sábado, 13 de agosto de 2016

El Encaste Núñez y el origen de sus luceros y calceteros

El encaste Núñez, surgió tras el trabajo, la ilusión y la selección del célebre ganadero D. Carlos Núñez Manso.
D. Carlos, quería alcanzar y modelar su toro soñado y para ello, creó su propio encaste a través de una mezcla de diversas sangres, pues de cada una de ellas admiraba distintas virtudes.
Ese "cóctel", con el paso de los años y a través de una exhaustiva selección, acabó siendo cada vez más homogéneo y convirtiéndose en un encaste propio, con el cual, se anunciaron y triunfaron las figuras del toreo durante la segunda mitad del siglo XX.

El toro del encaste Núñez, siempre ha sido famoso por tener la capacidad de ir a más, pues la verdadera bravura siempre tiene signo ascendente. Es habitual que los animales salgan a la plaza muy fríos y andarines, como sin saber donde están, e incluso berrear y salir sueltos en las primeras entradas al caballo, para después (por supuesto, en un animal de buen juego) calentarse, pelear y empezar a definirse.
Con los toros de Núñez, las banderillas suelen jugar el verdadero papel de "avivadoras", pues es aquí cuando se vienen arriba. En la muleta, requieren más que ningún otro, sobre todo en el primer tramo de faena, que el torero les de sitio y toree primero en línea recta y a ser posible perdiéndole pasos entre muletazo y muletazo (dejando de lado la ligazón en beneficio de la buena lidia).
Lo mejor de este encaste es que, si se le consiguen hacer las cosas bien, son agradecidos y acaban rompiendo hacia delante y entregándose, embistiendo con gran clase, nobleza, fijeza y gran boyantía y yendo a más y a más a la largo de la lidia, hasta el punto de que, algunos incluso podrían morir embistiendo si no se les dejase de torear.
Era tal la calidad de los toros que consiguió modelar Carlos Núñez, que los toreros llegaron a afirmar que el recorrido de sus embestidas tenía un tranco más que las de otros encastes. Y es muy cierto. 
Las tres sangres que formaron el cóctel
A finales de los años 30, D. Carlos Núñez había comprado la emblemática finca "Los Derramaderos" (en Barbate), en la cual pretendía crear su propia ganadería de bravo. En 1938, compró la vacada y el hierro de la R de D. Manuel Rincón, célebre vacada formada con puntas de ganado de distintos orígenes que se absorbieron (José Carvajal, Fernando Villalón o lo vazqueño de González Nandín) al ser cruzadas con la compra a Fernando Parladé (quien había comprado la mitad de la ganadería de Ybarra).
La vacada de Rincón, (fundada a primeros de los años 10), había sido adquirida por Antonio Urquijo en 1925, quien poco después la revendió a Indalencio García Mateo en 1928. Éste se la vendió a D. Carlos al quedar mermada tras el paso de los militares nacionalistas durante la Guerra Civil y cuyo traslado se pudo efectuar al encontrarse "Casablanca" muy cerca de "Los Derramaderos".
También en 1938, Carlos Núñez añadió a lo de Rincón (que eran sobre unas 100 cabezas) una punta de vacas y sementales de la prestigiosa y también vecina ganadería de D. Ramón Mora-Figueroa.
Las reses de ambas ganaderías, tenían un origen más cercano en casta Vista Hermosa y su mezcla fue pronto homogénea, aunque no dejan de ser dos líneas distintas, pues, además, en la de Rincón se había llevado a cabo un cruce.
Finalmente, en 1941, Carlos culminó la compra, adquiriendo, por recomendación de su amigo Pepe Camará (matador de toros, empresario y apoderado de Manolete) una parte de la ganadería de los Herederos del Marqués de Villamarta, la cual se dividió entre hermanos al fallecer la viuda del mencionado aristócrata.
Pero, para entender el origen del encaste Núñez, es necesario conocer también cómo se había formado la vacada de Villamarta, la cual, era una macedonia de sangres fundada por el millonario marqués.
La ganadería del Marqués de Villamarta

