domingo, 18 de junio de 2017

Gloria a los toreros

Esta entrada la tenía guardada como borrador en blanco, solo con el título y fechada el 9 de julio de 2016. Aquel día, como a todo el mundo del toro y a cualquier persona con un poco de humanidad, la muerte de un TORERO, de Víctor Barrio, en la arena de Teruel me había producido una inmensa tristeza y una conmoción de la que tardamos mucho en reponernos y en asimilarla.
Aquel día había estado viendo la corrida de Pamplona, una corrida de José Escolar, al final de la cual, David Casas, con una profesionalidad digna de admiración, nos dio la noticia conteniendo las lágrimas mientras sus compañeros del Plus se derrumbaban.
Tras semejante mazazo no se me ocurrió otra cosa que salir a dar un pequeño paseo. Ahí reflexioné, lo digerí y decidí escribir mi pequeño homenaje cuando llegase, pero me resultó absolutamente imposible. No encontraba palabras que alcanzasen a homenajear, a cantar ni a relatar algo tan trágico y a la vez tan grande y esta entrada quedó en blanco con la esperanza de poderla escribir algún día en que fuese capaz de hacerlo.
Y aquella tarde, mientras caía la noche, subí a mi azotea para torear de salón con seriedad máxima y tratando de no pensarlo constantemente y de entrenar con la misma ilusión que siempre. No hay mayor homenaje que algún día brindar una faena y seguir persiguiendo el sueño recordando su ejemplo.
Iván Fandiño con "Podador" de Cuadri.
Pero el mazazo de hoy ha podido ser aún mayor por ser alguien a quien no solo admiraba profundamente desde hace años, sino alguien con quien además tuve la oportunidad de compartir un tentadero hace poco más de un año.
Aquel día tanto de forma consciente como sin saberlo, me marcó profundamente por la forma en la que me trató el Maestro y me marcó el camino a seguir con su ejemplo.
Fue en la ganadería de Aguadulce, donde el Maestro fuese a tentar concretamente en febrero de 2016. Una de las vacas desarrolló la complicación de acostarse bastante pero teniendo recorrido, y tras estar él tremendamente fácil y no excesivamente mucho tiempo, me permitió salir. Dadas mis enormes carencias técnicas entonces y el no saber ver ese defecto tan natural y magistralmente solventado por el matador, no tardé en acabar en el suelo en el tercer muletazo viéndome cogido siempre. Y él me dijo algo así como "un animal con los cuernos cortados lo más que te va a hacer es darte una paliza, ¿a qué le temes? El que de verdad hace daño es el toro." Pero antes de permitirme volver, me explicó cómo la clave estaba en abrirla al embarcarla y, después de esto, logré pegarle varios muletazos a aquella vaca.
Una vez ya devuelta, Iván fue a buscarme y me dijo "chaval perdona si me he pasado porque estás muy muy verde y te he arreado, pero es que esto es así, todos los días y si no mira por ejemplo a José Tomás, que está rico podrido y cada vez que torea se arrima como si no tuviese nada."
 
