lunes, 23 de abril de 2018

Becerrada de selección del certamen de Fomento en la plaza de Camas

(Las imágenes han sido tomadas de la página https://www.escuelastaurinasandaluzas.com/)

Aunque este festejo tenía prevista su celebración el pasado sábado 14 de abril, fue aplazado para este domingo 22 en idéntico horario matinal. El motivo del aplazamiento fue por previsión de lluvia, aunque finalmente hiciera un día espléndido.
Para información de quienes sean desconocedores, este certamen que se viene organizando anualmente durante más de veinte años en torno a los meses de abril y mayo y bautizado como "Certamen de Fomento de la Cultura Taurina en Andalucía", es organizado por la Asociación Andaluza de Escuelas de Tauromaquia "Pedro Romero" y cuenta con el patrocinio de la Conserjería de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía.
Consiste en la celebración de 5 becerradas en distintas plazas de Andalucía, en las que actúan un total de 30 jóvenes pertenecientes a las escuelas taurinas andaluzas. De esa treintena, teniéndose en cuenta las puntuaciones de los jurados, pasan únicamente seis a la final, celebrándose ésta en la plaza de toros de Osuna y en el marco de la feria taurina de esta localidad. El ganador de este certamen, tiene como premio gordo el de clasificarse automáticamente para las novilladas televisadas por Canal Sur el año siguiente, sin la necesidad de tener que pasar por la dura y caprichosa criba de los tentaderos de selección.
Otro dato a tener en cuenta es que se trata de clases prácticas, un formato en el que los jóvenes no actúan como profesionales, sino como alumnos de escuelas taurinas. Entre otras particularidades a tener en cuenta, en las clases prácticas, al no existir una antigüedad, para formarse el orden de lidia únicamente se mira la edad de los toreros. Esto puede resultar muy engañoso para un público que no tiene por qué saber el bagaje, la preparación, ni la verdadera antigüedad de los actuantes y que puede intuir que quienes actúan en los primeros puestos deben tener más oficio y estar más toreados que quienes cierran festejo, algo que no tiene por qué coincidir.
Igualmente, me gustaría añadir que, aunque evidentísimamente, ni lo debe saber el público ni por supuesto el animal, no todos los novilleros que se anuncian tienen las mismas posibilidades de preparación indistintamente de las condiciones y aptitudes de cada cual. Algunos, por sus posibilidades económicas, por sus lazos o algunas veces también por las oportunidades proporcionadas por su escuela, han podido prepararse muchísimo más toreando y estoqueando animales a puerta cerrada, acudiendo a tentaderos con cierto privilegio sobre el resto o hasta tentando de invitados. Sin embargo, los que no tienen esa suerte, luchan por prepararse acudiendo a todos los tentaderos que pueden para poder torear saliendo de tapia y aprovechar cada embestida, y si se tiene la oportunidad y la suerte de hacerlo... Pero igualmente, otros, ni siquiera tienen la posibilidad de ir a demasiados tentaderos y su preparación se basa casi únicamente en el entrenamiento físico y sobre todo en el toreo de salón.
Luego el animal sale igual para todos y se debe dar el máximo hayan sido mayores o menores las posibilidades de preparación, pero, no podía pasar por alto esta aclaración, dado que es desconocida para la mayoría del público y también de los aficionados, pero que condiciona en alto grado que de verdad puedan mostrarse las condiciones y lo que cada cual tiene dentro para expresar.

De izquierda a derecha: Diego Amador, Ángel Cachorro, Mariano Fernández, Luis Manuel Romero, Alba de los Reyes y Lolillo Soto.
Tras esta introducción que pienso era necesaria (sobre todo para situar a aquellos lectores que pudieran desconocer lo expuesto), pasaremos a realizar la crónica del festejo.

