domingo, 23 de abril de 2017

Becerrada de selección en Camas

(Aún pendiente de ser completada con fotografías)
Hoy, domingo 23 de abril de 2017, se celebró en la plaza de toros de Camas, la tercera becerrada de selección del certamen en el que colabora la Junta de Andalucía con el objetivo de promocionar los nuevos valores de las escuelas taurinas andaluzas. Este certamen, que además tiene como premio gordo para el ganador el de la clasificación directa (sin pasar por la criba de los tentaderos de selección en "Cortijo Arenales") para las novilladas televisadas de Canal Sur del próximo año, supone una gran oportunidad para todos los becerristas, no solo por ese premio gordo, sino por ofrecer la posibilidad de anunciarse, que su nombre suene y por supuesto de ser visto.
Antes de comenzar con la crónica, quiero recordar que estos festejos son necesarios, pues todos los matadores de toros fueron un día becerristas y maletillas en busca de un sueño, y con carencias técnicas que se deben suplir con las ganas y la ilusión. Por lo tanto, no podemos ser muy duros con quienes llevan tan poco tiempo en esto.
 
Con casi lleno en los tendidos y con cuatro minutos de retraso, los seis actuantes hicieron el paseíllo, todos ellos sombrero en mano excepto Mariano Fernández, quien como alumno de la Escuela de Camas, ya sabía lo que era torear en esta plaza en dos ocasiones en la Feria de septiembre.
Los seis aspirantes sortearon ejemplares de la ganadería de Millares, vacada onubense que lleva por separado tres líneas bien distintas como son Jandilla, Núñez y Atanasio. Ciertamente, desconocemos a cual de las líneas pertenecían los astados, aunque probablemente hubiera becerros de varias de ellas. En cualquier caso, los ejemplares estuvieron bien presentados, sin exageraciones pero con el cuajo acorde a la categoría del festejo. De ellos hemos de decir que, en líneas generales, salieron alegres, con calidad, movilidad y dieron posibilidades reales a los becerristas.

La siempre difícil labor de abrir plaza la llevó a cabo Antonio Javier Abad, de la Escuela Taurina de Córdoba, quien se las vio con un ejemplar realmente excelente, para hacer el toreo soñado. Con el capote anduvo correcto y seguro, tanto en los lances de recibo al primero como en su buen quite por chicuelinas al último. Abad estuvo afanoso y sereno, sin embargo, no se puede pasar por alto el que no aprovechó a tan buen ejemplar pues sufrió multitud de enganchones, hubo demasiados muletazos sin mando ni temple, tirones y sobre todo demasiados pasajes sin verdadero ajuste. Con la espada estuvo también muy desafortunado; no obstante también es justo mencionar que sobre ambas manos logró muletazos de mano baja y despaciosos y fueron buenos los muletazos ayudados por bajo hacia dentro con los que cerró su faena.

En segundo lugar, llegó el turno de Pablo Páez, perteneciente a la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, cuyo becerro, aun con su tendencia a acostarse un tanto, también le permitió desplegar su toreo. De capa, tras pararlo, acabó por templar al ejemplar y por pegarle dos lances encajado que remató abrochando dos medias con mucho gusto, mientras que al primer novillo le había recetado un quite por saltilleras. Páez, que se presentaba a este certamen por tercera vez dio muestras de su gran evolución y sobre todo de una gran disposición. Comenzó con el pase cambiado en los medios la que sería una faena de menos a más. Pablo pronto encontró el sitio del becerro, a través de la técnica le marcó el camino para tratar de corregirle su tendencia a acostarse y lo acabó dominando pudiéndole, aunque a final de faena, por exceso de confianza o pérdida de respeto casi que se dejó pegar varias volteretas. Primero con la diestra y luego con la zurda, colocándose en la distancia corta y en ocasiones escondiendo un tanto la pierna de salida aunque sin perder verdaderamente la profundidad, recetó muletazos de mano baja, dejándosela muerta en la cara y tirando con temple y encajado en los riñones. Media estocada caída tuvo efecto fulminante y le permitió pasear merecidamente las dos orejas.
 
Pablo Páez toreando sobre la zurda al segundo de la mañana.
Luego actuó con otro buen añojo Manuel Osuna, de la Escuela Taurina de Écija, quien también tuvo una actuación importante. Su labor fue todo entrega, con la que suplió las carencias que pudiese tener. Toreó con una muleta pequeña, haciendo el toreo clásico, de mano baja y profundidad y manteniendo en todo momento la intensidad, siendo largas las series y con diversidad de remates como trincherazos, molinetes y pases de pecho de rodillas entremezclados con el toreo fundamental. Casi entera pero en perfecto sitio, la estocada tuvo efecto fulminante y a sus manos también fueron a parar con justicia las dos peludas.
 
En cuarto lugar llegó el momento de Manuel Romero, de la Escuela Taurina de Sevilla-Amate, cuyo novillo tuvo más teclas que tocar. Recorrido más corto, embestida por dentro y con genio, sin embargo era pronto y obediente a los toques. En muchas ocasiones se le vio nervioso y sufrió muchos enganchones y achuchones, pero logró ligar los pases estando dispuesto y voluntarioso. Acabó cortando una oreja, sin embargo, tampoco podemos obviar en este caso el hecho de que en ocasiones se le vio como con ganas de acabar, sin ir más lejos en la vuelta al ruedo a ritmo vertiginoso y también en gran parte de los muletazos, aunque mostró buena estética, perdía el paso antes de vaciar, es decir, se quitaba sin descaro antes de acabar. Seguro que puede dar mucho más de sí.
 
El quinto capítulo corrió a cargo de Mariano Fernández Torrejón, joven de Coria del Río y perteneciente a la propia Escuela Taurina Municipal de Camas, a quien cupo en suerte un ejemplar de mucha calidad pero mucho más justo de fuerza que sus hermanos. Desde el comienzo a porta gayola dejó claras sus intenciones, y continuó arreando en el recibo capotero a pesar de que le arrancase el percal. Su faena tuvo el perfecto equilibrio entre serenidad y fibra, una mezcla muy difícil de igualar. Toreó Mariano con gran temple arrastrando la muleta con la zurda, encajado en los riñones y quedándose para ligar. También hemos de mencionar que en ocasiones, por sus ganas acabó agobiando al becerro atacándole encima. Sin embargo, Mariano nos regaló los muletazos más lentos de la mañana y tampoco faltaron los entregados pases de rodillas. Tras un pinchazo, una estocada defectuosa hizo doblar al becerro y de forma igualmente merecida, le fueron concedidas las dos orejas.
Mariano Fernández Torrejón en un pase de pecho al quinto becerro.
Cerró plaza Antonio Manuel Carbonell, alumno de la Escuela Taurina de La Algaba, quien sorteó un castaño con presencia y con complicaciones. Aunque verdaderamente no acabó de despertar y estuvo muy frío, mostró actitud recibiendo con una larga cambiada de rodillas y estando voluntarioso a lo largo de su faena, en la que sufrió varios achuchones y porrazos de los que se recompuso; sin embargo, el trasteo no fue digno de mención, pues no tuvo la enorme disposición de sus compañeros de cartel. Finalmente, mostró que la suerte suprema es uno de sus puntos fuertes y su contundencia estoqueadora le permitió cortar una oreja.
 
