lunes, 26 de diciembre de 2016

Origen e historia del encaste Santa Coloma (1ª parte)

El encaste Santa Coloma es uno de los más bellos y singulares del campo bravo y ha sido protagonista de épocas doradas del toreo de la mano de muchas figuras que sintieron predilección por él.
Posee un comportamiento propio y una morfología y unos pelajes que lo definen, así como podemos decir que es único por su personalidad.
Son toros que se caracterizan por su sinceridad y por definirse rápido y no ser tan cambiantes como ocurre en Núñez y Atanasio, sino que en su salida dejan clara su condición tanto para bien como para mal. Requieren más aún que otros encastes una lidia ordenada y en la que se le hagan las cosas bien para que rompan, se entreguen y vayan a más, de lo contrario podrán desarrollar sentido. Este sentido hace que, en teoría sean animales de faenas cortas y medidas, pudiendo ponerse muy complicados para la suerte suprema si se les pasa de faena. Esto no indica que una vez se entreguen no puedan durar una eternidad como ha sucedido con toros que permitieron grandes faenas y que parecían no tener fin, como por ejemplo el famoso "Marquito", indultado en Granada por Ortega Cano.
"Marquito" de Ana Romero, cuya estampa es el prototipo de Santa Coloma.
Son además animales muy sensibles a los toques bruscos (con los que se aviolentan) y muy agradecidos cuando se les trata con temple y suavidad.
Los ojos de los Santa Coloma también son especiales, pues son saltones, intensos y vivos, siendo famosas sus miradas fulminantes hacia los toreros. Cuando nombramos este encaste, siempre se nos viene a la mente un toro cárdeno, bajo, enmorrillado, un poquito cuesta abajo y de cuerna armónica y nunca destartalada.
El prototipo Santa Coloma es ese toro bajo, armónico y serio, que debe rondar los 470 y los 500 kilos, pues de lo contrario estará acochinado y será difícil su movilidad.
Para adaptarse a los nuevos tiempos se ha trabajado por lograr un toro que pueda albergar más kilos, por tanto con más caja y también que abra más la cara, aunque el verdadero tipo del encaste y por tanto, lo que suele embestir, es el anterior, así que los ganaderos tratan de encontrar el término medio entre ambos, para llegar al toro exigido sin sacar de tipo el encaste.
El pelaje por antonomasia como sabrán es el cárdeno en todas sus tonalidades, al cual se suma el negro, ya sea zaino o entrepelado, y además, aparecen, (desde el origen del encaste a comienzos del siglo XX), todo tipo de accidentes desde los salpicados, bragados y meanos a los calceteros, calzones, luceros, cinchados, jirones, coleteros... La gran mayoría de las veces lo hacen en forma de pelos blancos, ya sea sobre el predominio del cárdeno o del negro. También hemos de mencionar que, muy excepcionalmente, en algunas ganaderías han aparecido ejemplares colorados, castaños o tostados, a consecuencia de un salto atrás por la línea ibarreña.
"Golosino" de La Quinta galopa tras la muleta de Juan Bautista en Istres.
La historia ha hecho que fruto de la disgregación de Santa Coloma, existan varias líneas dentro de un mismo encaste como son Buendía, Graciliano y Coquilla y también está estrechamente emparentado con el encaste Saltillo, pues Santa Coloma nace del cruce de Saltillo e Ibarra, y además, posteriormente, muchas ganaderías de Saltillo fueron refrescadas con ganado de Santa Coloma, como es el caso, nada menos que el de la de Victorino Martín.
Así, en esta reportaje (que se divide en dos partes), repasaremos toda la historia del encaste remontándonos a comienzos del siglo XX, para, viendo como se desarrollan los hechos, comprender el origen de lo que ha llegado a nuestros días.

