domingo, 18 de junio de 2017

Gloria a los toreros

Esta entrada la tenía guardada como borrador en blanco, solo con el título y fechada el 9 de julio de 2016. Aquel día, como a todo el mundo del toro y a cualquier persona con un poco de humanidad, la muerte de un TORERO, de Víctor Barrio, en la arena de Teruel me había producido una inmensa tristeza y una conmoción de la que tardamos mucho en reponernos y en asimilarla.
Aquel día había estado viendo la corrida de Pamplona, una corrida de José Escolar, al final de la cual, David Casas, con una profesionalidad digna de admiración nos dio la noticia conteniendo las lágrimas mientras sus compañeros del Plus se derrumbaban.
Tras semejante mazazo no se me ocurrió otra cosa que salir a dar un pequeño paseo. Ahí reflexioné, lo digerí y decidí escribir mi pequeño homenaje cuando llegase, pero me resultó absolutamente imposible. No encontraba palabras que alcanzasen a homenajear a cantar ni a relatar algo tan trágico y a la vez tan grande y esta entrada quedó en blanco con la esperanza de poderla escribir algún día en que fuese capaz de hacerlo.
Y aquella tarde, mientras caía la noche, subí a mi azotea para torear de salón con seriedad máxima y tratando de no pensarlo constantemente y de entrenar con la misma ilusión que siempre. No hay mayor homenaje que algún día brindar una faena y seguir persiguiendo el sueño recordando su ejemplo.
Iván Fandiño con "Podador" de Cuadri.
Pero el mazazo de hoy ha podido ser aún mayor por ser alguien a quien no solo admiraba profundamente desde hace años, sino alguien con quien además tuve la oportunidad de compartir un tentadero hace poco más de un año.
Aquel día tanto de forma consciente como sin saberlo, me marcó profundamente por la forma en la que me trató el Maestro y me marcó el camino a seguir con su ejemplo.
Fue en la ganadería de Aguadulce, donde el Maestro fuese a tentar concretamente en febrero de 2016. Una de las vacas desarrolló la complicación de acostarse bastante pero teniendo recorrido, y tras estar él tremendamente fácil y no excesivamente mucho tiempo, me permitió salir. Dadas mis enormes carencias técnicas entonces y el no saber ver ese defecto tan natural y magistralmente solventado por el matador, no tardé en acabar en el suelo en el tercer muletazo viéndome cogido siempre. Y él me dijo algo así como "un animal con los cuernos cortados lo más que te va a hacer es darte una paliza, ¿a qué le temes? El que de verdad hace daño es el toro." Pero antes de permitirme volver, me explicó cómo la clave estaba en abrirla al embarcarla y después de esto logré pegarle varios muletazos a aquella vaca.
Una vez ya devuelta, Iván fue a buscarme y me dijo "chaval perdona si me he pasado porque estás muy muy verde y te he arreado, pero es que esto es así, todos los días y si no mira por ejemplo a José Tomás, que está rico podrido y cada vez que torea se arrima como si no tuviese nada."
 
Iván Fandiño como todos sabrán era vasco, de un pueblo llamado Orduña, y si difícil es ser torero en una región donde hay ferias y ganaderías, más aún lo es en una zona como el Norte, donde aunque también hay gran tradición taurina, arrancar una carrera como torero es una labor altamente difícil.
Por ello, para su aprendizaje y rodaje tuvo que trasladarse por toda España, sobre todo por zonas donde proliferan capeas, donde se vive la más absoluta dureza, así como por supuesto en las zonas ganaderas por excelencia.
Iván salió adelante y se curtió en tan dura escuela, debutando con picadores en 2002 y tomando la alternativa en Bilbao en 2005, pero su carrera tardaría varios años en arrancar, siendo muy contadas las oportunidades, en las que siempre salía a cara o cruz e incluso rozando la temeridad, como cuando entró a matar sin muleta en Bilbao a un toro de Torrestrella. Luego su carrera comenzó a levantar vuelo cuando en 2009 triunfó en Bilbao cortando una oreja a un toro de La Quinta y sus actuaciones a lo largo de esa temporada en Las Ventas, donde sin cortar orejas, caló en la afición. Madrid sería su plaza, la que vería sus más grandes actuaciones y la que le lanzaría.
Iniciando su faena a "Malicioso" de Fuente Ymbro.
Luego no se me olvidarán las grandes actuaciones que tuvo en 2011 como fueron la faena del pantalón vaquero al toro de El Montecillo o su emocionantísimo encuentro con el bravo "Podador" de Cuadri, ambos en Las Ventas.
Tampoco en 2012 aquel mano a mano con David Mora con "victorinos" en La Maestranza, ni su encerrona en Bilbao, una gesta que regaló a la afición y además donando sus honorarios a causa benéfica y a penas un mes después, otra encerrona en Valencia en la que aceptó el reto de torear los seis toros tras caerse del cartel Javier Castaño por sufrir una cornada.
También recordaré su faena a "Malicioso", aquel toro jabonero de Fuente Ymbro que desorejó en Pamplona y por supuesto la heroica tarde del 13 de mayo de 2014, cuando tras bastantes días dejando la puerta entreabierta con orejas de peso, logró al fin alcanzar el sueño de abrir a ley la Puerta Grande de Las Ventas, cortando dos orejas a una corrida de Parladé, en la que además realizó la hazaña de entrar a matar sin muleta a su segundo.
Llegaba Iván aquí a la cumbre de su carrera, dispuesta a romper definitivamente en 2015. Para comenzar ésta decidió lanzar un órdago impresionante: encerrarse con 6 toros en Las Ventas el Domingo de Ramos y además, estoquear después en la Feria de Abril de Sevilla la corrida de  Miura.
Sin embargo, esta corrida en solitario, en la que levantó una expectación impresionante, no alcanzó el éxito esperado. A toro pasado se habló de todo, que si era una completa locura hacer algo así nada más empezar el año o simplemente que era la evidencia de que todo el ambiente e ilusión que despertaba el torero vasco habían sido espejismo o simple golpe de suerte.
Pienso que se maltrató de horrible forma a Iván Fandiño tras esta corrida, sin ir más lejos en las crónicas que se le escribieron en medios importantes, algunas de las cuales, la presentaron como un absoluto fracaso por parte del torero, cuando no lo fue. Es más, aunque no pudiese por las circunstancias dar una grandiosa tarde como hubiese querido, Iván, por el simple hecho de atreverse a hacer ese gesto de estoquear 6 toros, de las ganaderías que eran y en la primera plaza del mundo como homenaje a su afición y en agradecimiento por tanto como le había dado, es y será motivo de absoluto respeto, reconocimiento y admiración simplemente por el hecho de atreverse a afrontar semejante gesta.
 