Como broche del entretenido festejo, los triunfadores Pablo Páez, Manuel Osuna y Mariano Fernández salieron en hombros. Aún quedan otras dos becerradas por celebrarse, las de Motril y Sanlúcar de Barrameda y de los 30 participantes, solo seis se clasificarán para la final del próximo 12 de mayo en la plaza de Osuna.
 
Para finalizar, y como ya he hecho en otras ocasiones, me gustaría volver a resaltar la importancia  que tienen estos certámenes, más aún en tiempos en los que se dan muchos menos festejos menores y en los que, los jóvenes toreros, podemos tener una oportunidad de, primero vernos anunciados, después de poder torear, rodarnos y cuajarnos, y por supuesto de empezar a saber lo que es “enfrentarse” a un público. Pero sobre todo, y para mi lo más importante, poder sentirse torero solo con el hecho de disfrutar de hacer el paseíllo y de ponerte delante del animal.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)
 

domingo, 16 de abril de 2017

Domingo de Resurrección 2017: Toros de Núñez del Cuvillo para Morante, Manzanares y Roca Rey

(Las fotografías han sido tomadas de los portales taurinos aplausos.es y mundotoro.com)

Hoy, domingo 16 de abril, comenzaba por fin la temporada 2017 en La Maestranza, en tan emblemática y prestigiosa fecha como es la del Domingo de Resurrección.
Para la cita se había anunciado un cartel de verdadero relumbrón con dos figuras y un joven matador llamado a serlo. La terna estoqueó una corrida de un hierro de prestigio y de predilección de muchos toreros como es el gaditano de Núñez del Cuvillo.
La corrida, por la fecha, por el cartel y por supuesto por la plaza tenía todos los alicientes posibles, y por ese motivo, se colgó el cartel de "NO HAY LOCALIDADES PARA HOY" en la taquilla, lo cual, ya de por sí era un gran éxito. Sin embargo, por desgracia, se acabaría cumpliendo el maldito dicho de "Corrida de expectación: corrida de decepción". 
Con unos cinco minutos de retraso, para que la saturación de entrada de público pudiera ser sofocada, sonó el primer cerrojazo de la temporada en La Maestranza, haciendo el paseíllo Morante de la Puebla, José María Manzanares y Andrés Roca Rey. Bien estuvo Sevilla guardando un minuto de silencio en memoria de Manolo Cortés, Pepe Ordóñez y Adrián Hinojosa, fallecidos recientemente.

La corrida del hierro gaditano estuvo bien presentada, pero dio poco juego en conjunto a consecuencia del denominador común de la falta de fuerza, de raza, de motor, de fondo y de casta. Sin que los ejemplares estuvieran visiblemente acochinados, la báscula nos indicó que a los ejemplares les sobraron kilos. Casualmente, el único toro potable fue el quinto, el de menos peso de los seis. Los toros que suelen embestir de esta ganadería y de la mayor parte, son los que rondan los 500 kilos. Recordemos por ejemplo al gran "Arrojado", toro de exactamente media tonelada. Pero, cuando se confunde romana con trapío y se exigen toros con alto pesaje y al mismo tiempo no se tiene caja ni motor para albergar ni mover esos kilos, podemos acabar llevándonos fiascos ganaderos como el de hoy.
Morante lidió en primer lugar a un ejemplar manso, con tendencia a la huida pero toreable. Logró romper la tarde con buenos lances de salida y su faena de muleta fue una lección magistral. Comenzó arqueando las piernas, pudiendo, llevando toreado, templando y sujetando al toro, para luego recetarle dos series sobre la diestra en las que hubo varios muletazos verdaderamente profundos, puros, hondos y muy por abajo, que seguramente fueron lo mejor de toda la tarde. El toro ya tenía poquito más y aunque siguió intentándolo con oficio y voluntad, acabó cogiendo la espada, con la que emborronó su torera labor, pues el toro se le acabó poniendo muy difícil para entrar a matar. Por ello fue silenciado tras escuchar un aviso.
Derechazo de Morante al primero de la temporada.
Al tercero, toro de Roca Rey, le dejó un buen quite por verónicas de manos altas y capote cerca de la esclavina, rematadas con una despaciosa media por el lado izquierdo, a las que el peruano respondió con un quite escalofriante por saltilleras cambiando varias veces el pitón antes del embroque.
Media verónica de Morante en su turno de quite al tercero.
Con el cuarto, se volvió a mostrar el torero de La Puebla muy firme, valiente y maduro. Aunque el ejemplar nunca llegó a romper, lo lidió con primor y acabó hilvanando, más que ligando, series de gran estética y templanza, no siempre de mano baja por la escasa fortaleza del toro, pero robando muletazos de gran oficio y sentido del temple citando desde la cadera. Precioso fue el inicio por alto y soberbios varios derechazos, naturales y remates, así como torera siempre su forma de torear sin toro.
Fue buena la estocada y justa la ovación que saludó. Ilusiona Morante, que seguro nos regalará momentos para el recuerdo esta temporada a poco que los toros le ayuden.
Natural de Morante al cuarto.
Manzanares se topó en primer lugar con un toro apagado y desfondado, que incluso llegó a echarse en mitad de faena. Trasteo sin brillo que finalizó de forma soberbia, con una gran estocada de efecto fulminante. Lo mejor con este toro llegó con el capote, pues Roca Rey quitó en su turno por chicuelinas de gran conexión y José María le dio la réplica por el mismo palo realizándolas al estilo de las "alicantinas" de mano baja de su recordado padre.
Soberbio natural de Manzanares ciñéndose con el quinto.
Mientras tanto, su segundo fue el único potable del encierro, un ejemplar colorado salpicado y chorreado que tuvo calidad y alegría, aún siendo mirón y faltándole fijeza y entrega. Manzanares no lo exprimió desde el principio, pues las primeras series sobre la diestra, aunque ligadas y componiendo maravillosamente, no tuvieron ajuste ni pureza y hubo demasiados enganchones. Sin embargo fue de menos a más, y resultaron excelentes las series de naturales que luego vinieron.
Toreó el alicantino con el extraordinario paso adelante en su toreo al natural que vimos por primera vez en Las Ventas cuando reventó la plaza la última Feria de San Isidro con el toro "Dalia". Plantas absolutamente asentadas, sin levantar el talón en ningún momento, basando todo en la cintura y la muñeca, enganchando con suavidad y acompañando con naturalidad y gusto. Toreando así arrancó a la música y al público, y finalizó de nuevo sobre la diestra con una serie entregado en la que sorprendió iniciando con un pase cambiado. Le hubiesen pedido la oreja, pero un pinchazo precedió a la buena estocada, levantando además el puntillero al ejemplar de Cuvillo. Saludó una justa ovación del público, aunque perfectamente también podía haber dado la vuelta al ruedo.
 