Con varios minutos de retraso, los seis actuantes hicieron el paseíllo sombrero en mano; excepto Mariano Fernández, quien como alumno de la escuela local ha toreado varias veces en esta plaza en la Feria de Septiembre y el pasado año también en este mismo certamen.
Se lidiaron seis añojos llegados desde la onubense Trigueros, pertenecientes cinco de ellos a la ganadería de D. Manuel Ángel Millares, de procedencia Jandilla y uno (el 4º) marcado con el hierro de Espantalobos, también propiedad del señor Millares pero de procedencia Atanasio Fernández.
Los cuatro primeros fueron de menor presencia y más becerros y los dos últimos estuvieron un poco por encima del resto, aunque no excesivamente.
Todos los novillos dieron buen juego y fueron agradecidos cuando se les lidió correctamente.
Momento en el que se guarda un minuto de silencio en memoria de "El Pío". (Foto: Álvaro Pastor)
Abrió plaza Ángel Cachorro, onubense natural de Moguer, perteneciente a la Escuela de Tauromaquia de Sevilla y que a pesar de realizar su debut en público dio muestras de tener oficio y de estar toreado. Correcto con el capote, brindó su faena a su padre. Aunque en ningún momento recortó los viajes del becerro, se precipitó a la hora de ponerse a torear, cuando el animal hubiera agradecido más el que hubiera toreado en línea recta, dando sitio y empujándolo de verdad para adelante en las primeras series. Por ello, el ejemplar, aunque rompió por el lado derecho, no terminó de hacerlo por el lado izquierdo. El onubense realizó una faena larga, de muletazos en su mayoría, limpios, ligados y de buen trazo, ajuste y patalante y al final de faena acabó toreando en terrenos de cercanías. Pero a su labor le faltó más actitud y transmisión a los tendidos, pues fue excesiva su frialdad toreando con y sin animal, a pesar de haber tenido una buena actuación. Mató de una buena estocada tras un pinchazo y le fue concedida una oreja.
Cachorro parando al becerro que abrió plaza. (Foto: Álvaro Pastor)
Ángel Cachorro dando la vuelta al ruedo.
En segundo lugar actuó Diego Amador, representante de la Escuela Municipal Taurina de Almería, quien, con otro buen novillo tuvo una actuación en la que dio muestras de cierto oficio y de algunos detalles de gusto y personalidad a la hora de acompañar al torear sobre la mano diestra. Sin embargo, su labor estuvo ayuna de alma, de raza, de actitud y de la disposición que se debe tener, por lo que no conectó con el público, que se mantuvo tan respetuoso como indiferente. Finalmente dejó media estocada baja y fue silenciado.
Mariano Fernández, de Coria y de la Escuela Municipal de Camas, despertó por fin al público al recibir de capa al tercero. Entrando y saliendo en torero, enfibrado y gustándose siempre, su actitud ya de por sí le permitió llegar al tendido rápido. Con el capote se estiró en el recibo y luego en un quite, ambos a la verónica, toreando con gusto y dando el sitio perfecto al becerro. Mantuvo su actitud durante la faena de muleta, en la que tras una primera parte de toreo en línea recta y a favor del animal, comenzó a introducir suertes de toreo accesorio y a hacer el toreo fundamental con gusto y raza. Sin embargo, su novillo le pidió una distancia más corta, prácticamente que le diesen los vuelos en el hocico. Por ello a su trasteo le faltó ligazón, al no terminar de encontrar esa distancia para poder ligar sin amontonarse pero llegándole a la cara. Fue éste el único pero que se le puede poner a una faena en la que toreó excelentemente sobre todo al natural y en la que no se aceleró aun haciéndolo todo con raza y actitud. Mató de estocada entera, que por su travesía no tuvo efecto y tras varios intentos acertó con el descabello, siéndole concedidas las dos orejas.


Luis Manuel Romero, de la Escuela Taurina de La Algaba, ya había dejado un buen quite por saltilleras en el novillo de Mariano y recibió al cuarto con dos largas cambiadas de rodillas en el tercio para a acto seguido torear a la verónica y arrancar los aplausos del público. El ejemplar, como hemos mencionado, fue el único de procedencia Atanasio y como tal, tuvo inercias de manso en la primera parte de su lidia aunque finalmente se fue centrando y embistiendo con recorrido y calidad aunque un poco por dentro. Romero comenzó con un péndulo en los medios y a continuación realizaría una faena larga y de alto número de pases. No terminó de entender al animal, al que no corrigió el defecto de acostarse y trató de imponer su puro concepto de poner la patalante, algo que por razones de física no se puede hacer con un animal que viene por dentro, al menos sin desplazarlo debidamente hacia fuera. Por ello, en su faena estuvo constantemente quitando la pierna de salida muletazo tras muletazo, toreando con ligazón pero sin quietud y en muchas ocasiones sin lograr evitar el gesto tan feo como el de poner la mano para protegerse del animal. Sin embargo, mató de una gran estocada y el público premió su afanosa labor con las dos orejas.