Sin embargo, tras esta corrida, Fandiño entró claramente en un momento muy difícil, por frenar su ascensión y por el peso que tuvo para él esa corrida moralmente.
En Sevilla desgraciadamente le vimos aquella Feria desangelado y frío, siendo sus actuaciones todas ellas dignas pero sin ningún eco ni repercusión. No se me olvidará su imagen, en el patio de caballos de Sevilla aquella Feria de 2015, apartado en un rincón junto a su fiel apoderado y amigo Néstor García, con el capote de paseo sostenido sobre ambas manos entrelazadas, con el rostro serio a más no poder. Es difícil definirlo, pero nadie me ha impresionado nunca tanto.
Con "Grosella" de Parladé.
A lo largo de la temporada logró sobreponerse poco a poco, estallando finalmente tras triunfar con fuerza en Mont-de-Marsan con una corrida de La Quinta, aunque la temporada tampoco acabó de terminar como él deseaba. En 2016 y lo que iba de 2017, Fandiño luchó por recuperar el sitio perdido, observándose un paso adelante en su toreo. Una madurez sin salirse de su concepto de siempre que nos decía que el mejor Fandiño estaba aún por llegar y que en cualquier momento podría estallar y pegar un aldabonazo de verdad. Actuaciones soberbias y donde dio muestras de este extraordinario momento las vimos en Bilbao el pasado agosto o hace unas fechas en Arles con la corrida de Pedraza de Yeltes.
Todo para llegar a estar fatídica tarde, en la que en el ruedo francés de Aire sur l´Adour, un ejemplar de Baltasar Ibán pusiera fin a su historia.
Con el mismo traje teja y oro con el que abriese la Puerta Grande madrileña, Iván ya le había cortado una oreja a su primero y seguro iba decidido a salir a hombros, sobreviniendo el percance cuando no dejó pasar la oportunidad de quite en el toro de Juan del Álamo.
 
En este espectáculo, aunque la mayor parte de las veces lo olvidemos o no queramos recordarlo, la muerte, silenciosamente, siempre saca su entrada y sí, aquí, si hay que morir, se muere de verdad.
Solo por esto, por el riesgo que asume todo aquel que se viste de luces para ponerse delante de un toro, hasta a la persona más absolutamente antitaurina del mundo debería producirle al menos respeto, ya no digo admiración ni que llegue a entender el porqué de ponerse delante de un toro ni el de ir a ver este espectáculo, simplemente respeto por ser capaz de afrontar eso cada tarde.
Todo aquel que se viste de luces asume el riesgo de no saber si regresará y es consciente de que puede llegar a perder la vida. Entonces, ¿por qué jugarse la vida de esa forma? ¿por locura? ¿por dinero? ¿por qué? Ciertamente, aunque mucho hay de locura y el dinero es algo que viene y que obviamente se exige como corresponde, se torea porque es más fuerte el sentimiento, el veneno del toreo, el afán de expresar algo que se lleva dentro y de que esa obra sea reconocida y vivida por un público emocionado y esto solo puede realizarse ante un toro bravo.
El toreo tiene mucho de arte y a la vez también mucho de heroicidad, pero nada de esto tendría verdadero sentido, verdadera importancia y grandeza, si la muerte no estuviese siempre presente. Es por ello que ésta nuestra Fiesta no puede ser clasificada ni comparada con absolutamente nada en el mundo, porque es en sí un mundo a parte.
Por ello, estoy convencido de que Víctor Barrio tenía razón: "la tauromaquia no hay que defenderla; hay que enseñarla." Y durante su vida hizo cuanto pudo por enseñarla, sobre todo a los más pequeños, marcándonos un camino que seguirá su fundación y por el que todos los aficionados deberíamos poner nuestro grano de arena para continuarlo. 
 
A Iván Fandiño le recordaremos siempre como un grandioso torero. Un torero que dio absolutamente toda su vida por la profesión que amaba y que cada tarde salía a darlo todo. Un torero con un concepto basado en el valor más sincero, la entrega más absoluta y una heroicidad que muchas veces, si era necesario, atropellaba la razón. Y además, detrás de todo eso, estaba un sentimiento profundo y un gusto por el toreo puro, el que mandan los cánones, el toreo sin trampa ni cartón y el que se templa y se manda cargando la suerte y exponiendo de verdad.

Respecto a los antitaurinos, quiero creer que la mayoría simplemente lo son por desconocimiento y que no se alegran de la muerte de un ser humano por el hecho de haber sido torero, pues la humanidad está por encima de todo eso. Y si estoy equivocado, habremos fracasado como sociedad, aunque aún tengo esperanza en que no.
A aquellos miserables que volverán a salir de sus escondites para verter mensajes horribles mofándose de la muerte de Iván Fandiño, como lo hicieron de la de Víctor Barrio y hasta de la de Adrián Hinojosa, no les demos el obsequio del insulto. No merecen que nos rebajemos a su nivel infrahumano, pues en realidad es lo que buscan. Por mucho que lo que se merezcan tampoco merezca ni decirlo, no les hagamos ese regalo y perdonémosles porque no saben lo que hacen...
 
Gloria a todos aquellos que se visten de luces para honrar a esta profesión cada tarde.
Gloria para Víctor Barrio. Gloria para Iván Fandiño.
La eternidad es vuestra y vuestro recuerdo siempre seguirá vivo.
 
 
Mario García Santos (mario_garsan)

domingo, 7 de mayo de 2017

Sábado de farolillos: toros de El Pilar para Juan José Padilla, Antonio Ferrera y Alberto López Simón

Primeramente, antes de comenzar esta entrada, me gustaría pedir disculpas a todos aquellos seguidores de este portal que esperaban mis crónicas de esta Feria, pues por motivos fundamentalmente de estudios no he podido asistir a buena parte de las corridas y no he tenido tiempo de escribir las crónicas.
Tras 12 festejos, llegamos a la penúltima del ciclo en este sábado de farolillos, en el que, con más de media entrada, han hecho el paseíllo Juan José Padilla, Antonio Ferrera y Alberto López Simón, que lidiaron una corrida de El Pilar, hierro salmantino perteneciente al llamado encaste "Aldenueva". Éstos tuvieron un juego muy desigual, sobresaliendo de todos ellos, el excelente tercero.
 
Natural de Padilla al cuarto de la tarde.
(Berhoo vía mundotoro.com)
Juan José Padilla llegaba hoy a su segunda y última comparecencia en la feria, doblete merecido por su triunfo el pasado año. El jerezano se las vio en primer lugar con un toro complicado, que de salida le puso en apuros al venírsele cruzado y muy por dentro. Invitó a Ferrera a banderillear, algo muy dificultoso con un toro que acortaba y echaba la cara arriba. Inteligente y conocedor de los terrenos, Juan José colocó los dos pares de dentro a fuera, el último un espectacular violín, mientras que el extremeño se asomó al balcón exponiendo una barbaridad.
A base de firmeza y trazo en línea recta en el comienzo y las primeras series, Juan José logró hacer romper al toro, al que cuajó varias series, que, aunque cortas y sin el esperado eco en el tendido, tuvieron gran ajuste. Labor a menos rematada de buena estocada por la que saludó una ovación.
Padilla en un espectacular par al violín. (Berhoo vía mundotoro.com)
El cuarto resultó noble y con recorrido pero muy a menos, hasta el punto de casi echarse a final de faena. Padilla, que de nuevo banderilleó con exposición y magisterio, estuvo con él sereno y acertado, pues supo darle la distancia y administrar las tandas a sabiendas de lo que podía durar el ejemplar. De nuevo Juan José dejó series cortas ligadas, templadas y con ajuste, pero cuando quiso exprimirlo en una tanda larga, el toro entregó la cuchara. De nuevo buena estocada y ovación con saludos.
Su estilo puede gustar más o menos, y sin cuestionar en absoluto su entrega y la responsabilidad asumidas por el matador jerezano en toda esta feria, aunque, personalmente, en muchos momentos de esta corrida eché de menos su entrega desmesurada, pues por algo se le conoce como "El ciclón de Jerez".
"Bellito", excelente ejemplar lidiado en tercer lugar (Arjona vía aplausos.es)
Pase de pecho mirando al tendido de Simón
(Arjona vía aplausos.es)
Nos saltamos en este caso la antigüedad para decir que López Simón tuvo en primer lugar a otro de los grandes toros de la Feria. Era un colorado de nombre "Bellito" y lo cierto es que lo era. De armónicas hechuras, un peso coherente como el de 507 kilos y una lámina preciosa y acorde al prototipo "aldenueva". En el recibo capotero dejó el toro patente su clase, su humillación, su largo recorrido y su temple natural, lo que mantuvo en el peto y además fue rompiendo más a lo largo de la lidia. Bien el torero madrileño comenzando directamente a torear sobre la diestra, en la que sería una faena templada, muy ligada y limpia, aunque abusase de mirar al tendido en los remates y no terminó de exigirle de verdad por abajo ni de dar profundidad a los muletazos.
 