 
Roca Rey estuvo a la altura de tan importe cita y cartel y estuvo entregadísimo toda la tarde, pero por más que expuso sus toros no le acompañaron.
Su primero fue un melocotón al que dejó sin picar, pero aun así no tuvo fuelle ni fortaleza a pesar de su calidad. Con este ejemplar tuvo lugar el mencionado pique en quites y el peruano brindó al público su faena, que empezó con un pase cambiado y continuó sobre la diestra, mostrándose muy fácil, firme y seguro. Tras ponerlo todo en unas primeras series que no tuvieron la conexión deseada a pesar de su ligazón y su gran ajuste, Roca Rey se pegó un arrimón tremendo, dejándose llegar los pitones a la barriga entre muletazo y muletazo. Finalizó de gran estocada y saludó una merecida ovación.
El diestro peruano en el arrimón final ante su primero.
Con el sexto solo logró brillar de capa en un recibo por verónicas primero de pie y luego de rodillas que remató de una ceñida larga cambiada. También lo dejó sin picar, más aún tras la fuerte vuelta de campana que sufrió el ejemplar, y volvió a exponer y arrimarse con entrega en la faena de muleta. Aunque el toro se acabó venciendo, quedándose corto y acostándose, el peruano no cesó en su empeño y lo intentó por todos los medios, acabando por ser pitado por quienes estaban ya absolutamente frustrados. Mató de estocada tras pinchazo y fue aplaudido.
Derechazo de Roca Rey al tercero.
Hasta aquí lo acontecido en esta primera corrida de la temporada en La Maestranza, en la que, a pesar de la decepción, quedan para el recuerdo unos muletazos profundos y unas lidias toreras y magistrales de Morante, unos naturales de zapatillas clavadas de Manzanares y la entrega absoluta de Roca Rey.
Mario García Santos (@mario_garsan)

martes, 11 de abril de 2017

Real Venta de Antequera: Historia y presente de un lugar emblemático de Sevilla

La Real Venta de Antequera es un lugar célebre de Sevilla, más concretamente del barrio de Bellavista. Sin embargo, a pesar de que es reconocida por su solera y como un lugar con mucha historia, poco conoce de ella el gran público más allá de que en un tiempo lejano se exponían allí los toros que más tarde saltaban a La Maestranza. Con la publicación de esta entrada, simplemente tengo el pretexto de relatar lo que ha sido la historia y la importancia de este enclave, así como el presente y ciertas singularidades que posee.
 
Como es sabido, antaño, el traslado de los animales del campo a la plaza, ante la inexistencia de medios apropiados, se realizaba a pie. A caballo, los vaqueros y mayorales partían con toros y cabestros transitando por las cañadas y veredas, viaje que se prolongaba durante días, semanas e incluso varios meses, por ejemplo cuando una ganadería de Andalucía lidiaba en una plaza del Norte como Bilbao o Pamplona. Para ello, por supuesto, existían también lugares de hospedaje para hombres y animales para hacer escala durante tan largo y laborioso camino.
Estos románticos trayectos, que a menudo ocasionaban hechos increíbles y anécdotas insólitas que bien merecerían un capítulo a parte, a su paso por municipios despertaban gran júbilo y curiosidad entre las gentes, siendo éste uno de los orígenes de los encierros y demás tradiciones populares.

De esta forma, muchas urbes con ferias taurinas de importancia, disponían de dehesas a las afueras en las cuales se recogía el ganado que llegaba por las veredas para luego lidiarse en la plaza. Más tarde, una vez se hubieran repuesto, poco antes de la lidia eran trasladados hasta los corrales del coso, lo cual se realizaba por las mismas calles de la ciudad, siendo éste el origen de los encierros a gran escala como el de Pamplona, hoy ya no concebidos como una forma de transporte sino como un gran espectáculo y una fiesta que gira alrededor del toro.

Estos cercados, corrales o particulares dehesas situados a las afueras, no eran ni mucho menos concebidos para la entrada de público sino como lugares de recogimiento y hospedaje de los toros tras tan largo viaje, del cual se reponían antes de que llegase la lidia. Sin embargo, precisamente en nuestra Sevilla, teníamos el famosísimo paraje de "Tablada", situado al otro lado del río y lugar de
Imagen de archivo, tomada del blog Triana en la Red, que capta
una entrada de toros y cabestros a "Tablada" en el año 1915.
gran fama y concurrencia de aficionados. Desde "Tablada", los toros eran transportados a La Maestranza como digo, a pie y arropados por los cabestros, en marchas dirigidas por los vaqueros y por las propias autoridades del orden. Lógicamente, en más de una ocasión el escape de un toro sembró el pánico en las calles sevillanas, aunque esa es otra historia.

Por cierto que "Tablada" era también escenario de andanzas nocturnas de los aspirantes a toreros, como bien narra Manuel Chávez Nogales en la biografía del mismísimo Juan Belmonte.

Sin embargo, la llegada del ferrocarril a España cambió radicalmente la forma de transportar ganado. Así, éste se introdujo a finales del siglo XIX suponiendo un enorme avance. De esta forma, los animales se encajonaban en la ganadería y eran transportados hasta la estación en carros tirados por bueyes o equinos. En tren se realizaba la mayor parte del viaje y una vez se bajaban los cajones de éste, eran transportados igualmente en carros hasta los corrales de la plaza. Como efeméride, hemos de mencionar que el primer traslado en cajón de un toro se realizó hasta la pionera Barcelona en julio de 1863. Más tarde, el camión acabaría sustituyendo paulatinamente al tren, hasta el punto de que hoy ya rara vez se utiliza éste para transportar los animales.

Imágenes perteneciente a la posguerra, cuando ya los cajones eran transportados de la estación a la plaza en camioneta.
Así, en el caso de Sevilla, la Venta de Antequera, por su proximidad a la estación de tren de Los Merinales, acabó sucediendo a "Tablada" como morada de los ejemplares que más tarde se lidiarían en La Maestranza.
La Venta de Antequera debe su nombre a su fundador, D. Carlos Antequera, mozo de espadas del afamado matador sevillano de finales del XIX y primeros del XX Antonio Fuentes.
Tras retirarse el señor Antequera y hacer dinero con una bodega, adquirió unos terrenos donde fundó en 1916 la primitiva Venta de Antequera, muy cercana al Estadio del Real Betis, al final del Paseo de la Palmera.  Allí daba la vuelta el tranvía y proyectó un lugar para el descanso de viajeros en dirección a Sevilla.
 
Sin embargo, más tarde, llevó a cabo un proyecto más ambicioso e importante, construyendo una nueva Venta en su actual ubicación y para ello, fue capaz de involucrar a los más importantes bodegueros de Jerez como los González Byass, Domecq, Osborne, Marqués de Mérito, Garvey o Agustín Blázquez para que construyesen pabellones-anuncio alrededor de los corrales.
Cada pabellón tuvo distinto estilo, destacando la enorme figura del clásico "Tío Pepe" del de González Byass (hoy ya desaparecida) y en sus acabados se emplearon materiales típicos del movimiento regionalista siendo importante la aportación genial del ilustre maestro ceramista Enrique Orce Mármol, autor de azulejos que son verdaderas obras de arte como el que vemos en la imagen inferior.
Parece ser que su construcción se llevó a cabo entre 1927 y 1929, llegando su período más ilustre con la Exposición Iberoamericana de 1929, cuando tras ser remodelado, el enclave se terminó por convertir en el Pabellón de las Tierras del Jerez.
Fue en estos años cuando la Venta de Antequera labró su prestigio, pues no solo se construyeron unos magníficos corrales para albergar las corridas, sino que se convirtió en un lugar de concurrencia de las más importantes personalidades de todos los ámbitos, un icono absoluto de Sevilla y un referente en el mundo taurino y cultural.
Imagínense la importancia que ésta llegó a tener que albergó un hecho histórico en 1927, el de la primera reunión de los autores de la por ello llamada "Generación del 27", reunidos como homenaje a Luis de Góngora y encabezados por el grandioso torero y personalidad polifacética como fue Ignacio Sánchez Mejías, considerado un miembro más de esta irrepetible generación.
Los sevillanos, aficionados o no, acudían en temporada para presenciar los toros que luego saltarían al ruedo, extendiéndose las colas a lo largo de la carretera y abarrontándose las instalaciones del recinto.
Pero para profundizar más aún, parece oportuno rescatar un fragmento que he hallado en la hemeroteca digital de Castilla y León, perteneciente a una revista sevillana del año 1928, que hace un análisis de cómo se presentaba la temporada aquel año en La Maestranza y dedica el siguiente fragmento a la Venta de Antequera, leyendo el cual, nos podemos hacer también una idea de la magnitud que alcanzó el enclave:
 
