista de burladeros, gradas, corrales e incluso túnel de cuadrillas. Una plaza bonita y sencilla con detalles cuidados, pensada para realizar tentaderos, capeas y becerradas debido a sus pequeñas dimensiones. En esta plaza es sabido que se celebraban, en marco festivo, capeas con aficionados e incluso con extranjeros a modo de divertimento, pero por supuesto, en ella tuvieron lugar tentaderos con absoluta seriedad y solera en los que tenemos constancia participaron figuras del toreo de la talla de Pepe Luis Vázquez o Antonio Bienvenida e igualmente, hubo un tiempo en que se realizaban en ella los tentaderos de selección para las tradicionales novilladas sin picadores que se celebran las noches de verano en La Maestranza, para los que se disponían vacas de imponente presencia.

La plaza de la Real Venta de Antequera en la actualidad.
Sin embargo, todo apogeo acaba decayendo, en este caso por diversas circunstancias como el descontento de los ganaderos ante el riesgo de que se malograsen los toros en los viajes o que, según revisteros de los años 60, por los motivos que fueran, el cuidado de la Real Venta era desastroso y reflejo de su situación.
Así, en el año 1967, hallamos en la revista El Ruedo una escueta noticia que comenta las conversaciones que está manteniendo la empresa de La Maestranza con D. Antonio Ruiz de Alda, hijo político de Ignacio Sánchez Mejías, para exponer las corridas a lidiar en La Maestranza en la cercana y famosa finca "Pino Montano", pues, según expresa claramente, La Real Venta de Antequera va a desaparecer debido a las obras de la carretera Sevilla-Cádiz.

Recorte de la Revista El Ruedo, que en marzo de 1967 da por hecha la inminente demolición de la Real Venta de Antequera con motivo de las obras que se realizan en la carretera de Sevilla a Cádiz.
La forma en la que se evitó su demolición es desconocida y parte de ese secretismo tan propio de las historias que no ocurren de cara al público. El caso es que a primeros de los años 70, tras haber pasado en todos esos años por multitud de dueños, fue adquirida por el constructor y ganadero de bravo D. Gabriel Rojas, quien logró su revitalización, recuperando la exposición de los toros en 1974.
Fuera como fuere, parece ser que la última corrida que se expuso en tan emblemático lugar fue una de Miura y que tomó carácter de verdadero acontecimiento, pues Juan Antonio Ruiz "Espartaco" hizo la gesta de la lidiarla en solitario en la Feria de Abril de 1987.
Trincherazo de "Espartaco" la tarde en que estoqueó en solitario la corrida de Miura en La Maestranza.
La Real Venta acabó cayendo en el olvido, llegando a ser abandonada durante aproximadamente una década e incluso a estar a punto de ser vendida para construirse un supermercado, lo cual afortunadamente nunca se llegó a materializar. No obstante, en 2012 pasó a manos de la sobrina de D. Gabriel, Dña. Dolores Rojas y al marido de ésta, D. Daniel de la Fuente.
Ambos, junto con la empresa Arrendalusa se propusieron devolverle el prestigio a tan emblemático lugar y en 2013 iniciaron el proyecto de restauración y recuperación de todo el conjunto formado por pabellones, jardines, corrales y por supuesto la plaza de toros. Así, tras dos años, lograron la impagable tarea de volverla a dejar hermosa y de esta forma organizaron una reinauguración por todo lo alto.
Tuvo lugar el 13 de noviembre de 2015, día en el que se realizó un tentadero a cargo de Pepe Luis Vázquez y Eduardo Dávila Miura, que torearon dos vacas de las ganaderías de Hnos. Sampedro y Vázquez Gago, teniendo lugar también un espectáculo ecuestre y la correspondiente celebración.
Además, el ganadero D. Fermín Bohórquez tuvo el gesto de ceder tres imponentes ejemplares, que fueron expuestos en uno de los corrales.
Pepe Luis Vázquez con enorme naturalidad y poso, torea a la vaca de Hnos. Sampedro
el día de la reinauguración de la Real Venta de Antequera. (aplausos.es)
Desde antes de la reinauguración, el Club de Aficionados Prácticos está entrenando en sus instalaciones y desde hace un mes, también, la Escuela de Tauromaquia de Sevilla ha trasladado su sede a La Real Venta de Antequera.
La intención de los nuevos propietarios es luchar porque vuelva a ser un lugar de gran importancia en Sevilla y vinculado al mundo del toro. Es por ello que, tanto a través de los aficionados prácticos como los alumnos de la escuela, simplemente con hacer nuestros entrenamientos allí damos a tan emblemático lugar el ambiente taurino que ya de por sí posee. Y sobre todo, este ambiente surge de la celebración de tentaderos públicos a modo de clases prácticas que la Escuela de Tauromaquia de Sevilla tiene previsto realizar periódicamente, como ya se hizo el primero el pasado sábado 1 de abril.
 
 
Cómo expresó en una entrevista radiofónica el señor De la Fuente, el objetivo que tienen sería recuperar la Real Venta en todo su esplendor y volver a traer las corridas de la Feria de Abril a sus corrales, pero se ve muy complicado que empresarios, ganaderos, veterinarios y autoridades den el visto bueno y pongan de su parte para ello.
Igualmente, el simple hecho de haberla remodelado, reinaugurado y estar luchando por volverle a dar ambiente taurino con nuestros entrenamientos y con la celebración de tentaderos ya debe ser motivo de orgullo para quienes han luchado por ella con gran respeto y amor a la Fiesta.
 
Sin embargo, todos los aficionados pensamos lo mismo ¡qué bonito sería ver allí los toros de nuevo! Sería precioso recuperar la tradición, pero recuperar algo décadas perdido es tarea muy complicada.
Pero no es el simple hecho de llevar unos animales a un recinto, es lo que ello supondría. Recordemos que los toros no hay que defenderlos, hay que enseñarlos y exponer los ejemplares en un entorno urbano público es trasplantar un pequeño trozo del bellísimo campo bravo a la ciudad.
La Real Venta de Antequera era un símbolo a nivel internacional, un punto de encuentro de aficionados al toro y sobre todo, el lugar de nacimiento de muchos nuevos. Así, quienes jamás hayan visto un toro de cerca simplemente podrían hacerlo, admirar su grandeza, su fortaleza, su imponente anatomía y su mirada penetrante y profunda.
De esta forma, muchos quedarían cautivados y se comenzarían a aficionar a este mundo o al menos a respetar a quien lo siente y a quien se pone delante.
Esfuerzos así deben hacerse mutuamente, por el bien del TOREO y por crear afición.
Mario García Santos (@mario_garsan)

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