sábado, 9 de septiembre de 2017

Feria Taurina de Camas 2017 (Novillada)

(Las fotografías también han sido realizadas por Mario García Santos y aún está pendiente de ser completada la entrada con el resto de las mismas)
Tras el tentadero público celebrado en jornada matinal, por la tarde tuvo lugar la novillada. A continuación, desglosaremos lo ocurrido en la misma.
Con lleno en los tendidos, los actuantes del festejo hicieron el paseíllo con el sombrero calado.
Los novilleros sin caballos Antonio Rojas, Fernando Gandullo y Adrián Ruiz, el novillero con caballos Jesús Álvarez y el banderillero Luis Borrego, hicieron las veces de subalternos.
Se lidiaron tres erales de Virgen María, con matices y complicaciones pero manejables y que se dejaron bastante y tres añojos de Santa Ana, los tres de pelo colorado y muy buenos, siendo el último el de menos presencia y cuajo.
 
La tarde estuvo muy condicionada por la deficiente eficacia de los aceros que dejó sin premio la mayoría de las faenas y alargó y enfrió en exceso la tarde. Aunque bien es cierto que se trata de novilleros y es en la suerte suprema donde más se nota su inexperiencia, buena parte de estos fallos los debemos atribuir al mal afilamiento de las espadas proporcionadas por la escuela, que hizo que muchas estocadas enteras y en buen sitio no tuviesen efecto alguno.
 
Carlos Fernández sorteó en primer lugar un precioso eral, bajo, armónico y recogido y abrochado de pitones, aunque bizco del derecho. Lo recibió animoso por verónicas en las que paró y templó al ejemplar, para luego sorprender al público cuando realizó un quite al alimón con su compañero y amigo Álvaro Vicario, toreando ambos por tafalleras.

 En banderillas, Luis Borrego fue cogido de lleno tras intentar clavar al quiebro, quedando conmocionado y siendo trasladado al hospital posteriormente. No llevaba cornada, pero sí fuertes dolores en el pecho y la cabeza. Esperemos que le sea leve.

Carlos brindó al público e hilvanó al ejemplar a media altura y logró momentos muy buenos al imprimir temple y disposición, pero fue la suya una labor con altibajos en la que no siempre se acopló al ejemplar de Virgen María. Sin embargo, con los aceros emborronó absolutamente su faena. Varios pinchazos y estocadas que no tuvieron efecto y luego un sinfín de intentos por descabellar pasando un verdadero quinario dada su lógica inexperiencia en esta suerte tan poco torera pero tan definitiva en un momento dado. El usía no tuvo más remedio que acabar tocándole los tres avisos, siendo aplaudido por el cariñoso público de Camas.


Una buena actuación tuvo Alfonso Alonso con el segundo, al que le cortó las dos orejas. Lo paró abriéndose a la verónica, templando y cogiéndole el aire a la embestida. Muy inteligente y dando muestras de su oficio, le realizó una faena de menos a más toreando desde el principio a media altura, sin ajuste al comienzo y ciñéndose con el ejemplar a medida que avanzaba la faena. Trasteo largo, rotundo y ligado, basado en el toreo fundamental y encajado pero en el que tampoco faltaron muletazos de rodillas, a pies juntos, circulares y algún pase por la espalda. Media estocada caída ejecutada en la suerte contraria puso en sus manos los trofeos.


Miguel Uceda se llevó en el sorteo el novillo que había causado el altercado por la mañana y del que teníamos dudas de si acusaría el que hubiera visto algún que otro capote para ser conducido de vuelta a los chiqueros, algo que no pareció acusar, al menos aparentemente.
Tras pararlo con varios lances corriendo para atrás y dando sitio, Uceda se estiró con limpieza y corrección. En el anterior novillo ya había realizado un buen quite por chicuelinas. Se movió el eral y Uceda lo enjaretó en varias series de buen toreo al natural, volando la franela con naturalidad y metiendo los riñones. Por el lado derecho fue mucho más complicado y se acabó orientando definitivamente por ese lado, pero el torero, empeñado en hacerlo pasar, no por desconocimiento sino por vergüenza torera, se puso sabiendo que lo iba a coger, volteándole hasta cuatro veces, al rematar series con la zurda y luego al ponerse por manoletinas y bernardinas. A pesar de que enterró el acero en buen sitio hasta en dos ocasiones, la espada no tuvo efecto, marrando repetidamente con el descabello y esfumándose la posibilidad de tocar pelo.