Ante el quinto actuó Alba de los Reyes, alumna de la Escuela Taurina de la Diputación de Málaga que no estuvo nada afortunada. En su favor hemos de decir que en muchos momentos puntuales apreciamos detalles de muy buen toreo en el inicio de faena, en una serie corta y sentida y alguna salida de la cara con muchísimo gusto. Pero, sintiéndolo mucho, la verdad hay que decirla: en su actuación dio una imagen pésima. Y no puede culpar en absoluto al buen novillo que le tocó en suerte, que lógicamente tras ver mil veces el bulto acabó orientándose a final de faena, porque no tuvo más remedio. Dio una pésima imagen, de verse absolutamente desbordada por la situación, huyendo y esquivando las bravas embestidas del becerro más que otra cosa y llegando a correr sin pensárselo en más de una ocasión. El mitin continuó a la hora de matar, echándose el astado finalmente aburrido y de tanta capa que le dieron.

Dejando esta impresión lo más lógico era pensar que fue todo debido a su inexperiencia y a estar muy verde y que era responsabilidad de quien la había anunciado sin estar preparada. Pero no. Según nos hemos podido informar, ya sabe lo que es hacer el paseíllo en varias novilladas, incluidas en dos plazas de relieve como Córdoba y Málaga. Todos tenemos derecho a un mal día y quizá en sus actuaciones anteriores estuvo sensacional. Lo desconozco. Pero nunca hay que engañarse y debe tomar conciencia de que en la mañana de hoy ha tenido una actuación nefasta, porque para colmo, y dando muestras de no haberse percatado de ello, dio por su cuenta la vuelta al ruedo como la más feliz del mundo.

Cerró plaza el joven Lolillo Soto, representante de la Escuela Taurina de Sevilla-Amate. Se sintió con la capa toreando con gusto a la verónica con más compás y voluntad que limpieza. Se le vio muy verde en su faena, con carencias técnicas muy evidentes en el propio trazo del muletazo y en la lógica lidiadora. Sin embargo, fue todo raza y se quedó quieto y enfibrado y con la patalante. Entre enganchón y enganchón y entre voltereta y voltereta, pegó muletazos de muchísimo ajuste, de muchísimo gusto y también de personalidad. Con la espada se tiró de verdad y aunque enterró el acero en buen sitio a la primera, necesitó varias entradas más para dejar la definitiva.
Lolillo está verde, tiene muchas carencias técnicas, pero fue todo actitud, todo corazón y todo lo dio al ser consciente de que tenía una oportunidad y que debía aprovecharla. Ante la petición del público concedió el presidente la oreja, que paseó feliz en la vuelta al ruedo. Puede estar contento.
Derechazo de Lolillo Soto al que cerró plaza. (Foto: Álvaro Pastor)
Hasta aquí lo sucedido en este festejo celebrado en la plaza de toros de Camas; sin embargo, me gustaría cerrar esta crónica con el siguiente apunte:
Viendo la imperdonable falta de actitud de varios de los actuantes, les recuerdo: a un novillero se le puede perdonar todo por  su inexperiencia, excepto la desgana y la falta de transmisión. Bastante difícil es simplemente el lograr que te pongan como para luego salir a verlas pasar, cuando uno debe tomárselo como un regalo, una oportunidad de disfrutar, de expresarse, de entregarse, de que todo un público vea lo que llevas dentro y todos hablen de ti, y más aún con una novillada que embiste como la lidiada hoy.
Por último, como ya he hecho en otras ocasiones, vuelvo a resaltar la importancia que tienen estos certámenes, en los que a los jóvenes toreros se nos da la posibilidad de anunciarnos y proporcionarnos una oportunidad que nos sirva de escaparate para ser vistos y para poder torear un animal a modo, además de en unas buenas condiciones por tratarse de una clase práctica.
Una oportunidad de oro, para aprender a torear toreando, para enfrentarse a un público y para sentirte torero solo por hacer el paseíllo y ponerte delante del animal.

Mario García Santos (@mario_garsan)

lunes, 2 de abril de 2018

¿POR QUÉ TOREAS?

A continuación pueden leer el relato "¿Por qué toreas?", por el cual he sido galardonado con el segundo premio de la modalidad literaria en el XXIX Concurso de Creación Literaria y Artística organizado por Aula Taurina.