"Uno de los primeros espectáculos con que nos obsequia la incomparable primavera en Sevilla, es el encierro en la Venta de Antequera, cosa interesantísima y que es observada con admiración por extranjeros y con verdadera complacencia por los ya habituados a presenciarla. Conduciendo el ganado la víspera de las corridas de Feria a los corrales de la citada venta, en que queda expuesto, toman parte gran número de ganaderos andaluces, aficionados a las faenas de campo, y bastantes aristócratas, habiendo figurado a veces como garrochistas S. A. la Infanta, la Duquesa de Santoña y otras personalidades. De su colorismo, de la nota alegre y campera que en la típica venta pone el encierro, nada que no sea presenciarlo puede dar idea de ello, y es enorme acierto que los corrales se hayan situado en un sitio que pueda dominarse desde las mesas de la venta, mientras se degustan unas sabrosas tapas y brilla bajo el sol de la primavera andaluza el oro de los embrujados vinos de Jerez y Sanlúcar.
La Real Venta de Antequera, es sin duda alguna el rincón más pintoresco de todos cuantos cuenta la incomparable Sevilla."
 
Al parecer, aunque desconocemos durante cuántos años, se realizaba lo que en este fragmento se describe como encierro, el traslado desde el cercano y no menos famoso Cortijo el Cuarto hasta los corrales de la Venta de Antequera, trayecto imposible de realizar en el presente, pues todo lo que entonces era campo (como pueden apreciar en las imágenes inferiores que ilustran el artículo anterior) hoy es suelo urbanizado. En este encierro acompañaban a los toros personalidades muy importantes a caballo como bien es descrito en el artículo.

Por si fuera poco, sobre el 1930, con la visita del monarca Alfonso XIII, quien quedó absolutamente maravillado por la belleza, la solera y todo lo que representaba el lugar, le fue otorgado el título de "Real". Es más, aunque hoy se la conozca como la Real Venta de Antequera, en revisteros de los años 40 y 50 se la menciona como la "Venta Real, antes Venta de Antequera".

Tras la Guerra Civil, la Real Venta de Antequera continuó teniendo renombre y siendo un punto clave en el orbe taurino, tanto por la llegada de los toros como por las reuniones y eventos que en ella se realizaban, así como un lugar que albergaba celebraciones de grandísima importancia como han sido las bodas de celebridades pertenecientes o no al mundo del toro.
Corrida del Duque de Veragua en los cercados de la Venta de Antequera en 1928.
En 1962, se comenzó el proyecto de construcción para dotar también de una plaza a La Real Venta. Así, fue eregida una plaza de ruedo circular, sin callejón, pero provista de burladeros, gradas, corrales e incluso túnel de cuadrillas. Una plaza bonita y sencilla con detalles cuidados, pensada para realizar tentaderos, capeas y becerradas debido a sus pequeñas dimensiones. En esta plaza es sabido que se celebraban, en marco festivo, capeas con aficionados e incluso con extranjeros a modo de divertimento, pero por supuesto, en ella tuvieron lugar tentaderos con absoluta seriedad y solera en los que tenemos constancia participaron figuras del toreo de la talla de Pepe Luis Vázquez o Antonio Bienvenida e igualmente, hubo un tiempo en que se realizaban en ella los tentaderos de selección para las tradicionales novilladas sin picadores que se celebran las noches de verano en La Maestranza, para los que se disponían vacas de imponente presencia.

La plaza de la Real Venta de Antequera en la actualidad.
Sin embargo, todo apogeo acaba decayendo, en este caso por diversas circunstancias como el descontento de los ganaderos ante el riesgo de que se malograsen los toros en los viajes o que, según revisteros de los años 60, por los motivos que fueran, el cuidado de la Real Venta era desastroso y reflejo de su situación.
Así, en el año 1967, hallamos en la revista El Ruedo una escueta noticia que comenta las conversaciones que está manteniendo la empresa de La Maestranza con D. Antonio Ruiz de Alda, hijo político de Ignacio Sánchez Mejías, para exponer las corridas a lidiar en La Maestranza en la cercana y famosa finca "Pino Montano", pues, según expresa claramente, La Real Venta de Antequera va a desaparecer debido a las obras de la carretera Sevilla-Cádiz.

Recorte de la Revista El Ruedo, que en marzo de 1967 da por hecha la inminente demolición de la Real Venta de Antequera con motivo de las obras que se realizan en la carretera de Sevilla a Cádiz.
La forma en la que se evitó su demolición es desconocida y parte de ese secretismo tan propio de las historias que no ocurren de cara al público. El caso es que a primeros de los años 70, tras haber pasado en todos esos años por multitud de dueños, fue adquirida por el constructor y ganadero de bravo D. Gabriel Rojas, quien logró su revitalización, recuperando la exposición de los toros en 1974.
Fuera como fuere, parece ser que la última corrida que se expuso en tan emblemático lugar fue una de Miura y que tomó carácter de verdadero acontecimiento, pues Juan Antonio Ruiz "Espartaco" hizo la gesta de la lidiarla en solitario en la Feria de Abril de 1987.
Trincherazo de "Espartaco" la tarde en que estoqueó en solitario la corrida de Miura en La Maestranza.
La Real Venta acabó cayendo en el olvido, llegando a ser abandonada durante aproximadamente una década e incluso a estar a punto de ser vendida para construirse un supermercado, lo cual afortunadamente nunca se llegó a materializar. No obstante, en 2012 pasó a manos de la sobrina de D. Gabriel, Dña. Dolores Rojas y al marido de ésta, D. Daniel de la Fuente.
Ambos, junto con la empresa Arrendalusa se propusieron devolverle el prestigio a tan emblemático lugar y en 2013 iniciaron el proyecto de restauración y recuperación de todo el conjunto formado por pabellones, jardines, corrales y por supuesto la plaza de toros. Así, tras dos años, lograron la impagable tarea de volverla a dejar hermosa y de esta forma organizaron una reinauguración por todo lo alto.
Tuvo lugar el 13 de noviembre de 2015, día en el que se realizó un tentadero a cargo de Pepe Luis Vázquez y Eduardo Dávila Miura, que torearon dos vacas de las ganaderías de Hnos. Sampedro y Vázquez Gago, teniendo lugar también un espectáculo ecuestre y la correspondiente celebración.
Además, el ganadero D. Fermín Bohórquez tuvo el gesto de ceder tres imponentes ejemplares, que fueron expuestos en uno de los corrales.
Pepe Luis Vázquez con enorme naturalidad y poso, torea a la vaca de Hnos. Sampedro
el día de la reinauguración de la Real Venta de Antequera. (aplausos.es)
Desde antes de la reinauguración, el Club de Aficionados Prácticos está entrenando en sus instalaciones y desde hace un mes, también, la Escuela de Tauromaquia de Sevilla ha trasladado su sede a La Real Venta de Antequera.
La intención de los nuevos propietarios es luchar porque vuelva a ser un lugar de gran importancia en Sevilla y vinculado al mundo del toro. Es por ello que, tanto a través de los aficionados prácticos como los alumnos de la escuela, simplemente con hacer nuestros entrenamientos allí damos a tan emblemático lugar el ambiente taurino que ya de por sí posee. Y sobre todo, este ambiente surge de la celebración de tentaderos públicos a modo de clases prácticas que la Escuela de Tauromaquia de Sevilla tiene previsto realizar periódicamente, como ya se hizo el primero el pasado sábado 1 de abril.
 