 
 

 
 
López Simón en el precioso final por bajo genuflexo.
(Berhoo vía mundotoro.com)
 La faena de Simón fue muy seria, torera y en ella anduvo muy relajado y a gusto, pero todos en el tendido nos quedamos perplejos cuando tomó la espada cuando el toro aún tenía más dentro. Precioso el final de faena por bajo, pero deficiente su espada, dejándose el brazo atrás, esfumándose así el premio de una oreja bien ganada. Pero el toro había sido de triunfo grande y como tal, al igual que Simón, fue ovacionado con fuerza.
Con el que cerró plaza, poco pudo hacer ante una embestida descompuesta y de corto recorrido, siendo silenciado por un público impaciente por abandonar el coso tras prolongarse mucho el festejo con la devolución del cuarto toro.
 
Pero Antonio Ferrera bien merece un capítulo a parte y, aunque en la reseña simplemente aparezca "vuelta tras petición y bronca al palco y vuelta tras dos avisos", su actuación fue realmente magistral, grandiosa, cumbre, pletórica y todos los adjetivos se quedan cortos.
Antonio como es sabido sufrió un percance en la plaza de toros de Muro (Baleares) el 21 de junio de 2015, sufriendo la "fractura luxación del antebrazo derecho", lesión que le acabó obligando a cortar esa temporada. La situación siguió complicándose y anunció que no podría llegar a punto a las primeras ferias, perdiéndose Abril y San Isidro, pero finalmente no pudo reaparecer en toda la temporada 2016. Recordemos que, en la Feria de San Miguel de ese año se había dejado un puesto por designar junto a Morante y Roca Rey, el cual estaba reservado a él a pesar de ser imprecisa su presencia. En Sevilla se le seguía esperando, pues recordemos que en 2015 y también en 2014 había realizado la mejor faena de la Feria de Abril, ambas a toros de Victorino Martín, misma ganadería con la que reapareció en La Maestranza el sábado pasado. Por tanto su doblete era más que merecido y justificado y no nos defraudó, regresando con ilusiones renovadas y con aún más poso y magisterio. Ferrera siempre fue el maestro de todas las lidias posibles y esta tarde lo volvió a demostrar.
Natural de Ferrera al segundo. (Berhoo vía mundotoro.com)
A su primero, un manso que descaradamente emprendió la huida, lo lidió y banderilleó con primor, para luego hacerle faena en toriles, adonde se largó el ejemplar. Allí Ferrera se le impuso con técnica, aplomo, oficio, sitio y temple, acabando por dominarlo y por hilvanarle una faena entregada y torera, repleta de matices y en la que se impuso absolutamente a un ejemplar que se movió con sosería, sin entrega y sin clase. La estocada, aunque fulminante, quedó un poco caída, único pero que se le puede poner a su actuación, por la que se solicitó con fuerza la oreja, siendo abroncado el usía y dando la vuelta al ruedo el matador.
Más tarde, en el quinto, de nombre "Sombrerero", colorado y de 509 kilos, sorprendió recibiendo la primera inercia con una larga invertida de espaldas y luego, una vez lo recogió, se lo sacó pegando lances hasta los medios, componiendo con su particular estilo, jugando los brazos y abriendo los vuelos con compás, ganándole terreno con puro sentimiento y parando el tiempo en las verónicas y las dos medias en el centro. No se podía torear más despacio y por ello arrancó la banda y crujió la plaza.

Ferrera recibiendo al quinto. (Berhoo vía mundotoro.com)
 
Tras llevarlo al caballo corriendo para atrás y rompiéndolo hacia delante, nos hizo recordar a Joselito "El Gallo" quitando el toro de un caballo sin peto derribado, pues lo sacó del peto directamente toreando con templadísimas e inspiradas caleserinas. El toro estaba demostrando una clase y un galope sensacionales y Ferrera ya se había acoplado y roto con él, por lo que presagiábamos faena grande. Sin embargo, tras dos buenos pares de poder a poder, cuando se disponía a colocar el tercero

Larga de remate al quite.  (Berhoo vía mundotoro.com)
al quiebro, "Sombrerero" se partió la mano izquierda cuando le cerraban en el burladero y hubo de ser devuelto, para desgracia del público y del torero. Seguramente, de forma antirreglamentaria por haber cambiado el tercio antes de sacar el pañuelo verde, pero la coherencia va en beneficio del espectáculo y está por encima de cualquier reglamento. Muy bien ahí D. Gabriel Fernández Rey.
Por cierto, he de decir que fue una lamentable imagen el tener que ver al bravo ejemplar arrastrarse por el ruedo tratando de seguir a los mansos, lo cual obviamente era imposible y finalmente fue apuntillado (soberbiamente por cierto) por Enrique Lebrija; eso sí, tras eterna espera.
Después de tan tremenda desilusión y tan largo parón, salió el quinto bis, del mismo hierro y de nombre "Guajiro", el cual desde salida dejó clara su condición noble y su buen son, a la par que su escasa fortaleza y su embestida con la cara alta y sin transmisión: un toro que le hubiese servido a muy poquitos toreros del escalafón actual.
 (Berhoo vía mundotoro.com)

Ferrera no cesó en su empeño y volvió a lucirse de capa y con los palos, para luego dar una auténtica lección con este toro. El ejemplar era muy soso, por tanto había que ponérselo todo y tener exquisito temple para marcarle el camino y por supuesto para no dejarlo caer. Antonio estuvo colosal con este toro, en una faena de menos a más, en la que toreó a media altura extremadamente despacio, ligando los muletazos, desmayándose, rompiéndose y llevando con sentimiento la embestida. Faena larga, en la que siempre anduvo en torero, toreó sin toro y amoldó y rompió al toro a base de temple. Hubo sentimiento profundo en el torero y entrega total del público, que llegó a ponerse de pie. Profundos fueron derechazos y naturales y carteles de toros los pases de pecho a la hombrera contraria. Un trincherazo duró una eternidad. Unos ayudados por alto, purísimos, enroscados, despaciosos y sentidos pusieron broche de oro a la faena.

(Arjona vía aplausos.es)
Sonó el aviso cuando entraba a matar, donde, a pesar del toque abajo, el toro le echó la cara arriba, no le dejó pasar y le cogió dramáticamente por el pecho, milagrosamente sin consecuencias. De nuevo, le volvió a voltear en la segunda entrada, esta vez empitonándolo en el cuello sin ser herido. Finalmente logró una buena estocada sorteando los pitones con habilidad y sonó el segundo aviso cuando el toro iba a doblar.
La espada se llevó una oreja de enorme peso, pero la vuelta al ruedo fue de absoluto clamor.