Hierro de Villamarta.
El Marqués de Villamarta, a finales del siglo XIX, había emprendido la aventura ganadera en dos ocasiones. En la primera, no llegó a lidiar tras comprobar los nefastos resultados en las tientas y en la segunda, más ilusionado, lidió una corrida en Madrid en 1904 (11 años después de haberlo comprado y seleccionado), que resultó un verdadero petardo según las crónicas, vendiendo todo el ganado cuanto antes pudo.
Desilusionado y frustrado tras haber fracasado dos veces y como tenía tanto dinero como para gastar en tres vidas, decidió que la tercera sería la vencida y se dispuso a comprar reses a las ganaderías en mejor momento de la época, sin importarle combinar las ramas más diversas (ni por supuesto, tampoco el coste.)
De esta forma, en 1914 compró vacas madres a la Viuda de Murube, a D. Félix Urcola, al Conde de Santa Coloma, al Marqués de Albaserrada y al Marqués de Saltillo, es decir, a las ganaderías más prestigiosas de la casta Vista Hermosa, las cuales, muy distanciadas hoy en el presente, parece ser que en aquel entonces aún no lo estaban tanto.
Pero además, por compromiso, también compró ganado a Patricio Medina Garvey (pariente de su esposa), el cual poseía un cruce Vista Hermosa con Vazqueño y también, como aparece en sus libros, se hizo con una punta de vacas del ganadero y bodeguero de Sanlúcar Carlos Otaolaurruchi (de procedencia Hidalgo Barquero), a quien le había arrendado la finca "Alventus" (en Trebujena) hasta que volvió a hacerse ganadero el marqués, quedándose algunas de aquellas vacas en la finca.
Así consiguió reunir en sus 9000 hectáreas (repartidas en tres fincas gaditanas) a una tropa de 360 vacas de todos esos hierros, a las cuales, echó sementales que compró a D. Fernando Parladé (también de pura casta Vista-Hermosa).
De esta forma, en 1917 empezó a lidiar con buenos resultados y en 1919, realizó la última compra, adquiriendo entera la vacada de D. José Carvajal (500 cabezas de ganado). Esta ganadería onubense de Zalamea La Real había nacido del cruce entre sangre Vazqueña y Vista-Hermosa y se encontraba en un ilusionante camino emergente, pero que, tras la muerte del hijo del ganadero (quien llevaba sus riendas), se vio frustrada por el luto de su propietario, que decidió venderla.
Muletazo por alto de Manolete al villamarta
al que cortó el rabo en Sevilla en 1941
De la línea Carvajal, el Marqués de Villamarta sacó la mayoría de sus sementales, lo que provocó un importante salto de calidad, creando un toro que aunó lo mejor de todas las ganaderías de Vista Hermosa (una bravura enorme, pero con nobleza y que duraba hasta el final de la lidia, posibilitando también faenas de triunfo) y también la variedad de pelajes y accidentes de todo tipo procedentes de lo vazqueño que se absorbió de Medina Garvey, Otaolaurruchi y sobre todo de Carvajal.
A lo largo de los años 20 y 30, la ganadería de Villamarta labró su prestigio, pues, aunque aún se trataba de un conjunto un tanto heterogéneo, sus toros propiciaron tanto peleas en varas como triunfos de los toreros, lo que la convirtió, tanto en una de las ganaderías predilectas de la afición como en la de los espadas.
La cúspide llegó en octubre de 1938, cuando en La Maestranza, en una histórica novillada, dos futuras figuras de época como Manolete y Pepe Luis Vázquez, pusieron boca abajo la plaza, paseando dos orejas el cordobés y un rabo el sevillano, quienes tuvieron excelentes ejemplares que les permitieron expresar su toreo en toda su dimensión.
Manolete paseando el rabo en La Maestranza en 1941
Durante los primeros y duros años de la posguerra (1939, 1940 y 1941), la ganadería se mantuvo como la de más prestigio y la más solicitada por toreros y empresas, y en la Feria de Abril de este último año, "Manolete", tras una faena antológica, paseó el rabo de un bravísimo "villamarta" en La Maestranza, lo que puso en la cumbre a ambos.
El Marqués había fallecido en 1933 y se había seguido lidiando a nombre de su viuda, la cual falleció el mismo día en que "Manolete" paseó el mencionado rabo. De esta forma, el primogénito heredó el título nobiliario y el hierro, pero la ganadería se dividió entre los hermanos. Solo el mayor quiso seguir con el proyecto de su padre, mientras que los demás prefirieron vender su parte, comprando así, D. Carlos Núñez Manso una de ellas ese mismo año.
Por cierto, otra de esas partes en las que se dividió, acabó en 1944, en manos de la familia Guardiola, quienes conservaron la sangre Villamarta en pureza.
 El nacimiento del encaste 
Una vez Carlos Núñez culminó su compra, había reunido en "Los Derramaderos" una piara de 150 vacas, de las cuales, 57 eran de Rincón, 50 de Mora-Figueroa y 42 de Villamarta.
A éstas echó primero sementales comprados junto a las vacas, para sacar posteriormente sus propios reproductores.
Las líneas Rincón y Mora-Figueroa se cruzaron y acabaron siendo una sola, mientras que lo de Villamarta, salvo en excepciones, se llevó por separado.
En la rama Villamarta jugaron un papel importante para sentar su base los sementales "Rinconero", "Papelero" y "Volteador".
Mientras tanto, las otras dos líneas sí se cruzaron y a su fusión contribuyeron sementales cumbres como "Dinamito", "Cantinero", "Azulejo" y sobre todo el famoso "Amistoso", considerado como el toro que hizo la legendaria ganadería.
El célebre semental chorreado "Amistoso-86", había sido comprado a Mora-Figueroa y padreó durante toda la década de los 40 en "Los Derramaderos" hasta morir de viejo en 1949. Resultó  verdaderamente fundamental en la ganadería, fijando caracteres de comportamiento y morfología.
Tanto ilusionó a Carlos Núñez la bravura y la calidad que transmitía (además con gran regularidad) a sus hijos, que decidió echarlo también a las vacas de Villamarta una temporada.