El nacimiento del encaste

El encaste debe su nombre a D. Enrique de Queralt y Fernández de Maquiera, más conocido como el XI Conde de Santa Coloma, dinastía originaria de Cataluña. Resulta que a primeros del siglo XIX, la dinastía de los Santa Coloma se había unido mediante un matrimonio con la de los Bucareli, unos negociantes genoveses que por establecerse en Sevilla tuvieron un poder inmenso en España y América, además de un patrimonio tremendo de edificios y tierras. Por tanto, al unirse las dos familias, los descendientes heredaron el patrimonio de ambas.

El XI Conde de Santa Coloma, además de maestrante de Sevilla, era un gran aficionado al toro tanto en la plaza como en el campo e íntimo amigo de los más importantes ganaderos del momento como eran los Miura, los Duques de Veragua y el Marqués de Saltillo. El Conde recibió en la dote de su abuela Bucareli una auténtica joya, una finca de 3000 hectáreas situada entre Alcalá de Guadaira y Morón de la Frontera: el celebérrimo cortijo "Bucaré". Por cierto que este nombre no tiene más significado que el de la castellanización del apellido italiano de los propietarios de la hacienda.
Esto ocurrió a primeros del XX y el Conde decidió hacerse ganadero de bravo en "Bucaré", al igual que lo hubiera hecho su antepasado en el siglo XVIII. Al tratarse de un importante aristócrata, no podía tener cualquier ganado, sino levantar una vacada importante y a la altura de su título, por lo que tras estudiarlo, cuando supo que D. Eduardo Ybarra había puesto su ganadería en venta se lanzó a por ella. De esta forma, la que era una de las más importantes ganaderías del momento, fue dividida en dos lotes iguales: uno lo compró D. Fernando Parladé y con el otro se hizo el Conde de Santa Coloma.
Así, el ganado de Ybarra llegó a "Bucaré" en 1904 dándose el Conde por satisfecho, sin embargo, en 1905 falleció la Viuda de Saltillo. La ganadería de ésta estaba en manos del nuevo Marqués, pero su madre siempre le había impedido que la vendiese, pues no quería que tan importante vacada creada fruto de la selección realizada saliese jamás de su familia. No obstante, una vez fallecida ella, no tuvo ningún reparo en venderla, aceptando todas las opciones de compra, adquiriendo también el Conde de Santa Coloma un lote.

Portada del Cortijo "Bucaré".
De esta forma, el Conde reunió en "Bucaré" ganado de dos de las mejores ganaderías de su época. Ambas eran ramas de un mismo árbol, pues habían surgido de la casta fundacional de Vista Hermosa, pero habían evolucionado por separado, siendo por tanto ambas radicalmente diferentes.
Las reses de Ybarra tenían mucha más caja y volumen y en ellas predominaba el pelaje negro y en menor medida el castaño y el colorado. Su bravura era más noble y toreable y sobre todo era importante su regularidad, lo cual la hacía la predilecta de los toreros. Sin embargo, esa toreabilidad y nobleza a menudo estaban cercanas a la mansedumbre.
Mientras tanto, los Saltillos tenían menos caja y mayor alzada y finura y la capa cárdena era la predominante. Eran toros mucho más duros, fieros y vivos, y su bravura desembocaba en el genio, el peligro y el sentido.
Así, el Conde llevó dentro de su propia ganadería tres líneas por separado: una pura Ybarra, otra pura Saltillo y otra que era la cruza de ambas. De esta última esperaba lograr su creación, la de una ganadería que aunara lo mejor de ambas sangres.
Pasados varios años, decidió conservar solo la cruza, decidiéndose a vender las partes que aún conservaba puras. De esta forma, mediante estas ventas, se escribirán otras historias por separado.

Lo primero que vendió, fue la parte de Saltillo en 1912, conservando únicamente las vacas con notas más altas. Y el comprador de este lote de 173 cabezas fue nada menos que su propio hermano menor, D. Hipólito de Queralt y Fernández de Maquiera, el XIII Marqués de Albaserrada, el cual poseía en Gerena la famosa finca "Mirandilla", a donde viajaron los "saltillos" (que solo permanecerían allí 9 años).