 (Berhoo vía mundotoro.com)
Su paso por Sevilla le da a Antonio Ferrera un cartel tremendo, pues aquí ha dado fe de su evolución, de su madurez y del extraordinario momento en que ha regresado. Lástima que tengamos que esperar a 2018 para volver a verle en La Maestranza.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

Morante, banderillero de antaño

Muchas veces habrán escuchado que Morante de La Puebla ha resucitado en su toreo la tauromaquia añeja y ciertamente, parte de su genialidad está en haber sabido rescatar detalles perdidos e introducirlos en su tauromaquia para enriquecerla.
El Maestro es un gran estudioso del toreo antiguo y con ello hago alusión al del siglo XIX y sobre todo la primera parte del XX. Solo con lo que me viene ahora mismo a la memoria, podemos recordar detalles como el recibir al toro a una mano, las antiquísimas tijerillas que también en alguna ocasión ha realizado, su toreo a dos manos que tiene tan tremendo sabor ya lo realice por alto, por bajo e incluso sobre las piernas, las medias verónicas y los molinetes abelmontados, abaniqueos, tocaduras de pitón como alarde... También recordamos detalles más puntuales como el de tomar una silla para torear como hacía el mismísimo Rafael "El Gallo" o el secarse el sudor con el pañuelo de la chaquetilla con el toro delante como hiciese Joselito "El Gallo".
Por supuesto, no hay nada más antiguo ni a la vez más nuevo y por tanto eterno que hacer el toreo clásico, el toreo profundo, el toreo puro e imprimiéndole gran sentimiento, estética, compás, temple e improvisación, siendo por ello por lo que verdaderamente es una gran figura del toreo. Sin embargo, todos esos detalles que el Maestro rescata no hacen sino enriquecer aún más sus obras, pues además todo lo que se le haga a un toro con verdad, sentimiento y torería tiene cabida e importancia.
Rafael El Gallo citando para banderillear.
(foto tomada del blog La Razón Incorpórea)
Esta resurrección de lo antiguo en su toreo, está patente también en su personalidad para poner las banderillas y con ello no me refiero a su estilo rehiletero (que también) sino a lo esporádico de sus tercios.
También en esto tiene José Antonio mucho de antaño, pues antiguamente, el 90% de los matadores eran también banderilleros, sin embargo, muy pocos eran grandes maestros de este tercio. Según pude leer en un libro de un aficionado que había vivido la evolución del toreo durante el siglo XX, la regla no escrita, estipulaba que cuando un matador cogía los palos, más aún si no era un gran especialista en esta suerte, era para dar a entender al público su gran disposición y/o las posibilidades de faena grande que veía en las condiciones del toro. Por tanto, que esto ocurriese era algo extraordinario y sorprendía al público.
Sin embargo, la gran mayoría de los matadores, aunque no fuesen grandes rehileteros como lo era por ejemplo Joselito El Gallo,  sabían realizar la suerte, pues era habitual que entre los compañeros de terna se invitasen a compartir tercio. Era un espectáculo muy esperado por el público, pues a la vez que coordinación para "jugar con el toro", había gran competencia entre los matadores.
Morante y Padilla juegan con un toro de Gavira en Jerez en 2010.
Hogaño, vemos contados matadores que son grandiosos especialistas en el tercio de banderillas como son por excelencia El Fandi, Antonio Ferrera, Juan José Padilla y Manuel Escribano. Sin embargo, es rarísima la vez que no han cubierto el tercio, pues por ejemplo, Fandila, en sus 17 años de matador de toros, únicamente se ha dejado sin banderillear dos toros y por una lesión. Sin embargo, y a pesar de que este gran espectáculo es uno de los alicientes por el que el público va a verles, el hacerlo siempre les resta capacidad de sorpresa y es más, les obliga a hacerlo todas las tardes, incluso a aquel toro que no ofrece posibilidad alguna para ello.
Par por los adentros de Joselito El Gallo.
Por otro lado, vemos a la gran mayoría de matadores, que no solo no ponen banderillas, sino que, salvo "El Juli" que dejó de colocarlas y Talavante o Perera que las han colocado en una sola ocasión como sorpresa, no tienen noción alguna en este difícil tercio. ¿Qué les ocurriría si alguna vez les invitasen a compartir tercio? Al igual que existe la competencia en quites, ahora que se demanda mayor rivalidad, ¿se imaginan lo que sería ver a dos figuras máximas compartiendo tercio de banderillas? Eso, que en la tauromaquia antigua era muy habitual, por desgracia, lo hemos ido perdiendo hasta hoy.
Morante asomándose al balcón en Las Ventas en el año 2007. Aquella corrida la estoqueó en solitario.
Quizá sea Morante ese único torero que, ni es un verdadero especialista en el tercio ni un absoluto desconocedor, sino un rehiletero seguro y también artista y conocedor de las máximas de esta suerte, la cual nos la tiene guardadas en su repertorio para sorprendernos en cualquier momento.
Recordemos, como pequeño ejemplo, cuando nos regaló tercios de banderillas en El Puerto de Santa María en 2006 con un toro de Núñez del Cuvillo, en Jerez en 2010 a un toro de Gavira e invitado por Padilla, en Alicante el mismo año a un toro de Juan Pedro Domecq invitado por Esplá o en la Goyesca de Ronda de 2012 cuando estoqueó la corrida en solitario.
Apariciones esporádicas sí, pero si las repasamos han sido muchas y buenas. La última el pasado jueves de farolillos en La Maestranza, al toro "Ropalimpia" de Núñez del Cuvillo.
En esa ocasión el Maestro nos volvió a sorprender y también nos hizo ver que, con o sin intención, hasta en eso tiene inspiración en antaño, pues, como dijese el propio Morante: "mi arte no me pertenece."
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

domingo, 23 de abril de 2017

Becerrada de selección en Camas

(Aún pendiente de ser completada con fotografías)
Hoy, domingo 23 de abril de 2017, se celebró en la plaza de toros de Camas, la tercera becerrada de selección del certamen en el que colabora la Junta de Andalucía con el objetivo de promocionar los nuevos valores de las escuelas taurinas andaluzas. Este certamen, que además tiene como premio gordo para el ganador el de la clasificación directa (sin pasar por la criba de los tentaderos de selección en "Cortijo Arenales") para las novilladas televisadas de Canal Sur del próximo año, supone una gran oportunidad para todos los becerristas, no solo por ese premio gordo, sino por ofrecer la posibilidad de anunciarse, que su nombre suene y por supuesto de ser visto.
Antes de comenzar con la crónica, quiero recordar que estos festejos son necesarios, pues todos los matadores de toros fueron un día becerristas y maletillas en busca de un sueño, y con carencias técnicas que se deben suplir con las ganas y la ilusión. Por lo tanto, no podemos ser muy duros con quienes llevan tan poco tiempo en esto.
 
Con casi lleno en los tendidos y con cuatro minutos de retraso, los seis actuantes hicieron el paseíllo, todos ellos sombrero en mano excepto Mariano Fernández, quien como alumno de la Escuela de Camas, ya sabía lo que era torear en esta plaza en dos ocasiones en la Feria de septiembre.
Los seis aspirantes sortearon ejemplares de la ganadería de Millares, vacada onubense que lleva por separado tres líneas bien distintas como son Jandilla, Núñez y Atanasio. Ciertamente, desconocemos a cual de las líneas pertenecían los astados, aunque probablemente hubiera becerros de varias de ellas. En cualquier caso, los ejemplares estuvieron bien presentados, sin exageraciones pero con el cuajo acorde a la categoría del festejo. De ellos hemos de decir que, en líneas generales, salieron alegres, con calidad, movilidad y dieron posibilidades reales a los becerristas.