Iván Fandiño como todos sabrán era vasco, de un pueblo llamado Orduña, y si difícil es ser torero en una región donde hay ferias y ganaderías, más aún lo es en una zona como el Norte, donde aunque también hay gran tradición taurina, arrancar una carrera como torero es una labor altamente difícil.
Por ello, para su aprendizaje y rodaje tuvo que trasladarse por toda España, sobre todo por zonas donde proliferan capeas, donde se vive la más absoluta dureza, así como por supuesto en las zonas ganaderas por excelencia.
Iván salió adelante y se curtió en tan dura escuela, debutando con picadores en 2002 y tomando la alternativa en Bilbao en 2005, pero su carrera tardaría varios años en arrancar, siendo muy contadas las oportunidades, en las que siempre salía a cara o cruz e incluso rozando la temeridad, como cuando entró a matar sin muleta en Bilbao a un toro de Torrestrella. Luego su carrera comenzó a levantar vuelo cuando en 2009 triunfó en Bilbao cortando una oreja a un toro de La Quinta y sus actuaciones a lo largo de esa temporada en Las Ventas, donde sin cortar orejas, caló en la afición. Madrid sería su plaza, la que vería sus más grandes actuaciones y la que le lanzaría.
Iniciando su faena a "Malicioso" de Fuente Ymbro.
Luego no se me olvidarán las grandes actuaciones que tuvo en 2011 como fueron la faena del pantalón vaquero al toro de El Montecillo o su emocionantísimo encuentro con el bravo "Podador" de Cuadri, ambos en Las Ventas.
Tampoco en 2012 aquel mano a mano con David Mora con "victorinos" en La Maestranza, ni su encerrona en Bilbao, una gesta que regaló a la afición y además donando sus honorarios a causa benéfica y a penas un mes después, otra encerrona en Valencia en la que aceptó el reto de torear los seis toros tras caerse del cartel Javier Castaño por sufrir una cornada.
También recordaré su faena a "Malicioso", aquel toro jabonero de Fuente Ymbro que desorejó en Pamplona y por supuesto la heroica tarde del 13 de mayo de 2014, cuando tras bastantes días dejando la puerta entreabierta con orejas de peso, logró al fin alcanzar el sueño de abrir a ley la Puerta Grande de Las Ventas, cortando dos orejas a una corrida de Parladé, en la que además realizó la hazaña de entrar a matar sin muleta a su segundo.
Llegaba Iván aquí a la cumbre de su carrera, dispuesta a romper definitivamente en 2015. Para comenzar ésta decidió lanzar un órdago impresionante: encerrarse con 6 toros en Las Ventas el Domingo de Ramos y además, estoquear después en la Feria de Abril de Sevilla la corrida de  Miura.
Sin embargo, esta corrida en solitario, en la que levantó una expectación impresionante, no alcanzó el éxito esperado. A toro pasado se habló de todo, que si era una completa locura hacer algo así nada más empezar el año o simplemente que era la evidencia de que todo el ambiente e ilusión que despertaba el torero vasco habían sido espejismo o simple golpe de suerte.
Pienso que se maltrató de horrible forma a Iván Fandiño tras esta corrida, sin ir más lejos en las crónicas que se le escribieron en medios importantes, algunas de las cuales, la presentaron como un absoluto fracaso por parte del torero, cuando no lo fue. Es más, aunque no pudiese por las circunstancias dar una grandiosa tarde como hubiese querido, Iván, por el simple hecho de atreverse a hacer ese gesto de estoquear 6 toros, de las ganaderías que eran y en la primera plaza del mundo como homenaje a su afición y en agradecimiento por tanto como le había dado, es y será motivo de absoluto respeto, reconocimiento y admiración simplemente por el hecho de atreverse a afrontar semejante gesta.
 
Sin embargo, tras esta corrida, Fandiño entró claramente en un momento muy difícil, por frenarse su ascensión y por el peso que tuvo para él esa corrida moralmente.
En Sevilla desgraciadamente le vimos aquella Feria desangelado y frío, siendo sus actuaciones todas ellas dignas pero sin ningún eco ni repercusión. No se me olvidará su imagen, en el patio de caballos de Sevilla aquella Feria de 2015, apartado en un rincón junto a su fiel apoderado y amigo Néstor García, con el capote de paseo sostenido sobre ambas manos entrelazadas, con el rostro serio a más no poder. Es difícil definirlo, pero nadie me ha impresionado nunca tanto.
Con "Grosella" de Parladé.
A lo largo de la temporada logró sobreponerse poco a poco, estallando finalmente tras triunfar con fuerza en Mont-de-Marsan con una corrida de La Quinta, aunque la temporada tampoco acabó de terminar como él deseaba. En 2016 y lo que iba de 2017, Fandiño luchó por recuperar el sitio perdido, observándose un gran paso adelante en su toreo. Una madurez sin salirse de su concepto de siempre que nos decía que el mejor Fandiño estaba aún por llegar y que en cualquier momento podría estallar y pegar un aldabonazo de verdad. Actuaciones soberbias y donde dio muestras de este extraordinario momento las vimos en Bilbao el pasado agosto o hace unas fechas en Arles con la corrida de Pedraza de Yeltes.
Todo para llegar a esta fatídica tarde, en la que en el ruedo francés de Aire sur l´Adour, un ejemplar de Baltasar Ibán pusiera fin a su historia.
Con el mismo traje teja y oro con el que abriese la Puerta Grande madrileña, Iván ya le había cortado una oreja a su primero y seguro iba decidido a salir a hombros, sobreviniendo el percance cuando no dejó pasar la oportunidad de quite en el toro de Juan del Álamo.
 