El de 1919 sería un año dorado para ambos hermanos, ya que en la Plaza Vieja de Madrid el 11 de mayo se le dio la vuelta al ruedo al famosísimo "Bravío" número 70, ejemplar del Conde de Santa Coloma que resultó de bandera y que aunó lo mejor de las sangres Saltillo e Ybarra, en cuya bravura se equilibraron a la perfección.

"Bravío" en los corrales de la plaza de Madrid.
Pero además, el 29 de mayo siguiente, el no menos célebre "Barrenero", perteneciente a la ganadería de su hermano el Marqués de Albaserrada, fue también de bandera y de vuelta al ruedo. Este toro fue aún más duro y fiero que el anterior, pegando con él Rodolfo Gaona un petardo mayúsculo al verse desbordado el gran torero mexicano. Por cierto que esa tarde el hierro de la A coronada tomó antigüedad.
Revista de la época que ilustra el momento en el que Gaona intenta descabellar en medio de una bronca tremenda.
La cabeza de "Barrenero", disecada en Gerena.
El Conde de Santa Coloma, vendería en 1916 un lote en el que predominaban las reses puras ibarreñas pero en el que también incluyó desechos de tienta y ganado de la línea Saltillo y de la cruzada. Éste fue adquirido por el ganadero salmantino Francisco Sánchez de Coquilla, naciendo por esta vía la famosa rama del que sería encaste Santa Coloma.
Por último, en 1920 vendió otro lote en el que también predominaba la sangre ibarreña y en el que la de Saltillo aparecía en un porcentaje menor al anterior, lo que explica las grandes diferencias entre ambas. Éste fue adquirido por el gran ganadero salmantino Graciliano Pérez Tabernero, quien dio forma y nombre a esta otra rama del encaste.

La ganadería del Conde tuvo sus años dorados cuando la cruza fue equilibrada en las primeras generaciones en las que había un 50% perfecto de ambas y el gran Joselito el Gallo, la tuvo como una de sus predilectas. Quien fuera el artífice del toreo y el toro moderno estaba seguro de que las ganaderías procedentes de Vista Hermosa y concretamente sus líneas Saltillo y Parladé eran las mejores para el toreo, por lo que en la del Conde encontró la ganadería ideal al ser una cruza de ambas, llegando a estoquear hasta 109 toros suyos, muchos de ellos en manos a manos con Belmonte
Cabeza de "Cantinero", toro de Santa Coloma (de la
línea cruzada) al que Gallito cortó la primera oreja
 que se concedía en la historia de La Maestranza.
y como único espada, como la famosa tarde de 1915 en la que cortó la primera oreja de la historia de La Maestranza de Sevilla, un hito al que ya le dedicamos una entrada con motivo de su centenario (Pinchando aquí podrán recordarla).
Gracias a José la ganadería se puso en la cima, pero, la cruza, al seguirse cruzando sin equilibrar correctamente la balanza hizo que la vacada decayese, pues desarrolló los defectos de ambas líneas, siendo por lo general ejemplares geniudos, con peligro, sentido y mala casta, lo que provocó el rápido rechazo de los toreros. Joselito falleció en 1920 y en 1921, un toro santacolomeño hirió de gravedad a Belmonte en Sevilla, mismo año en que el Marqués de Albaserrada fallecía de un infarto. Durante los años 20 la vacada siguió en declive y finalmente el Conde decidió venderla en la primavera de 1932, pues, teniendo en cuenta además la situación de su vacada, ante la llegada de la República, evitó el saqueo de sus fincas y palacios haciendo creer estar arruinado.
Desde esta forma, el hierro, la divisa, el ganado y la finca "Bucaré" pasaron a manos de D. Joaquín Buendía Peña, un joven de apenas 24 años para quien su padre y su padrino (ambos socios e importantes agricultores) compraron la ganadería de Santa Coloma.
Sobre el trabajo y el papel de D. Joaquín, quien escribiría las páginas más gloriosas del encaste Santa Coloma, hablaremos en la segunda parte de este reportaje.