La siempre difícil labor de abrir plaza la llevó a cabo Antonio Javier Abad, de la Escuela Taurina de Córdoba, quien se las vio con un ejemplar realmente excelente, para hacer el toreo soñado. Con el capote anduvo correcto y seguro, tanto en los lances de recibo al primero como en su buen quite por chicuelinas al último. Abad estuvo afanoso y sereno, sin embargo, no se puede pasar por alto el que no aprovechó a tan buen ejemplar pues sufrió multitud de enganchones, hubo demasiados muletazos sin mando ni temple, tirones y sobre todo demasiados pasajes sin verdadero ajuste. Con la espada estuvo también muy desafortunado; no obstante también es justo mencionar que sobre ambas manos logró muletazos de mano baja y despaciosos y fueron buenos los muletazos ayudados por bajo hacia dentro con los que cerró su faena.

En segundo lugar, llegó el turno de Pablo Páez, perteneciente a la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, cuyo becerro, aun con su tendencia a acostarse un tanto, también le permitió desplegar su toreo. De capa, tras pararlo, acabó por templar al ejemplar y por pegarle dos lances encajado que remató abrochando dos medias con mucho gusto, mientras que al primer novillo le había recetado un quite por saltilleras. Páez, que se presentaba a este certamen por tercera vez dio muestras de su gran evolución y sobre todo de una gran disposición. Comenzó con el pase cambiado en los medios la que sería una faena de menos a más. Pablo pronto encontró el sitio del becerro, a través de la técnica le marcó el camino para tratar de corregirle su tendencia a acostarse y lo acabó dominando pudiéndole, aunque a final de faena, por exceso de confianza o pérdida de respeto casi que se dejó pegar varias volteretas. Primero con la diestra y luego con la zurda, colocándose en la distancia corta y en ocasiones escondiendo un tanto la pierna de salida aunque sin perder verdaderamente la profundidad, recetó muletazos de mano baja, dejándosela muerta en la cara y tirando con temple y encajado en los riñones. Media estocada caída tuvo efecto fulminante y le permitió pasear merecidamente las dos orejas.
 
Pablo Páez toreando sobre la zurda al segundo de la mañana.
Luego actuó con otro buen añojo Manuel Osuna, de la Escuela Taurina de Écija, quien también tuvo una actuación importante. Su labor fue todo entrega, con la que suplió las carencias que pudiese tener. Toreó con una muleta pequeña, haciendo el toreo clásico, de mano baja y profundidad y manteniendo en todo momento la intensidad, siendo largas las series y con diversidad de remates como trincherazos, molinetes y pases de pecho de rodillas entremezclados con el toreo fundamental. Casi entera pero en perfecto sitio, la estocada tuvo efecto fulminante y a sus manos también fueron a parar con justicia las dos peludas.

Derechazo de Manuel Osuna al tercer becerro.
En cuarto lugar llegó el momento de Manuel Romero, de la Escuela Taurina de Sevilla-Amate, cuyo novillo tuvo más teclas que tocar. Recorrido más corto, embestida por dentro y con genio, sin embargo era pronto y obediente a los toques. En muchas ocasiones se le vio nervioso y sufrió muchos enganchones y achuchones, pero logró ligar los pases estando dispuesto y voluntarioso. Acabó cortando una oreja, sin embargo, tampoco podemos obviar en este caso el hecho de que en ocasiones se le vio como con ganas de acabar, sin ir más lejos en la vuelta al ruedo a ritmo vertiginoso y también en gran parte de los muletazos, aunque mostró buena estética, perdía el paso antes de vaciar, es decir, se quitaba sin descaro antes de acabar. Seguro que puede dar mucho más de sí.

Media verónica de Manuel Romero en su turno de quite al tercero.
El quinto capítulo corrió a cargo de Mariano Fernández Torrejón, joven de Coria del Río y perteneciente a la propia Escuela Taurina Municipal de Camas, a quien cupo en suerte un ejemplar de mucha calidad pero mucho más justo de fuerza que sus hermanos. Desde el comienzo a porta gayola dejó claras sus intenciones, y continuó arreando en el recibo capotero a pesar de que le arrancase el percal. Su faena tuvo el perfecto equilibrio entre serenidad y fibra, una mezcla muy difícil de igualar. Toreó Mariano con gran temple arrastrando la muleta con la zurda, encajado en los riñones y quedándose para ligar. También hemos de mencionar que en ocasiones, por sus ganas acabó agobiando al becerro atacándole encima. Sin embargo, Mariano nos regaló los muletazos más lentos de la mañana y tampoco faltaron los entregados pases de rodillas. Tras un pinchazo, una estocada defectuosa hizo doblar al becerro y de forma igualmente merecida, le fueron concedidas las dos orejas.
Mariano Fernández Torrejón en un pase de pecho al quinto becerro.
Cerró plaza Antonio Manuel Carbonell, alumno de la Escuela Taurina de La Algaba, quien sorteó un castaño con presencia y con complicaciones. Aunque verdaderamente no acabó de despertar y estuvo muy frío, mostró actitud recibiendo con una larga cambiada de rodillas y estando voluntarioso a lo largo de su faena, en la que sufrió varios achuchones y porrazos de los que se recompuso; sin embargo, el trasteo no fue digno de mención, pues no tuvo la enorme disposición de sus compañeros de cartel. Finalmente, mostró que la suerte suprema es uno de sus puntos fuertes y su contundencia estoqueadora le permitió cortar una oreja.
 
Como broche del entretenido festejo, los triunfadores Pablo Páez, Manuel Osuna y Mariano Fernández salieron en hombros. Aún quedan otras dos becerradas por celebrarse, las de Motril y Sanlúcar de Barrameda y de los 30 participantes, solo seis se clasificarán para la final del próximo 12 de mayo en la plaza de Osuna.
 
Para finalizar, y como ya he hecho en otras ocasiones, me gustaría volver a resaltar la importancia  que tienen estos certámenes, más aún en tiempos en los que se dan muchos menos festejos menores y en los que, los jóvenes toreros, podemos tener una oportunidad de, primero vernos anunciados, después de poder torear, rodarnos y cuajarnos, y por supuesto de empezar a saber lo que es “enfrentarse” a un público. Pero sobre todo, y para mi lo más importante, poder sentirse torero solo con el hecho de disfrutar de hacer el paseíllo y de ponerte delante del animal.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)
 

domingo, 16 de abril de 2017

Domingo de Resurrección 2017: Toros de Núñez del Cuvillo para Morante, Manzanares y Roca Rey

(Las fotografías han sido tomadas de los portales taurinos aplausos.es y mundotoro.com)

Hoy, domingo 16 de abril, comenzaba por fin la temporada 2017 en La Maestranza, en tan emblemática y prestigiosa fecha como es la del Domingo de Resurrección.
Para la cita se había anunciado un cartel de verdadero relumbrón con dos figuras y un joven matador llamado a serlo. La terna estoqueó una corrida de un hierro de prestigio y de predilección de muchos toreros como es el gaditano de Núñez del Cuvillo.
La corrida, por la fecha, por el cartel y por supuesto por la plaza tenía todos los alicientes posibles, y por ese motivo, se colgó el cartel de "NO HAY LOCALIDADES PARA HOY" en la taquilla, lo cual, ya de por sí era un gran éxito. Sin embargo, por desgracia, se acabaría cumpliendo el maldito dicho de "Corrida de expectación: corrida de decepción". 
Con unos cinco minutos de retraso, para que la saturación de entrada de público pudiera ser sofocada, sonó el primer cerrojazo de la temporada en La Maestranza, haciendo el paseíllo Morante de la Puebla, José María Manzanares y Andrés Roca Rey. Bien estuvo Sevilla guardando un minuto de silencio en memoria de Manolo Cortés, Pepe Ordóñez y Adrián Hinojosa, fallecidos recientemente.