Carlos Núñez junto a su esposa, retratados en su despacho y bajo la cabeza de "Amistoso".
Muy pocas ocasiones en la historia de la ganadería se cruzó Villamarta con Rincón, pero esto hizo que ambas tuvieran un toque de la otra y que las clásicas hechuras Núñez existan en ambas ramas, lo que hace que ya, aunque sean dos líneas distintas, ambas son casi homogéneas y parte de un encaste propio y único.
Como es sabido, a lo largo de los años 40 y sobre todo en los 50 y 60, la ganadería de Carlos Núñez alcanzó la cumbre, convirtiéndose en la más prestigiosa de la época y siendo solicitada por las figuras del toreo, quienes alcanzaron triunfos gloriosos con estos toros, sobre todo dos figurones como Antonio Ordóñez y "El Cordobés", íntimos del ganadero y que lidiaron camadas enteras.
Finalmente, tras la llegada de la imposición del toro grande en los 70, la división de la ganadería matriz y el surgimiento de otros hierros de la misma sangre que acabaron siendo más importantes, la ganadería de Carlos Núñez, llevada por sus herederos tras su muerte, aunque no perdió calidad, acabó desapareciendo de las grandes ferias, aunque su sangre, (de forma oficial o bajo el secretismo de sementales que van y vienen) fue la fuente de la que siguieron bebiendo ganaderías de postín no solo de Núñez, sino también de Domecq...