A la edad de catorce años, un adolescente con físico pueril y mentalidad de adulto en ciernes, decidió apuntarse en la escuela taurina esperando realizar no sabía muy bien qué sueño. Llegaba este joven con toda la ilusión del mundo y con la bendita inocencia de no saber dónde se estaba metiendo. Le movía una vocación un tanto tardía que le impulsaba a hacer algo de lo que aún no tenía ni la más remota idea.
Ese primer año fue realmente duro, de estrellarse contra todo y de sufrir mil situaciones en las que se andaba alrededor del ridículo por la ilusión pura y la absoluta inocencia. No tuvo apoyo alguno de nadie dentro de tan difícil mundo, nadie que le ayudase ni que tratara de guiarle para aprender a andar solo. Todo fueron frustraciones y aprender lentamente de la torpeza, y créanme que no existe un mundo más duro y a la vez más bonito que el mundo del toro para aprender a vivir viviendo.
Muy poco antes de su decimoquinto cumpleaños, le llegó su primera prueba de
fuego: el primer encuentro con un animal bravo en un evento en su propia escuela. No era más que una pequeña becerra cuyos apéndices auriculares tenían mayor longitud que sus astas. Sin embargo, no fue capaz de mantener la quietud ni de dominar nunca la situación, pues verdaderamente no sabía cómo y no logró escuchar ni entender lo que le decían esas voces que nunca antes habían estado ahí cuando él mostraba sus ganas de aprender.
Volvió aquel día de su debut llorando sin consuelo, y en su ambiente familiar,
donde no había agradado su idea de ser torero, pensaron que al fin volvería a la cordura y a ser un niño normal. Sin embargo, el joven continuó entrenando y esmerándose como si nada hubiese pasado. Él no lo sabía, pero el paso que había dado había sido trascendental por lo que significaría para él. Cumplía ya los quince años y continuó esforzándose por aprender y sacrificándose como el primer día, pensando que rendirse no era una opción.
Seguramente, deslumbrados por aquello, dos de los novilleros sin caballos que iban a entrenar a la escuela le tendieron la mano, comenzaron a guiarle y a enseñarle nociones básicas sin las cuales es imposible torear. Sin duda ambos se vieron reflejados en aquel niño que también un día fueron y creyeron que este joven merecía un poco de ayuda.
Una tarde, tras el entrenamiento, Curro, uno de los novilleros, le hizo una pregunta. Una pregunta que solo la propia persona puede responderse a sí misma, porque la respuesta es tan esencial como subjetiva. Ésta era la de: ¿Por qué toreas? Y no eran válidas respuestas como, “porque quiero" o "porque me gusta.” El chico se quedó perplejo y sin saber qué responder; pero solo tuvo que consultarlo aquel mismo día con la almohada para dar con la respuesta, y ésta le serviría para siempre. Para tener las cosas claras y para recordarlo a menudo, los días en los que todo saliera bien y en el día a día para saber por qué caminaba y hacia dónde y sobre todo, en los días en los que todo viniera en contra y la vida golpeara con fuerza, para ser capaz de volver a levantarse.
Poco después de aquello, sin esperarlo, le llegó una nueva oportunidad de verle la cara. Ciertamente, no sabía muy bien a dónde ni a qué iba cuando le dijeron que iba a un tentadero a una ganadería. Allí, antes de un toro, el matador invitado toreó una vaca. Una erala burraca, bien criada y que, aunque no le importó porque tampoco supo verlo, tenía dos puntas como dos alfileres. Tras la labor del torero, le permitieron tener su momento. Montó su muleta y sorprendentemente despacio, encajado, sentido y bien colocado, embarcó la embestida en una interminable y ligada tanda de derechazos, cada cual más ceñido, más acompasado, más templado y más profundo. Sintió cómo el animal pasaba una y otra vez rozándole el cuerpo, empapándole de sangre y persiguiendo bravamente su muleta.
Desmayándose se rompió la cintura en cada muletazo y acabó cambiándosela por la espalda y bordando un pase de pecho, para luego desplantarse casi con lágrimas en los ojos.
De aquella mañana de febrero han pasado ya varios años y aquel joven siguió
luchando por su sueño y pensando que rendirse no era una opción, estrellándose muchas veces contra la frustración y la realidad siempre tan injusta, pero teniendo claro que debía ser fiel a sí mismo y aprender a andar sin engañarse nunca y que llegase a donde llegase, esa fidelidad ya sería un orgullo para toda su vida.
Ahora es cuando volvemos a hacernos esa pregunta tan difícil y tan importante que al joven del que hemos hablado le formularon. ¿Por qué se torea?
Se torea para expresar un sentimiento, para transmitir una emoción, para sacar del alma algo tan profundo que no se puede contar más que toreando. Por ello los toreros son grandes artistas, pero tienen el condicionante de que no realizan su obra cantando, ni tocando un instrumento, sino delante de un animal poderoso e indómito y que tiene su propia voluntad, al que, mediante el valor apoyado en la técnica y la inteligencia, se le puede realizar esa obra, pero nada menos que arriesgando la vida correspondiendo a que el animal te entrega la suya.
Se torea como se es y toreando se cuenta ese misterio que se necesita expresar del que hablaba Rafael "El Gallo". Aunque hasta en las peores tardes vemos algún lance o muletazo para el recuerdo, lograr eso en una faena rotunda es algo altísimamente difícil, pero que, cuando se produce y se conjuntan toro, torero y público, tienen lugar los acontecimientos inolvidables que sacuden el toreo, y en los que incluso nos dan absolutamente igual el dinero, las fincas, las orejas... pues nada importa más que lo eterno.
El toro, ese animal que te da la gloria y que te quita la vida, es el único que imparte justicia en este mundo tan bello, pero tan repugnante en lo que no se ve, pues es él, al final, quien descubre a los malos toreros y a los impostores, a esos que no tienen ningún misterio que decir o que directamente no dicen nada porque no tienen nada que expresar o que fingen ser lo que no son.
Ya lo dejó dicho el Maestro José María Manzanares: “ser torero implica un fondo de sentimiento y una manera de ser y vivir que distingue. Por eso, a los toreros de verdad, los conoces hasta en la calle."