 
Cómo expresó en una entrevista radiofónica el señor De la Fuente, el objetivo que tienen sería recuperar la Real Venta en todo su esplendor y volver a traer las corridas de la Feria de Abril a sus corrales, pero se ve muy complicado que empresarios, ganaderos, veterinarios y autoridades den el visto bueno y pongan de su parte para ello.
Igualmente, el simple hecho de haberla remodelado, reinaugurado y estar luchando por volverle a dar ambiente taurino con nuestros entrenamientos y con la celebración de tentaderos ya debe ser motivo de orgullo para quienes han luchado por ella con gran respeto y amor a la Fiesta.
 
Sin embargo, todos los aficionados pensamos lo mismo ¡qué bonito sería ver allí los toros de nuevo! Sería precioso recuperar la tradición, pero recuperar algo décadas perdido es tarea muy complicada.
Pero no es el simple hecho de llevar unos animales a un recinto, es lo que ello supondría. Recordemos que los toros no hay que defenderlos, hay que enseñarlos y exponer los ejemplares en un entorno urbano público es trasplantar un pequeño trozo del bellísimo campo bravo a la ciudad.
La Real Venta de Antequera era un símbolo a nivel internacional, un punto de encuentro de aficionados al toro y sobre todo, el lugar de nacimiento de muchos nuevos. Así, quienes jamás hayan visto un toro de cerca simplemente podrían hacerlo, admirar su grandeza, su fortaleza, su imponente anatomía y su mirada penetrante y profunda.
De esta forma, muchos quedarían cautivados y se comenzarían a aficionar a este mundo o al menos a respetar a quien lo siente y a quien se pone delante.
Esfuerzos así deben hacerse mutuamente, por el bien del TOREO y por crear afición.
Mario García Santos (@mario_garsan)

lunes, 26 de diciembre de 2016

Origen e historia del encaste Santa Coloma (1ª parte)

El encaste Santa Coloma es uno de los más bellos y singulares del campo bravo y ha sido protagonista de épocas doradas del toreo de la mano de muchas figuras que sintieron predilección por él.
Posee un comportamiento propio y una morfología y unos pelajes que lo definen, así como podemos decir que es único por su personalidad.
Son toros que se caracterizan por su sinceridad y por definirse rápido y no ser tan cambiantes como ocurre en Núñez y Atanasio, sino que en su salida dejan clara su condición tanto para bien como para mal. Requieren más aún que otros encastes una lidia ordenada y en la que se le hagan las cosas bien para que rompan, se entreguen y vayan a más, de lo contrario podrán desarrollar sentido. Este sentido hace que, en teoría sean animales de faenas cortas y medidas, pudiendo ponerse muy complicados para la suerte suprema si se les pasa de faena. Esto no indica que una vez se entreguen no puedan durar una eternidad como ha sucedido con toros que permitieron grandes faenas y que parecían no tener fin, como por ejemplo el famoso "Marquito", indultado en Granada por Ortega Cano.
"Marquito" de Ana Romero, cuya estampa es el prototipo de Santa Coloma.
Son además animales muy sensibles a los toques bruscos (con los que se aviolentan) y muy agradecidos cuando se les trata con temple y suavidad.
Los ojos de los Santa Coloma también son especiales, pues son saltones, intensos y vivos, siendo famosas sus miradas fulminantes hacia los toreros. Cuando nombramos este encaste, siempre se nos viene a la mente un toro cárdeno, bajo, enmorrillado, un poquito cuesta abajo y de cuerna armónica y nunca destartalada.
El prototipo Santa Coloma es ese toro bajo, armónico y serio, que debe rondar los 470 y los 500 kilos, pues de lo contrario estará acochinado y será difícil su movilidad.
Para adaptarse a los nuevos tiempos se ha trabajado por lograr un toro que pueda albergar más kilos, por tanto con más caja y también que abra más la cara, aunque el verdadero tipo del encaste y por tanto, lo que suele embestir, es el anterior, así que los ganaderos tratan de encontrar el término medio entre ambos, para llegar al toro exigido sin sacar de tipo el encaste.
El pelaje por antonomasia como sabrán es el cárdeno en todas sus tonalidades, al cual se suma el negro, ya sea zaino o entrepelado, y además, aparecen, (desde el origen del encaste a comienzos del siglo XX), todo tipo de accidentes desde los salpicados, bragados y meanos a los calceteros, calzones, luceros, cinchados, jirones, coleteros... La gran mayoría de las veces lo hacen en forma de pelos blancos, ya sea sobre el predominio del cárdeno o del negro. También hemos de mencionar que, muy excepcionalmente, en algunas ganaderías han aparecido ejemplares colorados, castaños o tostados, a consecuencia de un salto atrás por la línea ibarreña.
"Golosino" de La Quinta galopa tras la muleta de Juan Bautista en Istres.
La historia ha hecho que fruto de la disgregación de Santa Coloma, existan varias líneas dentro de un mismo encaste como son Buendía, Graciliano y Coquilla y también está estrechamente emparentado con el encaste Saltillo, pues Santa Coloma nace del cruce de Saltillo e Ibarra, y además, posteriormente, muchas ganaderías de Saltillo fueron refrescadas con ganado de Santa Coloma, como es el caso, nada menos que el de la de Victorino Martín.
Así, en esta reportaje (que se divide en dos partes), repasaremos toda la historia del encaste remontándonos a comienzos del siglo XX, para, viendo como se desarrollan los hechos, comprender el origen de lo que ha llegado a nuestros días.

El nacimiento del encaste

El encaste debe su nombre a D. Enrique de Queralt y Fernández de Maquiera, más conocido como el XI Conde de Santa Coloma, dinastía originaria de Cataluña. Resulta que a primeros del siglo XIX, la dinastía de los Santa Coloma se había unido mediante un matrimonio con la de los Bucareli, unos negociantes genoveses que por establecerse en Sevilla tuvieron un poder inmenso en España y América, además de un patrimonio tremendo de edificios y tierras. Por tanto, al unirse las dos familias, los descendientes heredaron el patrimonio de ambas.

El XI Conde de Santa Coloma, además de maestrante de Sevilla, era un gran aficionado al toro tanto en la plaza como en el campo e íntimo amigo de los más importantes ganaderos del momento como eran los Miura, los Duques de Veragua y el Marqués de Saltillo. El Conde recibió en la dote de su abuela Bucareli una auténtica joya, una finca de 3000 hectáreas situada entre Alcalá de Guadaira y Morón de la Frontera: el celebérrimo cortijo "Bucaré". Por cierto que este nombre no tiene más significado que el de la castellanización del apellido italiano de los propietarios de la hacienda.
Esto ocurrió a primeros del XX y el Conde decidió hacerse ganadero de bravo en "Bucaré", al igual que lo hubiera hecho su antepasado en el siglo XVIII. Al tratarse de un importante aristócrata, no podía tener cualquier ganado, sino levantar una vacada importante y a la altura de su título, por lo que tras estudiarlo, cuando supo que D. Eduardo Ybarra había puesto su ganadería en venta se lanzó a por ella. De esta forma, la que era una de las más importantes ganaderías del momento, fue dividida en dos lotes iguales: uno lo compró D. Fernando Parladé y con el otro se hizo el Conde de Santa Coloma.
Así, el ganado de Ybarra llegó a "Bucaré" en 1904 dándose el Conde por satisfecho, sin embargo, en 1905 falleció la Viuda de Saltillo. La ganadería de ésta estaba en manos del nuevo Marqués, pero su madre siempre le había impedido que la vendiese, pues no quería que tan importante vacada creada fruto de la selección realizada saliese jamás de su familia. No obstante, una vez fallecida ella, no tuvo ningún reparo en venderla, aceptando todas las opciones de compra, adquiriendo también el Conde de Santa Coloma un lote.