El origen de la variedad cromática:
herencia vazqueña

La cabaña brava española proviene de las llamadas castas fundacionales. Éstas son la Navarra, Jijona, Cabrera, Gallardo, Vázquez y Vista-Hermosa. Más del 90% del ganado existente hoy proviene de esta última, mientras que de las dos primeras solo se conservan pequeñísimos vestigios absorbidos y de Cabrera y Gallardo, solo queda sangre en Miura y Partido de Resina.
Mientras tanto, la casta vazqueña se conserva en pureza en algunas ganaderías como Maria do Carmo Palha o Prieto de la Cal o en lo absorbido por el encaste Domecq, de lo que solo quedan los pelos jaboneros y ensabanados.
Los toros de Vázquez, se hicieron famosos por fieros y terroríficos, pues protagonizaban tercios de varas brutales, ocasionando carnicerías de caballos y dando tumbos a los picadores, pero después, para el toreo no servían, pues su bravura áspera solo duraba el tercio de varas.
Antaño, se consideraba bravo al toro que más caballos mataba y que más poder tenía, sin importar si al final morían en toriles o si era imposible el lucimiento del torero.

Toro berrendo de la ganadería de Prieto de la Cal, vacada de pura sangre vazqueña procedente de Veragua.
Cuando a lo largo del siglo XX, de la mano de toreros y ganaderos de época, la tauromaquia evolucionó hacia la que hoy conocemos, Vázquez empezó a desaparecer al no servir para la nueva etapa, manteniéndose tan solo los vestigios absorbidos, los encastes cruzados como el Vega-Villar o el Hidalgo Barquero y las vacadas de contados ganaderos íntegros y románticos que pelearon y pelean por adaptarlos al toreo actual y sobre todo por que no se pierda esta sangre histórica.
El toro vazqueño se caracterizaba, además de por su comportamiento áspero y su poder, por su grandísimo abanico de capas, que abarca desde el negro zaíno hasta el ensabanado, pasando por colorados, castaños, cárdenos, burracos y berrendos de todo tipo, apareciendo también toda clase de accidentes en el pelaje, desde el bragado, hasta toda variante de luceros y girones.