sábado, 9 de septiembre de 2017

Feria Taurina de Camas 2017 (Novillada)

(Las fotografías también han sido realizadas por Mario García Santos y aún está pendiente de ser completada la entrada con el resto de las mismas)
Tras el tentadero público celebrado en jornada matinal, por la tarde tuvo lugar la novillada. A continuación, desglosaremos lo ocurrido en la misma.
Con lleno en los tendidos, los actuantes del festejo hicieron el paseíllo con el sombrero calado.
Los novilleros sin caballos Antonio Rojas, Fernando Gandullo y Adrián Ruiz, el novillero con caballos Jesús Álvarez y el banderillero Luis Borrego, hicieron las veces de subalternos.
Se lidiaron tres erales de Virgen María, con matices y complicaciones pero manejables y que se dejaron bastante y tres añojos de Santa Ana, los tres de pelo colorado y muy buenos, siendo el último el de menos presencia y cuajo.
 
La tarde estuvo muy condicionada por la deficiente eficacia de los aceros que dejó sin premio la mayoría de las faenas y alargó y enfrió en exceso la tarde. Aunque bien es cierto que se trata de novilleros y es en la suerte suprema donde más se nota su inexperiencia, buena parte de estos fallos los debemos atribuir al mal afilamiento de las espadas proporcionadas por la escuela, que hizo que muchas estocadas enteras y en buen sitio no tuviesen efecto alguno.
 
Carlos Fernández sorteó en primer lugar un precioso eral, bajo, armónico y recogido y abrochado de pitones, aunque bizco del derecho. Lo recibió animoso por verónicas en las que paró y templó al ejemplar, para luego sorprender al público cuando realizó un quite al alimón con su compañero y amigo Álvaro Vicario, toreando ambos por tafalleras.

 En banderillas, Luis Borrego fue cogido de lleno tras intentar clavar al quiebro, quedando conmocionado y siendo trasladado al hospital posteriormente. No llevaba cornada, pero sí fuertes dolores en el pecho y la cabeza. Esperemos que le sea leve.

Carlos brindó al público e hilvanó al ejemplar a media altura y logró momentos muy buenos al imprimir temple y disposición, pero fue la suya una labor con altibajos en la que no siempre se acopló al ejemplar de Virgen María. Sin embargo, con los aceros emborronó absolutamente su faena. Varios pinchazos y estocadas que no tuvieron efecto y luego un sinfín de intentos por descabellar pasando un verdadero quinario dada su lógica inexperiencia en esta suerte tan poco torera pero tan definitiva en un momento dado. El usía no tuvo más remedio que acabar tocándole los tres avisos, siendo aplaudido por el cariñoso público de Camas.


Una buena actuación tuvo Alfonso Alonso con el segundo, al que le cortó las dos orejas. Lo paró abriéndose a la verónica, templando y cogiéndole el aire a la embestida. Muy inteligente y dando muestras de su oficio, le realizó una faena de menos a más toreando desde el principio a media altura, sin ajuste al comienzo y ciñéndose con el ejemplar a medida que avanzaba la faena. Trasteo largo, rotundo y ligado, basado en el toreo fundamental y encajado pero en el que tampoco faltaron muletazos de rodillas, a pies juntos, circulares y algún pase por la espalda. Media estocada caída ejecutada en la suerte contraria puso en sus manos los trofeos.