Bueno fue el cuarto, primer añojo de la tarde. Álvaro Vicario estuvo correcto de capa y de nuevo volvió a realizar un quite al alimón junto a Carlos Fernández. No aprovechó verdaderamente las embestidas del astado, ni llegó verdaderamente al público su actuación, pero lo más destacable es su intención de echar siempre la pata palante y la profundidad que adquirieron su muletazos cuando acertó a cogerle el aire al becerro. No estuvo fino con la espada y dio por su cuenta la vuelta al ruedo.

Bueno fue también el quinto, con el que Mariano Fernández Torrejón realizó las verónicas más templadas y acompasadas de la tarde, unos lances que bien merecían una gran media verónica de remate en lugar de la media chicuelina que improvisó. Excelentes fueron también las chicuelinas con las que respondió Gordillo en su turno, cogiendo el percal casi por la esclavina.
Verdaderamente bien estuvo Mariano en su faena, en la que siempre se mantuvo entregado, toreando sin toro, vendiendo los muletazos con serenidad y hablándole al buen novillo de Santa Ana. Toreó muy despacio, muy sentido, muy encajado y a la vez muy natural y muy enfibrado en varias series sobre ambas manos en las que no tardó en cogerle el aire al ejemplar. Superiores fueron las dos últimas series, gustándose y templando con la izquierda, citando desde la cadera con media muleta y ayudándose con la espada y bordando también muletazos ayudados, molinetes, kikirikís...
En el tercio, se perfiló con el estoque (que no es de la escuela sino de su propiedad) y citó a recibir en la suerte contraria, dejando una estocada hasta los gavilanes y en todo los alto, que pronto hizo doblar al becerro. Tras atronadora petición, le fueron concedidos los máximos trofeos y también se le dio la vuelta al ruedo al excelente novillo de Santa Ana, que permitió torear casi de salón al joven de Coria.
 
En último lugar llegó el turno de Alejandro Gordillo, quien lidió otro buen novillo de Santa Ana que le permitió lucirse desde salida. Mostró Alejandro su envidiable facilidad capotera, lanceando con suavidad y naturalidad y cogiendo el capote muy cortito, tanto en las verónicas de recibo como en las chicuelinas después.
Chicuelina de Alejandro Gordillo en su quite al quinto.
Comienzo de faena muy torero con muletazos por alto con la diestra, enfibrado y caliente pero a la vez con compás y gustándose. Toreó Gordillo consciente de la gran calidad de su novillo, buscando la ligazón de los muletazos, echando la patalante y manteniendo la entrega siempre. A pesar de que su faena tuvo altibajos y fue demasiado a menos, apreciamos sobre todo detalles de toreo caro y muletazos con un gusto tremendo.
Error del torero fue querer seguir toreando con la espada de matar sobre la diestra para levantar la faena antes de la suerte suprema, siendo desarmado varias veces y cayendo en picado la intensidad del trasteo. Y cuando me refiero a error, hago referencia a que era muy fácil que le desarmase, pues no se puede montar bien la muleta con una espada tan corta como son las de añojos.
Fue éste el mayor borrón de su labor, que emborronó con la espada, la cual no entró a pesar de tirarse con entrega. Dio Gordillo la vuelta al ruedo, pero lo más importante son las buenas sensaciones que dejó su quehacer.

Como broche a este entretenido festejo, Alfonso Alonso y Mariano Fernández salieron en hombros.
Hasta aquí lo acontecido en la Feria de Camas de 2017, este año reducida a un solo festejo y que se ha saldado con un resultado numérico de solo 6 ejemplares lidiados, 4 orejas y un rabo cortados, (mas 2 vueltas al ruedo sin trofeos) y 2 salidas a hombros.
 
Por último, como otras veces ya he hecho, quiero resaltar la trascendental importancia que tienen estos festejos, más aún en tiempos en los que se dan muchos menos festejos menores de los que se debería.
Aquí, los jóvenes toreros, damos nuestros primeros pasos, y empezamos a rodarnos, placearnos y cuajarnos, empezamos a sentir los nervios y la presión de verse anunciado y de saber lo que es “enfrentarse” a un público, pero sobre todo, y para mi lo más importante, poder sentirse torero solo con el hecho de disfrutar de hacer el paseíllo y de ponerte delante del animal.
  
Mario García Santos (@mario_garsan)

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