A pesar de que el encaste Núñez, tiene un origen Vista-Hermosa casi en su totalidad, a través de Villamarta y también de Rincón, se absorbieron vestigios vazqueños que, aunque no han tenido relevancia en lo que al comportamiento se refiere, son visibles en la gran variedad de pelos existente.
Colorado de Carlos Núñez de inconfundibles hechuras,
y cuyo lucero es clara herencia vazqueña.
Aunque parezca mentira, una base muy importante de este encaste, surge del cruce Vázquez-Vista Hermosa que hizo un ganadero onubense llamado José Carvajal.
Fue un verdadero visionario, además de uno de los primeros ganaderos que empezó a preocuparse de verdad en la importancia de la selección en las tientas para el futuro de la ganadería y del toreo.
Carvajal poseía dos fincas en Zalamea la Real, llamadas "Las Navas" y "El Baquillo" y se hizo ganadero en 1885 comprando vacas y dos sementales a los Hermanos Arribas (de Guillena), que poseían una ganadería vazqueña.
Posteriormente, en 1896, se hizo con una punta de vacas y un semental de la célebre ganadería de Eduardo Ybarra, de puro origen Vista-Hermosa. Deslumbrado por la bravura "ybarreña", Carvajal decidió cruzar ambas líneas, lo que supuso el primer cruce en la Historia entre ambas castas.
Tras cruzar, siguió echando lo puro Ybarra a lo cruzado, lo que provocó finalmente la absorción de la sangre de Arribas y la creación de una gran ganadería, que, según cuentan, tenía la capacidad de ir a más.
Pero, cuando la ganadería de Carvajal se encontraba en su mejor momento y a punto de dar el salto a la cumbre, tras la muerte de su hijo, D. José decidió vender la ganadería. Se la rifaron entre muchos compradores, sabedores de que era oro lo que allí había. Fue finalmente el Marqués de Villamarta, quien, a pesar de haber dado ya por cerrada la adquisición de ganado para su nueva vacada dos años antes, no dudó en comprarla entera, en 1919, viajando las 500 cabezas de ganado de Zalamea hasta Jerez.
Con el ganado de Carvajal, la ganadería del Marqués de Villamarta dio un gran salto de calidad y se acabó colocando en primera fila.
También en Villamarta hay ascendencia vazqueña procedente de las vacas de Medina Garvey y de Otaolaurruchi que incluyó en su lote, pero la mayor ascendencia viene de Carvajal, pues de esta línea sacó la mayor parte de los sementales.
Pero, aunque la mayor parte de restos vazqueños provienen de Villamarta, también quedó una parte muy pequeña de Rincón, quien formó su ganadería con reses de González Nandín (vazqueño puro) y también de su vecino José Carvajal (pues Rincón tenía su ganadería en Zufre), a lo que echó sementales de Parladé, y tras cruzar siguió echando puro Parladé a lo cruzado. Por tanto, la ganadería de Rincón acabó siendo mayoritariamente Parladé (puro Vista-Hermosa) con un toque de todo lo anterior.
Por tanto, como ven, las reminiscencias vazqueñas en Núñez, provienen mayormente de la rama Villamarta, en la cual, esto se aprecia claramente en la existencia de algunos luceros, calceteros, girones...
Vaca madre de Carlos Núñez acompañada de su retoño. Su llamativo pelaje salta a la vista.
Pero estos pelos eran algo casi vestigial, hasta que se acabó produciendo un salto atrás en los años 60.
En 1959 nació un toro llamado "Arrumbadito", que se herró con el número 12 y con el histórico hierro de la R. El toro, procedente de la línea Villamarta de la ganadería, era negro calcetero y girón y sus hechuras eran perfectas.
Su final hubiese sido el de una plaza importante, pero el destino quiso que no se llegase a lidiar, pues de utrero, fuera como fuese, se partió el pitón izquierdo.
Imagen de "Arrumbadito" publicada en 6 Toros 6
en junio de 2012. A pesar de que está echado, se puede
 apreciar que es girón y calcetero y que le falta media
asta izquierda.
D. Carlos, al ser un toro de buena nota y no poder lidiarlo, decidió tentarlo, resultando verdaderamente extraordinario, tomando nada menos que 12 puyazos, el último con más alegría que ninguno. Lo toreó Antonio Ordóñez y fue tal su tremenda calidad, que tras una larga faena del rondeño, también lo torearon Manolo Vázquez y Juan Antonio Romero, embistiendo incansable y cada vez más entregado.
Padreó durante 9 años, y fue un semental cumbre, tanto que D. Carlos, como hiciera en su día con "Amistoso", decidió echarlo, además de a las vacas de su misma línea Villamarta, también a las de Rincón, extendiendo así su simiente por ambas líneas.
Esto provocó la aparición de todo tipo de capas y accidentes en el pelaje, herencia genética de sus antepasados vazqueños y que quedaron como huella imborrable en la ganadería y por ende, en todo el encaste.
De la casa matriz de "Los Derramaderos", surgieron otras tantas ganaderías de prestigio, como Torrestrella, Gabriel Rojas, Manolo González, Alcurrucén, José Luis Pereda...
En pureza, el encaste Núñez, hoy día solo está representado en primerísima fila por Alcurrucén, ganadería que más toreros ha sacado a hombros en los últimos tiempos en Las Ventas, con toros y faenas inolvidables, como la de Aparicio a "Cañego", la de "El Cid" a "Guitarra", la de Castella a "Jabatillo" o este último San Isidro la de David Mora a "Malagueño".

Por cierto, en Alcurrucén, donde la sangre Rincón predomina en un 96%, hubo un semental de nombre "Bocineto", que extendió aún más los calceteros, luceros, girones, cinchados... Pintando así toda la ganadería, pues, no en vano, su abuelo era "Arrumbadito".
Ejemplar de la divisa de Alcurrucén fotografiado el pasado invierno.
Pero, como digo, secretamente, desde "Los Alburejos" viajaron muchos sementales a "Lo Álvaro", pues, al ser familia ambos ganaderos, se los intercambiaron mutuamente durante años, por lo que, actualmente, la mayor parte de ganaderías de encaste Domecq, tienen también sangre Núñez.