Miguel Uceda se llevó en el sorteo el novillo que había causado el altercado por la mañana y del que teníamos dudas de si acusaría el que hubiera visto algún que otro capote para ser conducido de vuelta a los chiqueros, algo que no pareció acusar, al menos aparentemente.
Tras pararlo con varios lances corriendo para atrás y dando sitio, Uceda se estiró con limpieza y corrección. En el anterior novillo ya había realizado un buen quite por chicuelinas. Se movió el eral y Uceda lo enjaretó en varias series de buen toreo al natural, volando la franela con naturalidad y metiendo los riñones. Por el lado derecho fue mucho más complicado y se acabó orientando definitivamente por ese lado, pero el torero, empeñado en hacerlo pasar, no por desconocimiento sino por vergüenza torera, se puso sabiendo que lo iba a coger, volteándole hasta cuatro veces, al rematar series con la zurda y luego al ponerse por manoletinas y bernardinas. A pesar de que enterró el acero en buen sitio hasta en dos ocasiones, la espada no tuvo efecto, marrando repetidamente con el descabello y esfumándose la posibilidad de tocar pelo.

Bueno fue el cuarto, primer añojo de la tarde. Álvaro Vicario estuvo correcto de capa y de nuevo volvió a realizar un quite al alimón junto a Carlos Fernández. No aprovechó verdaderamente las embestidas del astado, ni llegó verdaderamente al público su actuación, pero lo más destacable es su intención de echar siempre la pata palante y la profundidad que adquirieron su muletazos cuando acertó a cogerle el aire al becerro. No estuvo fino con la espada y dio por su cuenta la vuelta al ruedo.

Bueno fue también el quinto, con el que Mariano Fernández Torrejón realizó las verónicas más templadas y acompasadas de la tarde, unos lances que bien merecían una gran media verónica de remate en lugar de la media chicuelina que improvisó. Excelentes fueron también las chicuelinas con las que respondió Gordillo en su turno, cogiendo el percal casi por la esclavina.
Verdaderamente bien estuvo Mariano en su faena, en la que siempre se mantuvo entregado, toreando sin toro, vendiendo los muletazos con serenidad y hablándole al buen novillo de Santa Ana. Toreó muy despacio, muy sentido, muy encajado y a la vez muy natural y muy enfibrado en varias series sobre ambas manos en las que no tardó en cogerle el aire al ejemplar. Superiores fueron las dos últimas series, gustándose y templando con la izquierda, citando desde la cadera con media muleta y ayudándose con la espada y bordando también muletazos ayudados, molinetes, kikirikís...
En el tercio, se perfiló con el estoque (que no es de la escuela sino de su propiedad) y citó a recibir en la suerte contraria, dejando una estocada hasta los gavilanes y en todo los alto, que pronto hizo doblar al becerro. Tras atronadora petición, le fueron concedidos los máximos trofeos y también se le dio la vuelta al ruedo al excelente novillo de Santa Ana, que permitió torear casi de salón al joven de Coria.
 
En último lugar llegó el turno de Alejandro Gordillo, quien lidió otro buen novillo de Santa Ana que le permitió lucirse desde salida. Mostró Alejandro su envidiable facilidad capotera, lanceando con suavidad y naturalidad y cogiendo el capote muy cortito, tanto en las verónicas de recibo como en las chicuelinas después.
Chicuelina de Alejandro Gordillo en su quite al quinto.
Comienzo de faena muy torero con muletazos por alto con la diestra, enfibrado y caliente pero a la vez con compás y gustándose. Toreó Gordillo consciente de la gran calidad de su novillo, buscando la ligazón de los muletazos, echando la patalante y manteniendo la entrega siempre. A pesar de que su faena tuvo altibajos y fue demasiado a menos, apreciamos sobre todo detalles de toreo caro y muletazos con un gusto tremendo.
Error del torero fue querer seguir toreando con la espada de matar sobre la diestra para levantar la faena antes de la suerte suprema, siendo desarmado varias veces y cayendo en picado la intensidad del trasteo. Y cuando me refiero a error, hago referencia a que era muy fácil que le desarmase, pues no se puede montar bien la muleta con una espada tan corta como son las de añojos.
Fue éste el mayor borrón de su labor, que emborronó con la espada, la cual no entró a pesar de tirarse con entrega. Dio Gordillo la vuelta al ruedo, pero lo más importante son las buenas sensaciones que dejó su quehacer.

Como broche a este entretenido festejo, Alfonso Alonso y Mariano Fernández salieron en hombros.
Hasta aquí lo acontecido en la Feria de Camas de 2017, este año reducida a un solo festejo y que se ha saldado con un resultado numérico de solo 6 ejemplares lidiados, 4 orejas y un rabo cortados, (mas 2 vueltas al ruedo sin trofeos) y 2 salidas a hombros.
 