En este espectáculo, aunque la mayor parte de las veces lo olvidemos o no queramos recordarlo, la muerte, silenciosamente, siempre saca su entrada y sí, aquí, si hay que morir, se muere de verdad.
Solo por esto, por el riesgo que asume todo aquel que se viste de luces para ponerse delante de un toro, hasta a la persona más absolutamente antitaurina del mundo debería producirle al menos respeto, ya no digo admiración ni que llegue a entender el porqué de ponerse delante de un toro ni el de ir a ver este espectáculo, simplemente respeto por ser capaz de afrontar eso cada tarde.
Todo aquel que se viste de luces asume el riesgo de no saber si regresará y es consciente de que puede llegar a perder la vida. Entonces, ¿por qué jugarse la vida de esa forma? ¿por locura? ¿por dinero? ¿por qué? Ciertamente, aunque mucho hay de locura y el dinero es algo que viene y que obviamente se exige como corresponde, se torea porque es más fuerte el sentimiento, el veneno del toreo, el afán de expresar algo que se lleva dentro y de que esa obra sea reconocida y vivida por un público emocionado y esto solo puede realizarse ante un toro bravo.
El toreo tiene mucho de arte y a la vez también mucho de heroicidad, pero nada de esto tendría verdadero sentido, verdadera importancia y grandeza, si la muerte no estuviese siempre presente. Es por ello que ésta nuestra Fiesta no puede ser clasificada ni comparada con absolutamente nada en el mundo, porque es en sí un mundo a parte.
Por ello, estoy convencido de que Víctor Barrio tenía razón: "la tauromaquia no hay que defenderla; hay que enseñarla." Y durante su vida hizo cuanto pudo por enseñarla, sobre todo a los más pequeños, marcándonos un camino que seguirá su fundación y por el que todos los aficionados deberíamos poner nuestro grano de arena para continuarlo. 
 
A Iván Fandiño le recordaremos siempre como un grandioso torero. Un torero que dio absolutamente toda su vida por la profesión que amaba y que cada tarde salía a darlo todo. Un torero con un concepto basado en el valor más sincero, la entrega más absoluta y una heroicidad que muchas veces, si era necesario, atropellaba la razón. Y además, detrás de todo eso, estaba un sentimiento profundo y un gusto por el toreo puro, el que mandan los cánones, el toreo sin trampa ni cartón y el que se templa y se manda cargando la suerte y exponiendo de verdad.

Respecto a los antitaurinos, quiero creer que la mayoría simplemente lo son por desconocimiento y que no se alegran de la muerte de un ser humano por el hecho de haber sido torero, pues la humanidad está por encima de todo eso. Y si estoy equivocado, habremos fracasado como sociedad, aunque aún tengo esperanza en que no.
A aquellos miserables que volverán a salir de sus escondites para verter mensajes horribles mofándose de la muerte de Iván Fandiño, como lo hicieron de la de Víctor Barrio y hasta de la de Adrián Hinojosa, no les demos el obsequio del insulto. No merecen que nos rebajemos a su nivel infrahumano, pues en realidad es lo que buscan. Por mucho que lo que se merezcan tampoco merezca ni decirlo, no les hagamos ese regalo y perdonémosles porque no saben lo que hacen...
 
Gloria a todos aquellos que se visten de luces para honrar a esta profesión cada tarde.
Gloria para Víctor Barrio. Gloria para Iván Fandiño.
La eternidad es vuestra y vuestro recuerdo siempre seguirá vivo.
  
Mario García Santos (mario_garsan)

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