Solo los elegidos tienen el poder de cambiar la Historia, de ser visionarios y mirar al futuro viendo más allá. A lo largo de la historia del toreo, han habido grandes genios que, figuras del toreo o de la ganadería dieron pasos de gigante hacia una Fiesta mejor, dedicando su vida entera a perseguir un sueño.
Carlos Núñez Manso, lo consiguió y tras años de trabajo, logró crear un encaste propio y un toro inigualable, un toro con el que también sueñan los toreros.

Mario García Santos (@mario_garsan)

martes, 6 de octubre de 2015

Centenario de una efeméride en La Maestranza: Joselito El Gallo corta la primera oreja

El pasado miércoles 30 de septiembre, se cumplió nada menos que un siglo exacto de una efeméride que cambió definitivamente el curso del toreo.
Joselito El Gallo, al que con justicia se le conoce como "El Rey de Los Toreros", protagonizó, junto con Juan Belmonte, la conocida como la Edad de Oro del Toreo (1912-1920), cuando la Tauromaquia alcanzó cotas nunca vistas antes ni después en la Historia.
A menudo se dice que Juan Belmonte fue el creador del toreo moderno, quien empezó a quedarse quieto y a cambiar la Fiesta, que pasó de ser un espectáculo de lucha entre el hombre y el toro al espectáculo artístico que ha acabado siendo lo que hoy conocemos.
Pero esto realmente no fue así. En realidad, el toreo que vendría después de José y Juan, fue una fusión de ambas tauromaquias y muchos entendidos afirman que en realidad son mayores las aportaciones de Joselito que las de Belmonte, tanto dentro como fuera de la plaza.
Lo que ocurrió, fue que Gallito murió en el ruedo de Talavera con tan solo veinticinco años, pero cambió el toreo en tan solo ocho temporadas y marcó el camino que la Fiesta debía seguir. Sin duda, la precoz muerte de Joselito y por supuesto la importancia de la extraordinaria obra de Chávez Nogales, crearon ese mito de Belmonte, como la primera figura del toreo moderno y Joselito como la última figura de la tauromaquia antigua.
Joselito, fue un Mozart del toreo, que nació siendo torero y que desde muy temprana edad ya tenía todo el toreo en la cabeza. Joselito era hijo de Fernando "El Gallo", matador de toros, pero José no le llegó a conocer prácticamente, pues murió cuando él tenía solo 5 años, por lo que fueron sus hermanos Fernando y Rafael, quienes le inculcaron el toreo.


