lunes, 23 de abril de 2018

Becerrada de selección del certamen de Fomento en la plaza de Camas

(Las imágenes han sido tomadas de la página https://www.escuelastaurinasandaluzas.com/)

Aunque este festejo tenía prevista su celebración el pasado sábado 14 de abril, fue aplazado para este domingo 22 en idéntico horario matinal. El motivo del aplazamiento fue por previsión de lluvia, aunque finalmente hiciera un día espléndido.
Para información de quienes sean desconocedores, este certamen que se viene organizando anualmente durante más de veinte años en torno a los meses de abril y mayo y bautizado como "Certamen de Fomento de la Cultura Taurina en Andalucía", es organizado por la Asociación Andaluza de Escuelas de Tauromaquia "Pedro Romero" y cuenta con el patrocinio de la Conserjería de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía.
Consiste en la celebración de 5 becerradas en distintas plazas de Andalucía, en las que actúan un total de 30 jóvenes pertenecientes a las escuelas taurinas andaluzas. De esa treintena, teniéndose en cuenta las puntuaciones de los jurados, pasan únicamente seis a la final, celebrándose ésta en la plaza de toros de Osuna y en el marco de la feria taurina de esta localidad. El ganador de este certamen, tiene como premio gordo el de clasificarse automáticamente para las novilladas televisadas por Canal Sur el año siguiente, sin la necesidad de tener que pasar por la dura y caprichosa criba de los tentaderos de selección.
Otro dato a tener en cuenta es que se trata de clases prácticas, un formato en el que los jóvenes no actúan como profesionales, sino como alumnos de escuelas taurinas. Entre otras particularidades a tener en cuenta, en las clases prácticas, al no existir una antigüedad, para formarse el orden de lidia únicamente se mira la edad de los toreros. Esto puede resultar muy engañoso para un público que no tiene por qué saber el bagaje, la preparación, ni la verdadera antigüedad de los actuantes y que puede intuir que quienes actúan en los primeros puestos deben tener más oficio y estar más toreados que quienes cierran festejo, algo que no tiene por qué coincidir.
Igualmente, me gustaría añadir que, aunque evidentísimamente, ni lo debe saber el público ni por supuesto el animal, no todos los novilleros que se anuncian tienen las mismas posibilidades de preparación indistintamente de las condiciones y aptitudes de cada cual. Algunos, por sus posibilidades económicas, por sus lazos o algunas veces también por las oportunidades proporcionadas por su escuela, han podido prepararse muchísimo más toreando y estoqueando animales a puerta cerrada, acudiendo a tentaderos con cierto privilegio sobre el resto o hasta tentando de invitados. Sin embargo, los que no tienen esa suerte, luchan por prepararse acudiendo a todos los tentaderos que pueden para poder torear saliendo de tapia y aprovechar cada embestida, y si se tiene la oportunidad y la suerte de hacerlo... Pero igualmente, otros, ni siquiera tienen la posibilidad de ir a demasiados tentaderos y su preparación se basa casi únicamente en el entrenamiento físico y sobre todo en el toreo de salón.
Luego el animal sale igual para todos y se debe dar el máximo hayan sido mayores o menores las posibilidades de preparación, pero, no podía pasar por alto esta aclaración, dado que es desconocida para la mayoría del público y también de los aficionados, pero que condiciona en alto grado que de verdad puedan mostrarse las condiciones y lo que cada cual tiene dentro para expresar.

De izquierda a derecha: Diego Amador, Ángel Cachorro, Mariano Fernández, Luis Manuel Romero, Alba de los Reyes y Lolillo Soto.
Tras esta introducción que pienso era necesaria (sobre todo para situar a aquellos lectores que pudieran desconocer lo expuesto), pasaremos a realizar la crónica del festejo.