La corrida del hierro gaditano estuvo bien presentada, pero dio poco juego en conjunto a consecuencia del denominador común de la falta de fuerza, de raza, de motor, de fondo y de casta. Sin que los ejemplares estuvieran visiblemente acochinados, la báscula nos indicó que a los ejemplares les sobraron kilos. Casualmente, el único toro potable fue el quinto, el de menos peso de los seis. Los toros que suelen embestir de esta ganadería y de la mayor parte, son los que rondan los 500 kilos. Recordemos por ejemplo al gran "Arrojado", toro de exactamente media tonelada. Pero, cuando se confunde romana con trapío y se exigen toros con alto pesaje y al mismo tiempo no se tiene caja ni motor para albergar ni mover esos kilos, podemos acabar llevándonos fiascos ganaderos como el de hoy.
Morante lidió en primer lugar a un ejemplar manso, con tendencia a la huida pero toreable. Logró romper la tarde con buenos lances de salida y su faena de muleta fue una lección magistral. Comenzó arqueando las piernas, pudiendo, llevando toreado, templando y sujetando al toro, para luego recetarle dos series sobre la diestra en las que hubo varios muletazos verdaderamente profundos, puros, hondos y muy por abajo, que seguramente fueron lo mejor de toda la tarde. El toro ya tenía poquito más y aunque siguió intentándolo con oficio y voluntad, acabó cogiendo la espada, con la que emborronó su torera labor, pues el toro se le acabó poniendo muy difícil para entrar a matar. Por ello fue silenciado tras escuchar un aviso.
Derechazo de Morante al primero de la temporada.
Al tercero, toro de Roca Rey, le dejó un buen quite por verónicas de manos altas y capote cerca de la esclavina, rematadas con una despaciosa media por el lado izquierdo, a las que el peruano respondió con un quite escalofriante por saltilleras cambiando varias veces el pitón antes del embroque.
Media verónica de Morante en su turno de quite al tercero.
Con el cuarto, se volvió a mostrar el torero de La Puebla muy firme, valiente y maduro. Aunque el ejemplar nunca llegó a romper, lo lidió con primor y acabó hilvanando, más que ligando, series de gran estética y templanza, no siempre de mano baja por la escasa fortaleza del toro, pero robando muletazos de gran oficio y sentido del temple citando desde la cadera. Precioso fue el inicio por alto y soberbios varios derechazos, naturales y remates, así como torera siempre su forma de torear sin toro.
Fue buena la estocada y justa la ovación que saludó. Ilusiona Morante, que seguro nos regalará momentos para el recuerdo esta temporada a poco que los toros le ayuden.
Natural de Morante al cuarto.
Manzanares se topó en primer lugar con un toro apagado y desfondado, que incluso llegó a echarse en mitad de faena. Trasteo sin brillo que finalizó de forma soberbia, con una gran estocada de efecto fulminante. Lo mejor con este toro llegó con el capote, pues Roca Rey quitó en su turno por chicuelinas de gran conexión y José María le dio la réplica por el mismo palo realizándolas al estilo de las "alicantinas" de mano baja de su recordado padre.
Soberbio natural de Manzanares ciñéndose con el quinto.
Mientras tanto, su segundo fue el único potable del encierro, un ejemplar colorado salpicado y chorreado que tuvo calidad y alegría, aún siendo mirón y faltándole fijeza y entrega. Manzanares no lo exprimió desde el principio, pues las primeras series sobre la diestra, aunque ligadas y componiendo maravillosamente, no tuvieron ajuste ni pureza y hubo demasiados enganchones. Sin embargo fue de menos a más, y resultaron excelentes las series de naturales que luego vinieron.
Toreó el alicantino con el extraordinario paso adelante en su toreo al natural que vimos por primera vez en Las Ventas cuando reventó la plaza la última Feria de San Isidro con el toro "Dalia". Plantas absolutamente asentadas, sin levantar el talón en ningún momento, basando todo en la cintura y la muñeca, enganchando con suavidad y acompañando con naturalidad y gusto. Toreando así arrancó a la música y al público, y finalizó de nuevo sobre la diestra con una serie entregado en la que sorprendió iniciando con un pase cambiado. Le hubiesen pedido la oreja, pero un pinchazo precedió a la buena estocada, levantando además el puntillero al ejemplar de Cuvillo. Saludó una justa ovación del público, aunque perfectamente también podía haber dado la vuelta al ruedo.
 
 
Roca Rey estuvo a la altura de tan importe cita y cartel y estuvo entregadísimo toda la tarde, pero por más que expuso sus toros no le acompañaron.
Su primero fue un melocotón al que dejó sin picar, pero aun así no tuvo fuelle ni fortaleza a pesar de su calidad. Con este ejemplar tuvo lugar el mencionado pique en quites y el peruano brindó al público su faena, que empezó con un pase cambiado y continuó sobre la diestra, mostrándose muy fácil, firme y seguro. Tras ponerlo todo en unas primeras series que no tuvieron la conexión deseada a pesar de su ligazón y su gran ajuste, Roca Rey se pegó un arrimón tremendo, dejándose llegar los pitones a la barriga entre muletazo y muletazo. Finalizó de gran estocada y saludó una merecida ovación.
El diestro peruano en el arrimón final ante su primero.
Con el sexto solo logró brillar de capa en un recibo por verónicas primero de pie y luego de rodillas que remató de una ceñida larga cambiada. También lo dejó sin picar, más aún tras la fuerte vuelta de campana que sufrió el ejemplar, y volvió a exponer y arrimarse con entrega en la faena de muleta. Aunque el toro se acabó venciendo, quedándose corto y acostándose, el peruano no cesó en su empeño y lo intentó por todos los medios, acabando por ser pitado por quienes estaban ya absolutamente frustrados. Mató de estocada tras pinchazo y fue aplaudido.
Derechazo de Roca Rey al tercero.
Hasta aquí lo acontecido en esta primera corrida de la temporada en La Maestranza, en la que, a pesar de la decepción, quedan para el recuerdo unos muletazos profundos y unas lidias toreras y magistrales de Morante, unos naturales de zapatillas clavadas de Manzanares y la entrega absoluta de Roca Rey.
Mario García Santos (@mario_garsan)

martes, 11 de abril de 2017

Real Venta de Antequera: Historia y presente de un lugar emblemático de Sevilla

La Real Venta de Antequera es un lugar célebre de Sevilla, más concretamente del barrio de Bellavista. Sin embargo, a pesar de que es reconocida por su solera y como un lugar con mucha historia, poco conoce de ella el gran público más allá de que en un tiempo lejano se exponían allí los toros que más tarde saltaban a La Maestranza. Con la publicación de esta entrada, simplemente tengo el pretexto de relatar lo que ha sido la historia y la importancia de este enclave, así como el presente y ciertas singularidades que posee.
 
Como es sabido, antaño, el traslado de los animales del campo a la plaza, ante la inexistencia de medios apropiados, se realizaba a pie. A caballo, los vaqueros y mayorales partían con toros y cabestros transitando por las cañadas y veredas, viaje que se prolongaba durante días, semanas e incluso varios meses, por ejemplo cuando una ganadería de Andalucía lidiaba en una plaza del Norte como Bilbao o Pamplona. Para ello, por supuesto, existían también lugares de hospedaje para hombres y animales para hacer escala durante tan largo y laborioso camino.
Estos románticos trayectos, que a menudo ocasionaban hechos increíbles y anécdotas insólitas que bien merecerían un capítulo a parte, a su paso por municipios despertaban gran júbilo y curiosidad entre las gentes, siendo éste uno de los orígenes de los encierros y demás tradiciones populares.