Feria de San Miguel de 1912.
Rafael El Gallo hace matador de toros
a su hermano José en La Maestranza.
Joselito fue un verdadero niño prodigio, que mató su primer becerro con ocho años y que tras una deslumbrante etapa de becerrista y novillero sin picadores, al presentarse en Madrid con caballos, protagonizó un hecho insólito y se negó a torear la novillada por considerarla chica y exigió una corrida de toros cinqueña, con la que obtuvo un éxito tremendo.
En La Maestranza tomó la alternativa en la Feria de San Miguel de 1912, de manos de su hermano Rafael y con el toro "Caballero" de Moreno Santamaría.
Joselito fue un hombre adelantado a su tiempo, y que, con todo el toreo antiguo en la cabeza, sentó las bases de lo que acabaría siendo el toreo moderno. En aquella época se lidiaba un toro tremendamente serio y complicado, y el torero de Gelves, poderosísimo y con un valor tremendo, podía con todos los toros y con todos los toreros, obligando a retirarse a varias figuras de la época.
El único que le aguantó el pulso fue Bombita, que ya estaba de retirada y con el que rivalizó hasta que se acabó despidiendo en octubre de 1913, siendo el propio Joselito quien le cortó la coleta en Madrid, justamente días después de que tomase la alternativa Juan Belmonte en la misma plaza.
El Pasmo de Triana llegaba al escalafón superior con fama de revolucionario porque estaba haciendo un toreo basado en la quietud, el valor y la estética y estaba empezando a imprimir temple a los toros, algo que se salía totalmente de la forma de entender el toreo en aquella época. Joselito acabó comprendiendo que él no podía llevar solo el peso de la Fiesta y entendió que su rivalidad con Belmonte era necesaria, más aún cuando eran dos grandes toreros de estilos tan distintos, y de la variedad surge la riqueza.
Pero, en un principio, José pensó en acabar con Belmonte, pues lo primero que hizo tras la irrupción del trianero fue encerrarse con siete toros de Vicente Martínez (pues regaló también el sobrero) nada menos que en Madrid, donde obtuvo un éxito tremendo con el que dio un fortísimo golpe de autoridad. Pero pronto se dio cuenta de que la rivalidad era necesaria, pues no quería acabar como "Guerrita", quien se retiró agobiado por la exigencia de los públicos tras llevar él solo el peso del toreo.
Joselito, perdido entre los seguidores enfervorizados, sale a hombros de la Plaza Vieja
de Madrid la tarde de los 7 toros de Martínez.
Joselito fue una figura del toreo en toda la extensión de la palabra. Podía con todos los encastes y dominaba todas las suertes en los tres tercios, y su conocimiento de la lidia y los terrenos eran algo digno de un superdotado. Joselito fue, al igual que Belmonte, un hombre adelantado a su tiempo, pero quizá vio el futuro de la Fiesta con más claridad que nadie. Él podía lidiar a la antigua y someter a todos los toros con una regia facilidad, pero pronto empezó a intentar practicar un toreo más vertical e incluso buscando la profundidad, para la cual se requería un toro mucho más bravo y que durase más para soportar esa trasteo tan exigente y que acabaría desembocando en la faena como la conocemos hoy día. Este tipo de toro lo encontró sobre todo en la línea Vista Hermosa y aconsejó a multitud de ganaderos en la selección para buscar ese toro necesario para acabar haciendo el toreo bueno, y por supuesto, estaba presente en todas las labores de tienta y acoso y derribo y era íntimo amigo de todos los ganaderos importantes de la época, como los Miura, los Pablo Romero, los Martínez o los Urquijo.
Joselito, colocando al caballo una astifina vaca en un tentadero.
(Foto tomada del blog La Razón Incorpórea)
El 29 de septiembre de 1915, en La Maestranza, Rafael El Gallo, Joselito y Juan Belmonte lidiaron una corrida de Miura. Rafael estuvo ausente y fue abroncado en sus dos turnos mientras que Gallito y Belmonte rivalizaron en quites y obtuvieron ambos un éxito grandioso, en el que dieron una exhibición de valor, técnica y poder. Pero lo que de verdad se recuerda de aquella tarde fue la faena de José a "Galleguito", un imponente ejemplar de casi 700 kg, que fue ese clásico "miura" duro, con sentido, fiero, complicado y peligroso, de esos que quieren literalmente arrancarte la cabeza. Joselito le armó el taco en una faena de aliño y sometimiento que remató de media estocada fulminante. El éxito fue rotundo, pero la efeméride ocurriría al día siguiente, cuando Gallito estaba anunciado en solitario para lidiar una corrida del Conde de Santa Coloma.
Monumental pase por alto de Gallito a "Galleguito".
"Galleguito" cae fulminado a los pies de Joselito.