Por último, como otras veces ya he hecho, quiero resaltar la trascendental importancia que tienen estos festejos, más aún en tiempos en los que se dan muchos menos festejos menores de los que se debería.
Aquí, los jóvenes toreros, damos nuestros primeros pasos, y empezamos a rodarnos, placearnos y cuajarnos, empezamos a sentir los nervios y la presión de verse anunciado y de saber lo que es “enfrentarse” a un público, pero sobre todo, y para mi lo más importante, poder sentirse torero solo con el hecho de disfrutar de hacer el paseíllo y de ponerte delante del animal.
  
Mario García Santos (@mario_garsan)

viernes, 8 de septiembre de 2017

Feria Taurina de Camas 2017 (Tentadero Público)

(Las fotografías también han sido realizadas por Mario García Santos)
Al fin llegamos a esa cita anual tan especial. Esa fecha marcada en rojo y que, aunque se ve lejos el resto del año, como decía Belmonte, "la fecha llega, siempre llega."
Como alumno de la Escuela Taurina Municipal de Camas que he sido durante varios años, sé perfectamente lo que significa su feria taurina comprendida dentro de sus fiestas patronales y aunque este año de 2017 ya no vaya a pisar su ruedo, esta fecha sigue y seguirá siendo especial.
Sin embargo, la feria de este año, ha tenido una connotación significativa, pues se compone de un tentadero público, una novillada de tres añojos y tres erales y una corrida de toros. Ya que la plaza permanente que posee la escuela no tiene instalaciones apropiadas para poder celebrar una corrida, ésta ha habido de celebrarse en un coso portátil.
Es por ello, por compartir protagonismo (y presupuesto) con el festejo en que el matador local Alfonso Oliva Soto se encerrará con 4 toros en homenaje a su tío Ramón Soto Vargas, por lo que los festejos organizados por la escuela han quedado reducidos y condensados.
 
De esta forma, la feria comenzaba hoy viernes 8 de septiembre con el clásico tentadero público, que como viene siendo habitual, se ha celebrado en jornada matinal y con vacas de la ganadería que lidia en la feria, en este caso las divisas hermanas de Virgen María y Santa Ana.
Es ésta del tentadero público una fecha especial y que invito a que se animen a presenciar, pues en ella vemos a chavales muy jóvenes, algunos aún niños, dar sus primeros pasos en este difícil mundo. Y es bonito también verles pelear con los animales condicionados por su lógica falta de oficio, experiencia y conocimientos, pero igualmente precioso es creer que se ha descubierto un torero cuando alguno de los jóvenes logra acoplarse y expresarse y de hecho han sido muchas las actuaciones estelares que se han producido en este tentadero desde que se creó la escuela.
Alumnos de la escuela que participaron en el tentadero, fotografiados en la víspera del mismo.
Es por ello que me parece oportuno y por supuesto con afán constructivo y teniendo en cuenta todo lo antes mencionado, el realizar la crónica de este tentadero en el que siempre están puestas tantas ilusiones.
Se tentaron cuatro vacas, tres eralas y una añoja llegadas desde la finca "Pedrechada y Garlochí", la cual se encuentra en el término de Constantina. La primera de las vacas perteneció al hierro de Santa Ana, de procedencia Marqués de Domecq, mientras que el resto llevaban el de Virgen María, hierro formado con vacas y sementales de las ganaderías de Jandilla, Daniel Ruiz y Victoriano del Río.
Los novilleros sin picadores de la escuela Antonio Rojas, Fernando Gandullo, Adrián Ruiz y Alfonso Alonso fueron los encargados de parar las becerras de capa, colocarlas frente al caballo de picar magníficamente preparado para la ocasión y de iniciarlas de muleta en las primeras tandas.
La primera fue una colorada con la que pudimos disfrutar al verla arrancarse de largo con alegría al peto y fue realmente excelente, pues tuvo clase y temple natural a raudales, permitiendo el lucimiento de todos los que se pusieron delante. Antonio Rojas se acopló y logró relajarse, encajarse y sentirse en una tanda con cada mano que resultaron realmente excelentes.

La primera vaca del tentadero, con el hierro de Santa Ana, acude con alegría al caballo.
Adrián Ruiz coloca la vaca en la suerte de varas con difícil facilidad.




Cuatro muletazos de Antonio Rojas, que toreó excelentemente a la primera vaca.
Luego torearon Manuel de la Fuente, quien a pesar de estar demasiado frío, anduvo verdaderamente sereno y templado, toreando con ligazón y muy despacio en varias series con la mano derecha, en las que pudo sentirse templando la embestida; Samuel Cruz, quien no se libró de un revolcón y también logró ligar muletazos con disposición y fibra, finalizando Javier Illanguas, quien tras hilvanar en redondo y sufrir algún desarme, se gustó en terrenos de cercanías.