De esta forma, muchas urbes con ferias taurinas de importancia, disponían de dehesas a las afueras en las cuales se recogía el ganado que llegaba por las veredas para luego lidiarse en la plaza. Más tarde, una vez se hubieran repuesto, poco antes de la lidia eran trasladados hasta los corrales del coso, lo cual se realizaba por las mismas calles de la ciudad, siendo éste el origen de los encierros a gran escala como el de Pamplona, hoy ya no concebidos como una forma de transporte sino como un gran espectáculo y una fiesta que gira alrededor del toro.

Estos cercados, corrales o particulares dehesas situados a las afueras, no eran ni mucho menos concebidos para la entrada de público sino como lugares de recogimiento y hospedaje de los toros tras tan largo viaje, del cual se reponían antes de que llegase la lidia. Sin embargo, precisamente en nuestra Sevilla, teníamos el famosísimo paraje de "Tablada", situado al otro lado del río y lugar de
Imagen de archivo, tomada del blog Triana en la Red, que capta
una entrada de toros y cabestros a "Tablada" en el año 1915.
gran fama y concurrencia de aficionados. Desde "Tablada", los toros eran transportados a La Maestranza como digo, a pie y arropados por los cabestros, en marchas dirigidas por los vaqueros y por las propias autoridades del orden. Lógicamente, en más de una ocasión el escape de un toro sembró el pánico en las calles sevillanas, aunque esa es otra historia.

Por cierto que "Tablada" era también escenario de andanzas nocturnas de los aspirantes a toreros, como bien narra Manuel Chávez Nogales en la biografía del mismísimo Juan Belmonte.

Sin embargo, la llegada del ferrocarril a España cambió radicalmente la forma de transportar ganado. Así, éste se introdujo a finales del siglo XIX suponiendo un enorme avance. De esta forma, los animales se encajonaban en la ganadería y eran transportados hasta la estación en carros tirados por bueyes o equinos. En tren se realizaba la mayor parte del viaje y una vez se bajaban los cajones de éste, eran transportados igualmente en carros hasta los corrales de la plaza. Como efeméride, hemos de mencionar que el primer traslado en cajón de un toro se realizó hasta la pionera Barcelona en julio de 1863. Más tarde, el camión acabaría sustituyendo paulatinamente al tren, hasta el punto de que hoy ya rara vez se utiliza éste para transportar los animales.

Imágenes perteneciente a la posguerra, cuando ya los cajones eran transportados de la estación a la plaza en camioneta.
Así, en el caso de Sevilla, la Venta de Antequera, por su proximidad a la estación de tren de Los Merinales, acabó sucediendo a "Tablada" como morada de los ejemplares que más tarde se lidiarían en La Maestranza.
La Venta de Antequera debe su nombre a su fundador, D. Carlos Antequera, mozo de espadas del afamado matador sevillano de finales del XIX y primeros del XX Antonio Fuentes.
Tras retirarse el señor Antequera y hacer dinero con una bodega, adquirió unos terrenos donde fundó en 1916 la primitiva Venta de Antequera, muy cercana al Estadio del Real Betis, al final del Paseo de la Palmera.  Allí daba la vuelta el tranvía y proyectó un lugar para el descanso de viajeros en dirección a Sevilla.
 
Sin embargo, más tarde, llevó a cabo un proyecto más ambicioso e importante, construyendo una nueva Venta en su actual ubicación y para ello, fue capaz de involucrar a los más importantes bodegueros de Jerez como los González Byass, Domecq, Osborne, Marqués de Mérito, Garvey o Agustín Blázquez para que construyesen pabellones-anuncio alrededor de los corrales.
Cada pabellón tuvo distinto estilo, destacando la enorme figura del clásico "Tío Pepe" del de González Byass (hoy ya desaparecida) y en sus acabados se emplearon materiales típicos del movimiento regionalista siendo importante la aportación genial del ilustre maestro ceramista Enrique Orce Mármol, autor de azulejos que son verdaderas obras de arte como el que vemos en la imagen inferior.
Parece ser que su construcción se llevó a cabo entre 1927 y 1929, llegando su período más ilustre con la Exposición Iberoamericana de 1929, cuando tras ser remodelado, el enclave se terminó por convertir en el Pabellón de las Tierras del Jerez.
Fue en estos años cuando la Venta de Antequera labró su prestigio, pues no solo se construyeron unos magníficos corrales para albergar las corridas, sino que se convirtió en un lugar de concurrencia de las más importantes personalidades de todos los ámbitos, un icono absoluto de Sevilla y un referente en el mundo taurino y cultural.
Imagínense la importancia que ésta llegó a tener que albergó un hecho histórico en 1927, el de la primera reunión de los autores de la por ello llamada "Generación del 27", reunidos como homenaje a Luis de Góngora y encabezados por el grandioso torero y personalidad polifacética como fue Ignacio Sánchez Mejías, considerado un miembro más de esta irrepetible generación.
Los sevillanos, aficionados o no, acudían en temporada para presenciar los toros que luego saltarían al ruedo, extendiéndose las colas a lo largo de la carretera y abarrontándose las instalaciones del recinto.
Pero para profundizar más aún, parece oportuno rescatar un fragmento que he hallado en la hemeroteca digital de Castilla y León, perteneciente a una revista sevillana del año 1928, que hace un análisis de cómo se presentaba la temporada aquel año en La Maestranza y dedica el siguiente fragmento a la Venta de Antequera, leyendo el cual, nos podemos hacer también una idea de la magnitud que alcanzó el enclave:
 
"Uno de los primeros espectáculos con que nos obsequia la incomparable primavera en Sevilla, es el encierro en la Venta de Antequera, cosa interesantísima y que es observada con admiración por extranjeros y con verdadera complacencia por los ya habituados a presenciarla. Conduciendo el ganado la víspera de las corridas de Feria a los corrales de la citada venta, en que queda expuesto, toman parte gran número de ganaderos andaluces, aficionados a las faenas de campo, y bastantes aristócratas, habiendo figurado a veces como garrochistas S. A. la Infanta, la Duquesa de Santoña y otras personalidades. De su colorismo, de la nota alegre y campera que en la típica venta pone el encierro, nada que no sea presenciarlo puede dar idea de ello, y es enorme acierto que los corrales se hayan situado en un sitio que pueda dominarse desde las mesas de la venta, mientras se degustan unas sabrosas tapas y brilla bajo el sol de la primavera andaluza el oro de los embrujados vinos de Jerez y Sanlúcar.
La Real Venta de Antequera, es sin duda alguna el rincón más pintoresco de todos cuantos cuenta la incomparable Sevilla."
 
Al parecer, aunque desconocemos durante cuántos años, se realizaba lo que en este fragmento se describe como encierro, el traslado desde el cercano y no menos famoso Cortijo el Cuarto hasta los corrales de la Venta de Antequera, trayecto imposible de realizar en el presente, pues todo lo que entonces era campo (como pueden apreciar en las imágenes inferiores que ilustran el artículo anterior) hoy es suelo urbanizado. En este encierro acompañaban a los toros personalidades muy importantes a caballo como bien es descrito en el artículo.