Verónica de Joselito a "Cantinero". Las manos aún permanecen altas, pero con el tiempo,
la verónica se fue ejecutando con las manos cada vez más
bajas e imprimiéndole cada vez más temple a la embestida.
Observen como Joselito ya echa la "patalante".
La gloria llegó en el quinto de la tarde, un ejemplar negro y con un precioso lucero llamado "Cantinero" y herrado con el número 131. Joselito, después de lucirse en varios quites y colocarle tres colosales pares de banderillas, pudo hacerle a aquel toro el toreo que perseguía. Según las crónicas, la faena tuvo más de 20 naturales soberbios que levantaron al público de sus asientos y tras media estocada fulminante, los aficionados que llenaban La Maestranza, tiñeron la plaza de pañuelos y solicitaron de forma unánime la concesión de la oreja, algo antirreglamentario. El presidente, el señor D. Antonio Filpo Rojas, no tuvo más remedio que dar la razón al respetable y le concedió a Joselito El Gallo, la primera oreja que se cortaba en toda la Historia de la plaza de toros de Sevilla.
Natural de Joselito a "Cantinero".
Joselito se perfila para la estocada en la suerte
natural.
Cierto es que aún permanecía el gran recuerdo de su éxito la tarde anterior, lo cual alimentó más la petición, pero el público reaccionó con olés y tirando sombreros con los naturales que le dio a "Cantinero", no con la lidia de aliño a "Galleguito". El camino hacia una nueva etapa del toreo se inició definitivamente aquella tarde de la que ahora se cumplen nada menos que 100 años.
No era la primera vez que se pedían la orejas en Sevilla, y además ya se habían empezado a conceder en Madrid desde que Vicente Pastor cortase la primera en 1909, pero aquella tarde, Joselito por fin consiguió enviar al traste el anticuado reglamento que especificaba claramente que "la presidencia no puede conceder a ningún espada las orejas de los cornúpetas, ni ninguna clase de merced que signifique por parte de dicha autoridad la calificación de sobresaliente de ninguna faena."
Por cierto que, Joselito, en agradecimiento al señor Filpo, por haber sabido tomar esa difícil decisión, le acabó regalando nada menos que la cabeza de "Cantinero" y el traje salmón y azabache que vistió aquella lejana tarde de otoño de 1915, y que hoy conservan sus descendientes como oro en paño.
La cabeza de "Cantinero".

El traje salmón y azabache que Joselito lució aquella tarde de 1915.
A partir de entonces, la concesión de orejas se instauró para siempre, y pronto se empezaron a conceder las dos orejas, los rabos, y hasta las patas, para faenas excepcionales.
A partir de la Edad de Oro, el Toreo dejó de ser la lidia a la antigua y en la que todo se centraba en el tercio de varas, y poco a poco, la faena de muleta dejó de ser una simple preparación para entrar a matar en cuanto el toro juntase las manos para convertirse en la parte fundamental de la lidia.
Cierto es que aquellos naturales a "Cantinero", en los que llevó al toro toreado y muy sometido, hoy en día no tendrían esa misma repercusión en el tendido, pues el toreo de Gallito, teniendo mucha verdad, no tenía la belleza, el temple y la pureza que le dio Juan Belmonte, de ahí que el toreo actual sea una fusión de ambas tauromaquias.

Media verónica de Belmonte, que fue el creador de la misma.
Juan Belmonte citando al natural en La Maestranza.
El toreo actual es fruto de una evolución de siglos, en la que juegan un papel trascendental grandes personajes que fueron capaces de ver más allá y de pensar en el futuro del toreo.
Me gustaría concluir analizando una frase que dejó dicha quien para muchos fue una gran figura del toreo como el albaceteño Dámaso González, quien dijo que "ahora se torea mejor que antes, pero antes se toreó como se toreará toda la vida." Lo que Dámaso quiso decir es que, al igual que nuestro castellano es una evolución del latín, la tauromaquia actual es una evolución de lo que fue la tauromaquia de antes. Y al igual que el Latín no es una lengua muerta por mucho que se empeñen en afirmarlo, la tauromaquia de antes, tampoco lo está, pues está muy viva en la del presente.

Joselito El Gallo y Juan Belmonte fueron de verdad dos grandes figuras del toreo, porque marcaron una época y nos dejaron una impagable herencia que nunca deberíamos de olvidar.
Mario García Santos (@mario_garsan)