Tres imágenes de Manuel de la Fuente.
Pase de pecho de Samuel Cruz.




Tres imágenes de Javier Illanguas.
La castaña segunda fue la más difícil por su condición mansa desde su salida, acabando por refugiarse en chiqueros a pesar de la buena lidia que le dio Fernando Gandullo para tratar de sujetarla afuera y de encelarla. Con la vaca cerrada en chiqueros, pero eso sí, pronta, con movilidad y obediente, salieron David Benito y Antonio Elices, logrando éste último varios muletazos estimables fruto de su voluntad y afán al no afligirse por su falta de oficio y en tan difícil terreno.

La segunda vaca "se piensa" el ir al caballo.
Fernando Gandullo  inicia con la muleta flexionando la rodilla.



Dos imágenes de Antonio Elices ante la segunda becerra de la mañana.
La colorada tercera empujó con enorme clase y entrega en el peto y moviéndose con muy buen son. A pesar de su calidad, requería de cruzarse lo más posible y perderle varios pasos, siendo mejor por el lado derecho. Tras lucirse Adrián Ruiz en el comienzo sobre ambas manos, Liberto Díaz destacó toreando encajado y echando la patalante con la mano derecha, viniéndose arriba tras un revolcón sin consecuencias y mostrando siempre mando, actitud, entrega y entendiendo las mencionadas condiciones de la becerra.




Imágenes de la actuación de Liberto Díaz con la tercera vaca del tentadero.
No supo entender estas condiciones Juan Andrés González que fue todo voluntad y sufrió varios revolcones y desarmes con esta vaca. Finalmente, toreó Pepe Martínez, quien se ponía delante por primera vez en su vida. Y teniendo en cuenta esa circunstancia, podemos decir que estuvo muy bien, pues, bien guiado por el Maestro y aunque no siempre logró la quietud ni la colocación correcta, se repuso de un revolcón y pegó varios muletazos sobre la diestra que tuvieron ajuste y largura.
Muletazo de Pepe Martínez.
La última fue una añoja negra que había sido reservada a los actuantes aún más verdes. Tras comenzar con ella Alfonso Alonso, llegó el esperado turno de Daniel Fernández, quien con a penas 10 años de edad demuestra una enorme actitud, desparpajo y raza. Aunque no siempre se quedó quieto, también por verse cogido dadas las pequeñas dimensiones de su muleta, formó un alboroto, toreando encajado, con sentido de la colocación, buscando la ligazón y cargar la suerte con la pata palante y descarándose en desplantes de rodillas. El resto de jóvenes que intervinieron en esta becerra, la verdad es que no hicieron nada destacable.
La última becerra empujando en el peto.








Daniel Fernández ante la última becerra de la mañana.
Hasta aquí lo sucedido en este entretenido evento en el que ha habido de todo y en el que han destacado sobre todo Liberto Díaz y Daniel Fernández; sin embargo, lo que verdaderamente recordaremos de esta mañana no serán las actuaciones de los alumnos de la escuela, sino lo que ocurrió poco después de finalizar el tentadero.
Mientras en el patio de caballos los asistentes y los toreros se resistían a abandonar la plaza entre alegres charlas y fotografías, los novillos que se lidiarán esta tarde eran desembarcados en los corrales, que tienen la entrada al camión en el propio patio de caballos. Entonces ocurrió lo impensable, pues, una vez desembarcados los novillos y se hubo retirado el camión, uno de los erales salió por la mangada desde donde había bajado del camión y se plantó en el patio de caballos.
Desconozco cómo ocurrió o de quién fue el error para que el novillo acabase saltando de los corrales, pero el caso es que aquello podía haber acabado en tragedia. Por suerte, y gracias a la rápida intervención de los toreros, lograron meterle en el ruedo y desde ahí ya introducirle en el chiquero. No hubo heridos ni nada que lamentar, pero lo cierto es que ha sido un milagro que no haya pasado nada.


Imagen del novillo una vez fue conducido al ruedo tras escapar de los corrales y sembrar el pánico en la plaza.
El novillo que se saltó es el eral número 18 y se lidiará esta tarde en un cartel que forman Carlos Fernández, Alfonso Alonso, Miguel Uceda que lidiarán erales y Álvaro Vicario, Mariano Fernández y Alejandro Gordillo, que estoquearán añojos. La crónica de este festejo también será publicada en este blog.