Con varios minutos de retraso, los seis actuantes hicieron el paseíllo sombrero en mano; excepto Mariano Fernández, quien como alumno de la escuela local ha toreado varias veces en esta plaza en la Feria de Septiembre y el pasado año también en este mismo certamen.
Se lidiaron seis añojos llegados desde la onubense Trigueros, pertenecientes cinco de ellos a la ganadería de D. Manuel Ángel Millares, de procedencia Jandilla y uno (el 4º) marcado con el hierro de Espantalobos, también propiedad del señor Millares pero de procedencia Atanasio Fernández.
Los cuatro primeros fueron de menor presencia y más becerros y los dos últimos estuvieron un poco por encima del resto, aunque no excesivamente.
Todos los novillos dieron buen juego y fueron agradecidos cuando se les lidió correctamente.
Momento en el que se guarda un minuto de silencio en memoria de "El Pío". (Foto: Álvaro Pastor)
Abrió plaza Ángel Cachorro, onubense natural de Moguer, perteneciente a la Escuela de Tauromaquia de Sevilla y que a pesar de realizar su debut en público dio muestras de tener oficio y de estar toreado. Correcto con el capote, brindó su faena a su padre. Aunque en ningún momento recortó los viajes del becerro, se precipitó a la hora de ponerse a torear, cuando el animal hubiera agradecido más el que hubiera toreado en línea recta, dando sitio y empujándolo de verdad para adelante en las primeras series. Por ello, el ejemplar, aunque rompió por el lado derecho, no terminó de hacerlo por el lado izquierdo. El onubense realizó una faena larga, de muletazos en su mayoría, limpios, ligados y de buen trazo, ajuste y patalante y al final de faena acabó toreando en terrenos de cercanías. Pero a su labor le faltó más actitud y transmisión a los tendidos, pues fue excesiva su frialdad toreando con y sin animal, a pesar de haber tenido una buena actuación. Mató de una buena estocada tras un pinchazo y le fue concedida una oreja.
Cachorro parando al becerro que abrió plaza. (Foto: Álvaro Pastor)
Ángel Cachorro dando la vuelta al ruedo.
En segundo lugar actuó Diego Amador, representante de la Escuela Municipal Taurina de Almería, quien, con otro buen novillo tuvo una actuación en la que dio muestras de cierto oficio y de algunos detalles de gusto y personalidad a la hora de acompañar al torear sobre la mano diestra. Sin embargo, su labor estuvo ayuna de alma, de raza, de actitud y de la disposición que se debe tener, por lo que no conectó con el público, que se mantuvo tan respetuoso como indiferente. Finalmente dejó media estocada baja y fue silenciado.
Mariano Fernández, de Coria y de la Escuela Municipal de Camas, despertó por fin al público al recibir de capa al tercero. Entrando y saliendo en torero, enfibrado y gustándose siempre, su actitud ya de por sí le permitió llegar al tendido rápido. Con el capote se estiró en el recibo y luego en un quite, ambos a la verónica, toreando con gusto y dando el sitio perfecto al becerro. Mantuvo su actitud durante la faena de muleta, en la que tras una primera parte de toreo en línea recta y a favor del animal, comenzó a introducir suertes de toreo accesorio y a hacer el toreo fundamental con gusto y raza. Sin embargo, su novillo le pidió una distancia más corta, prácticamente que le diesen los vuelos en el hocico. Por ello a su trasteo le faltó ligazón, al no terminar de encontrar esa distancia para poder ligar sin amontonarse pero llegándole a la cara. Fue éste el único pero que se le puede poner a una faena en la que toreó excelentemente sobre todo al natural y en la que no se aceleró aun haciéndolo todo con raza y actitud. Mató de estocada entera, que por su travesía no tuvo efecto y tras varios intentos acertó con el descabello, siéndole concedidas las dos orejas.


Luis Manuel Romero, de la Escuela Taurina de La Algaba, ya había dejado un buen quite por saltilleras en el novillo de Mariano y recibió al cuarto con dos largas cambiadas de rodillas en el tercio para a acto seguido torear a la verónica y arrancar los aplausos del público. El ejemplar, como hemos mencionado, fue el único de procedencia Atanasio y como tal, tuvo inercias de manso en la primera parte de su lidia aunque finalmente se fue centrando y embistiendo con recorrido y calidad aunque un poco por dentro. Romero comenzó con un péndulo en los medios y a continuación realizaría una faena larga y de alto número de pases. No terminó de entender al animal, al que no corrigió el defecto de acostarse y trató de imponer su puro concepto de poner la patalante, algo que por razones de física no se puede hacer con un animal que viene por dentro, al menos sin desplazarlo debidamente hacia fuera. Por ello, en su faena estuvo constantemente quitando la pierna de salida muletazo tras muletazo, toreando con ligazón pero sin quietud y en muchas ocasiones sin lograr evitar el gesto tan feo como el de poner la mano para protegerse del animal. Sin embargo, mató de una gran estocada y el público premió su afanosa labor con las dos orejas.