Portada del Cortijo "Bucaré".
De esta forma, el Conde reunió en "Bucaré" ganado de dos de las mejores ganaderías de su época. Ambas eran ramas de un mismo árbol, pues habían surgido de la casta fundacional de Vista Hermosa, pero habían evolucionado por separado, siendo por tanto ambas radicalmente diferentes.
Las reses de Ybarra tenían mucha más caja y volumen y en ellas predominaba el pelaje negro y en menor medida el castaño y el colorado. Su bravura era más noble y toreable y sobre todo era importante su regularidad, lo cual la hacía la predilecta de los toreros. Sin embargo, esa toreabilidad y nobleza a menudo estaban cercanas a la mansedumbre.
Mientras tanto, los Saltillos tenían menos caja y mayor alzada y finura y la capa cárdena era la predominante. Eran toros mucho más duros, fieros y vivos, y su bravura desembocaba en el genio, el peligro y el sentido.
Así, el Conde llevó dentro de su propia ganadería tres líneas por separado: una pura Ybarra, otra pura Saltillo y otra que era la cruza de ambas. De esta última esperaba lograr su creación, la de una ganadería que aunara lo mejor de ambas sangres.
Pasados varios años, decidió conservar solo la cruza, decidiéndose a vender las partes que aún conservaba puras. De esta forma, mediante estas ventas, se escribirán otras historias por separado.

Lo primero que vendió, fue la parte de Saltillo en 1912, conservando únicamente las vacas con notas más altas. Y el comprador de este lote de 173 cabezas fue nada menos que su propio hermano menor, D. Hipólito de Queralt y Fernández de Maquiera, el XIII Marqués de Albaserrada, el cual poseía en Gerena la famosa finca "Mirandilla", a donde viajaron los "saltillos" (que solo permanecerían allí 9 años).

El de 1919 sería un año dorado para ambos hermanos, ya que en la Plaza Vieja de Madrid el 11 de mayo se le dio la vuelta al ruedo al famosísimo "Bravío" número 70, ejemplar del Conde de Santa Coloma que resultó de bandera y que aunó lo mejor de las sangres Saltillo e Ybarra, en cuya bravura se equilibraron a la perfección.

"Bravío" en los corrales de la plaza de Madrid.
Pero además, el 29 de mayo siguiente, el no menos célebre "Barrenero", perteneciente a la ganadería de su hermano el Marqués de Albaserrada, fue también de bandera y de vuelta al ruedo. Este toro fue aún más duro y fiero que el anterior, pegando con él Rodolfo Gaona un petardo mayúsculo al verse desbordado el gran torero mexicano. Por cierto que esa tarde el hierro de la A coronada tomó antigüedad.
Revista de la época que ilustra el momento en el que Gaona intenta descabellar en medio de una bronca tremenda.
La cabeza de "Barrenero", disecada en Gerena.
El Conde de Santa Coloma, vendería en 1916 un lote en el que predominaban las reses puras ibarreñas pero en el que también incluyó desechos de tienta y ganado de la línea Saltillo y de la cruzada. Éste fue adquirido por el ganadero salmantino Francisco Sánchez de Coquilla, naciendo por esta vía la famosa rama del que sería encaste Santa Coloma.
Por último, en 1920 vendió otro lote en el que también predominaba la sangre ibarreña y en el que la de Saltillo aparecía en un porcentaje menor al anterior, lo que explica las grandes diferencias entre ambas. Éste fue adquirido por el gran ganadero salmantino Graciliano Pérez Tabernero, quien dio forma y nombre a esta otra rama del encaste.

La ganadería del Conde tuvo sus años dorados cuando la cruza fue equilibrada en las primeras generaciones en las que había un 50% perfecto de ambas y el gran Joselito el Gallo, la tuvo como una de sus predilectas. Quien fuera el artífice del toreo y el toro moderno estaba seguro de que las ganaderías procedentes de Vista Hermosa y concretamente sus líneas Saltillo y Parladé eran las mejores para el toreo, por lo que en la del Conde encontró la ganadería ideal al ser una cruza de ambas, llegando a estoquear hasta 109 toros suyos, muchos de ellos en manos a manos con Belmonte
Cabeza de "Cantinero", toro de Santa Coloma (de la
línea cruzada) al que Gallito cortó la primera oreja
 que se concedía en la historia de La Maestranza.
y como único espada, como la famosa tarde de 1915 en la que cortó la primera oreja de la historia de La Maestranza de Sevilla, un hito al que ya le dedicamos una entrada con motivo de su centenario (Pinchando aquí podrán recordarla).
Gracias a José la ganadería se puso en la cima, pero, la cruza, al seguirse cruzando sin equilibrar correctamente la balanza hizo que la vacada decayese, pues desarrolló los defectos de ambas líneas, siendo por lo general ejemplares geniudos, con peligro, sentido y mala casta, lo que provocó el rápido rechazo de los toreros. Joselito falleció en 1920 y en 1921, un toro santacolomeño hirió de gravedad a Belmonte en Sevilla, mismo año en que el Marqués de Albaserrada fallecía de un infarto. Durante los años 20 la vacada siguió en declive y finalmente el Conde decidió venderla en la primavera de 1932, pues, teniendo en cuenta además la situación de su vacada, ante la llegada de la República, evitó el saqueo de sus fincas y palacios haciendo creer estar arruinado.
De esta forma, el hierro, la divisa, el ganado y la finca "Bucaré" pasaron a manos de D. Joaquín Buendía Peña, un joven de apenas 24 años para quien su padre y su padrino (ambos socios e importantes agricultores) compraron la ganadería de Santa Coloma.
Sobre el trabajo y el papel de D. Joaquín, quien escribiría las páginas más gloriosas del encaste Santa Coloma, hablaremos en la segunda parte de este reportaje.