Por si fuera poco, sobre el 1930, con la visita del monarca Alfonso XIII, quien quedó absolutamente maravillado por la belleza, la solera y todo lo que representaba el lugar, le fue otorgado el título de "Real". Es más, aunque hoy se la conozca como la Real Venta de Antequera, en revisteros de los años 40 y 50 se la menciona como la "Venta Real, antes Venta de Antequera".

Tras la Guerra Civil, la Real Venta de Antequera continuó teniendo renombre y siendo un punto clave en el orbe taurino, tanto por la llegada de los toros como por las reuniones y eventos que en ella se realizaban, así como un lugar que albergaba celebraciones de grandísima importancia como han sido las bodas de celebridades pertenecientes o no al mundo del toro.
Corrida del Duque de Veragua en los cercados de la Venta de Antequera en 1928.
En 1962, se comenzó el proyecto de construcción para dotar también de una plaza a La Real Venta. Así, fue eregida una plaza de ruedo circular, sin callejón, pero provista de burladeros, gradas, corrales e incluso túnel de cuadrillas. Una plaza bonita y sencilla con detalles cuidados, pensada para realizar tentaderos, capeas y becerradas debido a sus pequeñas dimensiones. En esta plaza es sabido que se celebraban, en marco festivo, capeas con aficionados e incluso con extranjeros a modo de divertimento, pero por supuesto, en ella tuvieron lugar tentaderos con absoluta seriedad y solera en los que tenemos constancia participaron figuras del toreo de la talla de Pepe Luis Vázquez o Antonio Bienvenida e igualmente, hubo un tiempo en que se realizaban en ella los tentaderos de selección para las tradicionales novilladas sin picadores que se celebran las noches de verano en La Maestranza, para los que se disponían vacas de imponente presencia.

La plaza de la Real Venta de Antequera en la actualidad.
Sin embargo, todo apogeo acaba decayendo, en este caso por diversas circunstancias como el descontento de los ganaderos ante el riesgo de que se malograsen los toros en los viajes o que, según revisteros de los años 60, por los motivos que fueran, el cuidado de la Real Venta era desastroso y reflejo de su situación.
Así, en el año 1967, hallamos en la revista El Ruedo una escueta noticia que comenta las conversaciones que está manteniendo la empresa de La Maestranza con D. Antonio Ruiz de Alda, hijo político de Ignacio Sánchez Mejías, para exponer las corridas a lidiar en La Maestranza en la cercana y famosa finca "Pino Montano", pues, según expresa claramente, La Real Venta de Antequera va a desaparecer debido a las obras de la carretera Sevilla-Cádiz.

Recorte de la Revista El Ruedo, que en marzo de 1967 da por hecha la inminente demolición de la Real Venta de Antequera con motivo de las obras que se realizan en la carretera de Sevilla a Cádiz.
La forma en la que se evitó su demolición es desconocida y parte de ese secretismo tan propio de las historias que no ocurren de cara al público. El caso es que a primeros de los años 70, tras haber pasado en todos esos años por multitud de dueños, fue adquirida por el constructor y ganadero de bravo D. Gabriel Rojas, quien logró su revitalización, recuperando la exposición de los toros en 1974.
Fuera como fuere, parece ser que la última corrida que se expuso en tan emblemático lugar fue una de Miura y que tomó carácter de verdadero acontecimiento, pues Juan Antonio Ruiz "Espartaco" hizo la gesta de la lidiarla en solitario en la Feria de Abril de 1987.
Trincherazo de "Espartaco" la tarde en que estoqueó en solitario la corrida de Miura en La Maestranza.
La Real Venta acabó cayendo en el olvido, llegando a ser abandonada durante aproximadamente una década e incluso a estar a punto de ser vendida para construirse un supermercado, lo cual afortunadamente nunca se llegó a materializar. No obstante, en 2012 pasó a manos de la sobrina de D. Gabriel, Dña. Dolores Rojas y al marido de ésta, D. Daniel de la Fuente.
Ambos, junto con la empresa Arrendalusa se propusieron devolverle el prestigio a tan emblemático lugar y en 2013 iniciaron el proyecto de restauración y recuperación de todo el conjunto formado por pabellones, jardines, corrales y por supuesto la plaza de toros. Así, tras dos años, lograron la impagable tarea de volverla a dejar hermosa y de esta forma organizaron una reinauguración por todo lo alto.
Tuvo lugar el 13 de noviembre de 2015, día en el que se realizó un tentadero a cargo de Pepe Luis Vázquez y Eduardo Dávila Miura, que torearon dos vacas de las ganaderías de Hnos. Sampedro y Vázquez Gago, teniendo lugar también un espectáculo ecuestre y la correspondiente celebración.
Además, el ganadero D. Fermín Bohórquez tuvo el gesto de ceder tres imponentes ejemplares, que fueron expuestos en uno de los corrales.
Pepe Luis Vázquez con enorme naturalidad y poso, torea a la vaca de Hnos. Sampedro
el día de la reinauguración de la Real Venta de Antequera. (aplausos.es)
Desde antes de la reinauguración, el Club de Aficionados Prácticos está entrenando en sus instalaciones y desde hace un mes, también, la Escuela de Tauromaquia de Sevilla ha trasladado su sede a La Real Venta de Antequera.
La intención de los nuevos propietarios es luchar porque vuelva a ser un lugar de gran importancia en Sevilla y vinculado al mundo del toro. Es por ello que, tanto a través de los aficionados prácticos como los alumnos de la escuela, simplemente con hacer nuestros entrenamientos allí damos a tan emblemático lugar el ambiente taurino que ya de por sí posee. Y sobre todo, este ambiente surge de la celebración de tentaderos públicos a modo de clases prácticas que la Escuela de Tauromaquia de Sevilla tiene previsto realizar periódicamente, como ya se hizo el primero el pasado sábado 1 de abril.
 
 
Cómo expresó en una entrevista radiofónica el señor De la Fuente, el objetivo que tienen sería recuperar la Real Venta en todo su esplendor y volver a traer las corridas de la Feria de Abril a sus corrales, pero se ve muy complicado que empresarios, ganaderos, veterinarios y autoridades den el visto bueno y pongan de su parte para ello.
Igualmente, el simple hecho de haberla remodelado, reinaugurado y estar luchando por volverle a dar ambiente taurino con nuestros entrenamientos y con la celebración de tentaderos ya debe ser motivo de orgullo para quienes han luchado por ella con gran respeto y amor a la Fiesta.
 
Sin embargo, todos los aficionados pensamos lo mismo ¡qué bonito sería ver allí los toros de nuevo! Sería precioso recuperar la tradición, pero recuperar algo décadas perdido es tarea muy complicada.
Pero no es el simple hecho de llevar unos animales a un recinto, es lo que ello supondría. Recordemos que los toros no hay que defenderlos, hay que enseñarlos y exponer los ejemplares en un entorno urbano público es trasplantar un pequeño trozo del bellísimo campo bravo a la ciudad.
La Real Venta de Antequera era un símbolo a nivel internacional, un punto de encuentro de aficionados al toro y sobre todo, el lugar de nacimiento de muchos nuevos. Así, quienes jamás hayan visto un toro de cerca simplemente podrían hacerlo, admirar su grandeza, su fortaleza, su imponente anatomía y su mirada penetrante y profunda.
De esta forma, muchos quedarían cautivados y se comenzarían a aficionar a este mundo o al menos a respetar a quien lo siente y a quien se pone delante.
Esfuerzos así deben hacerse mutuamente, por el bien del TOREO y por crear afición.
Mario García Santos (@mario_garsan)