Ante el quinto actuó Alba de los Reyes, alumna de la Escuela Taurina de la Diputación de Málaga que no estuvo nada afortunada. En su favor hemos de decir que en muchos momentos puntuales apreciamos detalles de muy buen toreo en el inicio de faena, en una serie corta y sentida y alguna salida de la cara con muchísimo gusto. Pero, sintiéndolo mucho, la verdad hay que decirla: en su actuación dio una imagen pésima. Y no puede culpar en absoluto al buen novillo que le tocó en suerte, que lógicamente tras ver mil veces el bulto acabó orientándose a final de faena, porque no tuvo más remedio. Dio una pésima imagen, de verse absolutamente desbordada por la situación, huyendo y esquivando las bravas embestidas del becerro más que otra cosa y llegando a correr sin pensárselo en más de una ocasión. El mitin continuó a la hora de matar, echándose el astado finalmente aburrido y de tanta capa que le dieron.

Dejando esta impresión lo más lógico era pensar que fue todo debido a su inexperiencia y a estar muy verde y que era responsabilidad de quien la había anunciado sin estar preparada. Pero no. Según nos hemos podido informar, ya sabe lo que es hacer el paseíllo en varias novilladas, incluidas en dos plazas de relieve como Córdoba y Málaga. Todos tenemos derecho a un mal día y quizá en sus actuaciones anteriores estuvo sensacional. Lo desconozco. Pero nunca hay que engañarse y debe tomar conciencia de que en la mañana de hoy ha tenido una actuación nefasta, porque para colmo, y dando muestras de no haberse percatado de ello, dio por su cuenta la vuelta al ruedo como la más feliz del mundo.

Cerró plaza el joven Lolillo Soto, representante de la Escuela Taurina de Sevilla-Amate. Se sintió con la capa toreando con gusto a la verónica con más compás y voluntad que limpieza. Se le vio muy verde en su faena, con carencias técnicas muy evidentes en el propio trazo del muletazo y en la lógica lidiadora. Sin embargo, fue todo raza y se quedó quieto y enfibrado y con la patalante. Entre enganchón y enganchón y entre voltereta y voltereta, pegó muletazos de muchísimo ajuste, de muchísimo gusto y también de personalidad. Con la espada se tiró de verdad y aunque enterró el acero en buen sitio a la primera, necesitó varias entradas más para dejar la definitiva.
Lolillo está verde, tiene muchas carencias técnicas, pero fue todo actitud, todo corazón y todo lo dio al ser consciente de que tenía una oportunidad y que debía aprovecharla. Ante la petición del público concedió el presidente la oreja, que paseó feliz en la vuelta al ruedo. Puede estar contento.
Derechazo de Lolillo Soto al que cerró plaza. (Foto: Álvaro Pastor)
Hasta aquí lo sucedido en este festejo celebrado en la plaza de toros de Camas; sin embargo, me gustaría cerrar esta crónica con el siguiente apunte:
Viendo la imperdonable falta de actitud de varios de los actuantes, les recuerdo: a un novillero se le puede perdonar todo por  su inexperiencia, excepto la desgana y la falta de transmisión. Bastante difícil es simplemente el lograr que te pongan como para luego salir a verlas pasar, cuando uno debe tomárselo como un regalo, una oportunidad de disfrutar, de expresarse, de entregarse, de que todo un público vea lo que llevas dentro y todos hablen de ti, y más aún con una novillada que embiste como la lidiada hoy.
Por último, como ya he hecho en otras ocasiones, vuelvo a resaltar la importancia que tienen estos certámenes, en los que a los jóvenes toreros se nos da la posibilidad de anunciarnos y proporcionarnos una oportunidad que nos sirva de escaparate para ser vistos y para poder torear un animal a modo, además de en unas buenas condiciones por tratarse de una clase práctica.
Una oportunidad de oro, para aprender a torear toreando, para enfrentarse a un público y para sentirte torero solo por hacer el paseíllo y ponerte delante del animal.

Mario García Santos (@mario_garsan)

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