La influencia "santacolomeña" en Victorino Martín

El legendario hierro de la A coronada y la divisa azul y encarnada, cuya antigüedad se corresponde con la tarde en que se lidió "Barrenero", es el que creó el Marqués de Albaserrada para herrar los puros "saltillos" que criaba en "Mirandilla". Este mismo hierro lo conserva en la actualidad D. Victorino Martín y por esa raza razón, a los "victorinos" también se los conoce como "albaserradas" pues son descendientes de los ejemplares que el Marqués criaba en Gerena. Sin embargo, la historia de cómo el hierro y la ganadería llegaron a manos de D. Victorino Martín Andrés no es tan conocida.
Un joven Victorino Martín Andrés ejerce de
picador en un tentadero.
Tras triunfar con fuerza en Madrid con su toro "Barrenero" en 1919, el Marqués de Albaserrada falleció el año siguiente víctima de un infarto. Su viuda, quien realmente no sabía qué hacer con la ganadería, accedió a venderla en 1921, aceptando la oferta del vallisoletano D. José Bueno Catón, un adinerado comerciante de cerdos. De Bueno pasó a su viuda Dña. Juliana Calvo en 1928, quien, alrededor del año 1940, refrescó la ganadería comprando 50 vacas y un semental a D. Joaquín Buendía. Cuando Dña. Juliana fallece en 1941 sin descendencia, la ganadería la heredaron sus cuatro sobrinos Antonio, Josefa, Florentina y Andrea, quienes lidiaron a nombre de "Escudero Calvo Hermanos". A comienzos de los 60, el hierro atravesaba un momento muy delicado y sus propietarios buscaban desesperadamente comprador, pues de lo contrario se verían obligados a mandarlo al matadero.
De esta forma, un carnicero de Galapagar llamado Victorino Martín Andrés, compró (junto con sus hermanos) la ganadería entre los años 1960 y 1965 a un bajo precio de carne. Aunque muchos le dijeron que se arruinaría comprando una ganadería que por algo iba al matadero, D. Victorino estaba convencido de que "le había tocado la lotería". El resto de la historia ya es sabida: Victorino creó una de las más importantes ganaderías de la historia y que sigue en la cúspide en la actualidad.
Por cierto que nada tienen que ver con los "victorinos" los "albaserradas" que desde 1947 pastan en "Mirandilla", los cuales son de origen Isaías y Tulio Vázquez.
La sangre predominante en Victorino es la de Saltillo, pero, por ese refresco que realizó Dña. Juliana con reses de Buendía, la sangre "santacoloma" también tiene una alta influencia en la ganadería y se refleja en las hechuras, pues también aparecen toros bajos, enmorrillados, con el denominado "hocico de rata" y con el innegable tipo "santacolomeño".
Recuerdo por ejemplo un ejemplar llamado "Estanquero", lidiado por El Cid en Sevilla en 2015, muy en Buendía y por supuesto, también vemos esta influencia en las hechuras del grandioso toro "Cobradiezmos".
 
"Cobradiezmos", indultado en La Maestranza el 13 de abril de 2016.
En la segunda parte de este reportaje hablaremos del trascendental papel de D. Joaquín Buendía Peña, quien escribiría las páginas más gloriosas de este singular encaste.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

viernes, 23 de diciembre de 2016

Amazing!

Una vez finalizada la Feria de Abril de 2015 y como es habitual desde hace décadas, en La Maestranza, se celebraron los domingos de mayo y junio y en jornada vespertina, las novilladas con caballos que también forman parte del abono, en las que, aunque nunca se registren entradas importantes dada la falta de renombre que aún tienen los diestros, suponen primeramente una oportunidad para ellos de hacerse notar en un escenario de tanta repercusión, así como para el público de descubrirles y en ocasiones ha llegado a vivir de tardes memorables y en las que se puede llegar a ver mejor toreo que en los días de expectación en farolillos. Aunque cierto es también que quien de verdad es aficionado a los toros, disfruta hasta con los pequeños detalles que se ven en cualquier tarde.

Hierro y divisa de la vacada
de Javier Molina.
La anécdota que vengo a contar en esta modesta entrada, sucedió en la primera de las seis novilladas que se dieron esa temporada, concretamente el domingo 10 de mayo. Esa tarde se anunciaron tres novilleros que esa misma temporada se hicieron matadores de toros: Tomás Angulo, Gonzalo Caballero y Posada de Maravillas y la novillada pertenecía a la divisa de Javier Molina famosa por ser su hierro idéntico al de la marca automovilística Mercedes, ganadería que, por cierto, días antes de este festejo había anunciado su preacuerdo de venta a unos ganaderos franceses.
Recuerdo que los tres novilleros hicieron el paseíllo con la montera calada y que la plaza registró una aceptable media entrada. La novillada estuvo muy bien presentada tanto en hechuras como en romana pero bastante desiguales en su morfología.
Cuando leí el programa de mano que siempre repartimos en La Maestranza, me llamó la atención el nombre del tercer novillo y primero de Posada, el número 15 "Pintor". Y es que un hombre mayor me contó en una ocasión que el mejor toro que había visto en toda su vida de aficionado y que recordaría mientras viviera, se llamaba "Pintor", era de Fuente Ymbro y en 2007 le dieron la vuelta al ruedo en Almería después de ser desorejado por "El Cid" y que, aunque no se dio la circunstancia perfectamente habría merecido el pañuelo naranja.
Precisamente, la ganadería de Javier Molina fue formada con ganado de Jandilla y Fuente Ymbro por lo que perfectamente podían estar emparentados, y ya se sabe que, junto con las hechuras, las reatas buenas no suelen fallar. Aunque, por muy tópico que suene, en la ganadería brava dos y dos nunca son cuatro.
El novillo "Pintor" de Javier Molina, en los corrales de La Maestranza.
Así, en aquella tarde sevillana creo recordar que me senté en una localidad de la primera fila del tendido 6. Justo delante mía, en primera fila de barrera, me fijé en un señor extravagante y extranjero, de pelo canoso y cuya vestimenta, con una gorra blanca y pantalones y camiseta informales, llamaban la atención. Por el acento de su inglés era claramente estadounidense y, como turista que viene a nuestra tierra, había venido a La Maestranza esperando ver lo que ellos llaman "bullfighting" (que más bien debería llamarse bullart) y que por personalidades internacionales tanto españolas como extranjeras, lo han convertido en una seña de identidad "typical spanish".
No sé cual sería la idea de toro, de torero o de tauromaquia que aquel señor tenía, si la que transmiten los antitaurinos, la que han contado escritores como Hemingway o simplemente la de la alegría y el olé de fiesta española. De esta forma, allí estaba mirando expectante a todo y grabando con su tablet todo lo que acontecía en el ruedo y lo siguió haciendo a hurtadillas cuando el de seguridad le dijo que la normativa impedía grabar imágenes.
 
Abriendo plaza Tomás Angulo se había topado con un ejemplar serio, incierto, mirón y de embestida descompuesta, con el que estuvo muy digno sobreponiéndose además a una voltereta. El público no acabó de despertar, pero lo más destacado se vio con el capote, en el quite por gaoneras de Caballero y la réplica de Angulo por arriesgadas saltilleras.
En segundo lugar, con Gonzalo Caballero vivimos momentos verdaderamente dramáticos, pues, ante un novillo que embistió con la cara alta y que cada vez fue a peor, se colocó de verdad, cruzado y ofreciendo los muslos. Fue volteado hasta en cuatro ocasiones, en algunas incluso pareció que "se las dejó pegar", quedando con el traje destrozado y con una fuerte paliza, pero levantándose y poniéndose de nuevo como si el novillo fuese bueno. A pesar de ser admirable su absoluta entrega, su valor espartano primó sobre la cabeza ciertamente. Mató de una gran estocada y saludó una merecidísima ovación antes de pasar a la enfermería.

Gonzalo Caballo, con el traje ya destrozado, se descara con el novillo
y se cruza hundido en los riñones. (tauroweb).
Y al fin, apareció el tercero de la tarde, un ejemplar negro como todos sus hermanos, con 497 kilos, herrado con el número 15 y nacido en enero de 2012. Seguramente, en el sorteo, la bolita del 15 debió de ser la que todos querían sacar, pues era el novillo más bonito de los seis. Bajo de agujas, y de armónicas hechuras abrochadas: el clásico ejemplar que cuando lo ves en el campo te lo puedes imaginar en tu salón y sin las orejas.
Caída de latiguillo de Antonio Torrado. (tauroweb).
"Pintor" remató abajo en el burladero, astillándose ligeramente el pitón izquierdo y Posada salió decidido y se estiró a la verónica, llevándolo en línea recta aún pero arrancando las primeras ovaciones con su recibo. En el primer encuentro con el caballo, propinó la que denominamos en el argot taurino como caída de "latiguillo" al picador Antonio Torrado. El segundo puyazo lo tomó un poco a la ligera y sin ser bien colocado, recibiendo poco castigo o más bien el justo para ser ahormado. El novillo de Javier Molina tenía mucha clase y había demostrado un galope brioso y emocionante, por lo que Posada decidió hacer un quite una vez estuvo picado el utrero. Así, dándole una media distancia el extremeño trazó tres verónicas hasta el final, cargando la suerte y rompiéndose la cintura, rematando con una gran media verónica encorvándose y arrebujándose con el toro y soltando la punta del percal al salir de la suerte tras el crujido de la plaza.
Verónica de Posada en el quite. (aplausos.es)
En mis notas, tengo reseñado que "Pintor" siguió galopando en banderillas y que Joao Diego Costa lo bregó magistralmente, abriéndole los caminos y rompiéndolo más aún para adelante.
El novillo mantendría sus cualidades hasta el final, embistiendo con gran humillación, repitiendo con ansia y transmitiendo al tendido con su galope. Siendo bueno por ambos pitones, por el izquierdo fue cumbre, mientras que por el derecho teniendo también largo recorrido punteó un poco.
Posada de Maravillas, sin probaturas, se dirigió a la boca de riego y citó a "Pintor" muleta plegada en la zurda. El toro se arrancó alegre y el torero realizó estoico el cartucho de pescao, recentando después tres naturales largos ligados con el de pecho, entre los cuales hubo ese tiempo casi imperceptible que es clave para mandar en el toro.

(tauroweb)

Aquí el público empezó a entrar en la faena, la cual se desarrollaría íntegramente en los medios. El pacense optó en ella por lucir y aprovechar la vibrante arrancada del utrero desde lejos y así volvió a citar por la diestra, dibujando cuatro muletazos ligados y cada vez más encajado, rematando con el de pecho por el lado izquierdo y arrancando la plaza en ovaciones, comenzando entonces la banda de música a acompañar su faena.

Después llegaron otras dos series cortas sobre la diestra, (probablemente por querer administrar al toro), en las que subió los decibelios en el tendido toreando con gran gusto, sentimiento, profundidad y acompañando con todo el cuerpo, yéndose con el toro en cada muletazo con la cintura y el pecho.
(mundotoro)
Era el momento de coger la mano izquierda y de torear al natural de verdad para que la faena tomase altos vuelos y así hizo el novillero, que ya tuvo que acortar más la distancia por la pérdida de fuelle del bravo ejemplar. Así, con la maravillosa música acompañando, Posada toreó al natural con los vuelos de su muleta, pasándoselo por la faja y rematándolo detrás de la cadera cargando la suerte con la barbilla en el pecho y los pies clavados en la arena. Así, hubo un natural, el que precedió al pase de pecho, que fue absolutamente desmayado, roto y en el que toro y torero se fundieron. La plaza se puso de pie cuando Posada remató con el de pecho y salió adornándose.
Entonces, ese señor extranjero que antes mencioné y que seguramente habría seguido lo que en el ruedo acontecía con simple curiosidad y se había ido emocionando conforme pasaba la faena, tras ese soberbio natural y el remate de la serie, al unísono de los demás espectadores se puso de pie y aplaudió enérgicamente y exclamó: Amazing!
El natural desmayado de Posada a "Pintor" (tauroweb)
Díganme, ¿quién le explicó a este señor que tenía que aplaudir? ¿quién le dijo que debía ponerse en pie? ¿a caso sabía este hombre lo que era el toreo? Simplemente, sin saber muy bien por qué, aquello que un joven vestido con un "traje extraño" había hecho con el toro le había emocionado profundamente. De ahí su exaltación y su exclamación enfervorizada, pues, para aquellos que  carezcan de conocimientos del vocabulario anglosajón y que en estos momentos estén buscando el significado de "amazing", he de decirles que se traduce como "asombroso o impresionante".
Posada continuó su faena con otra buena serie al natural y tras otra sobre la diestra en la que exprimió al máximo al astado, después de un cambio de mano salió toreramente a por la espada. Tras unos adornos que tuvieron mucho gusto y belleza, cerró a "Pintor" en el tercio y perfilándose en la suerte contraria agarró una estocada casi entera, algo trasera pero en lo alto que hizo doblar pronto al novillo. La plaza se tiñó de pañuelos, a los que se sumó el emocionado señor norteamericano con su gorro, concediendo el presidente una oreja de ley al novillero extremeño, que paseó muy emocionado y de la que no quiso desprenderse. Mientras tanto, al excelente "Pintor" de Javier Molina se le ovacionó con fuerza en el arrastre.
En el resto del festejo, tanto Angulo como Caballero se toparon con ejemplares muy complicados y con los que estuvieron voluntariosos pero ante los que no pudieron levantar faena y en el sexto, Posada, que se llevó el lote, estuvo bien y logró momentos excelentes, pero su faena fue a menos. Al matar bien, se le pidió con insistencia la oreja, pero todo quedó en una ovación con saludos.
 
Posada de Maravillas paseando la oreja de "Pintor" (ABC)
Mi intención al contar esta anécdota, (además del simple hecho de recordar la faena y la tarde) es la de invitar a la reflexión. El toreo siempre ha tenido grandeza, por todos los valores que aportan su liturgia y su verdad absoluta, una grandeza que no ha de explicarse.
Sin embargo, hoy día, el antitaurinismo y el falso animalismo, han logrado tapar esa idea que antes se tenía del torero en la sociedad, que lo veía como alguien a la vez artista y guerrero y que con el toro podía hacer algo grande, mitad épica y mitad lírica. Pero si hay tanta gente que trata de hacer creer barbaridades como que el toreo es un espectáculo cruento, en el que los espectadores disfrutan haciendo daño y maltratando a un animal al que hasta llaman indefenso, hace que no solo muchos tengan una idea errónea y que sientan odio por los aficionados, sino que la mantengan sin haber pisado jamás una dehesa ni una plaza de toros.
Lógicamente, a aquellas personas que tienen una postura tan radical y tan irrespetuosa es casi imposible acercarles y hacerles ver lo que nosotros amamos, pues ya estarán predispuestos negativamente. Pero a aquellos que simplemente lo desconozcan, o que tengan una vaga idea de lo que es el toreo, perfectamente pueden ir a una corrida y, acercarse a la realidad con ojos nuevos, sobre todo si tienen la suerte de presenciar algo grande.
Concretamente ese señor norteamericano, haciendo turismo en Sevilla, tuvo la curiosidad de ir a los toros y, acercándose a ellos con ojos nuevos, estoy seguro de que descubrió su grandeza y que volverá a ir y a interesarse por ellos.
El toreo, como decía el llorado Víctor Barrio, no hay que defenderlo, hay que enseñarlo. El toreo se defiende solo, pues su grandeza y su magia no necesitan explicación, pero al menos, todos deberían tener la oportunidad de poder acercársele como digo con ojos nuevos y pararse a pensar por qué hay tanta gente que se apasiona por él.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)