La influencia "santacolomeña" en Victorino Martín

El legendario hierro de la A coronada y la divisa azul y encarnada, cuya antigüedad se corresponde con la tarde en que se lidió "Barrenero", es el que creó el Marqués de Albaserrada para herrar los puros "saltillos" que criaba en "Mirandilla". Este mismo hierro lo conserva en la actualidad D. Victorino Martín y por esa raza razón, a los "victorinos" también se los conoce como "albaserradas" pues son descendientes de los ejemplares que el Marqués criaba en Gerena. Sin embargo, la historia de cómo el hierro y la ganadería llegaron a manos de D. Victorino Martín Andrés no es tan conocida.
Un joven Victorino Martín Andrés ejerce de
picador en un tentadero.
Tras triunfar con fuerza en Madrid con su toro "Barrenero" en 1919, el Marqués de Albaserrada falleció el año siguiente víctima de un infarto. Su viuda, quien realmente no sabía qué hacer con la ganadería, accedió a venderla en 1921, aceptando la oferta del vallisoletano D. José Bueno Catón, un adinerado comerciante de cerdos. De Bueno pasó a su viuda Dña. Juliana Calvo en 1928, quien, alrededor del año 1940, refrescó la ganadería comprando 50 vacas y un semental a D. Joaquín Buendía. Cuando Dña. Juliana fallece en 1941 sin descendencia, la ganadería la heredaron sus cuatro sobrinos Antonio, Josefa, Florentina y Andrea, quienes lidiaron a nombre de "Escudero Calvo Hermanos". A comienzos de los 60, el hierro atravesaba un momento muy delicado y sus propietarios buscaban desesperadamente comprador, pues de lo contrario se verían obligados a mandarlo al matadero.
De esta forma, un carnicero de Galapagar llamado Victorino Martín Andrés, compró (junto con sus hermanos) la ganadería entre los años 1960 y 1965 a un bajo precio de carne. Aunque muchos le dijeron que se arruinaría comprando una ganadería que por algo iba al ganadero, D. Victorino estaba convencido de que "le había tocado la lotería". El resto de la historia ya es sabida: Victorino creó una de las más importantes ganaderías de la historia y que sigue en la cúspide en la actualidad.
Por cierto que nada tienen que ver con los "victorinos" los "albaserradas" que desde 1947 pastan en "Mirandilla", los cuales son de origen Isaías y Tulio Vázquez.
La sangre predominante en Victorino es la de Saltillo, pero, por ese refresco que realizó Dña. Juliana con reses de Buendía, la sangre "santacoloma" también tiene una alta influencia en la ganadería y que se refleja en las hechuras, pues también aparecen toros bajos, enmorrillados, con el denominado "hocico de rata" y con el innegable tipo "santacolomeño". Recuerdo por ejemplo un ejemplar llamado "Estanquero", lidiado por El Cid en Sevilla en 2015, muy en Buendía y por supuesto, también vemos esta influencia en las hechuras del grandioso toro "Cobradiezmos".
 
"Cobradiezmos", indultado en La Maestranza el 13 de abril de 2016.
En la segunda parte de este reportaje hablaremos del trascendental papel de D. Joaquín Buendía Peña, quien escribiría las páginas más gloriosas de este singular encaste.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

viernes, 23 de diciembre de 2016

Amazing!

Una vez finalizada la Feria de Abril de 2015 y como es habitual desde hace décadas, en La Maestranza, se celebraron los domingos de mayo y junio y en jornada vespertina, las novilladas con caballos que también forman parte del abono, en las que, aunque nunca se registren entradas importantes dada la falta de renombre que aún tienen los diestros, suponen primeramente una oportunidad para ellos de hacerse notar en un escenario de tanta repercusión, así como para el público de descubrirles y en ocasiones ha llegado a vivir de tardes memorables y en las que se puede llegar a ver mejor toreo que en los días de expectación en farolillos. Aunque cierto es también que quien de verdad es aficionado a los toros, disfruta hasta con los pequeños detalles que se ven en cualquier tarde.

Hierro y divisa de la vacada
de Javier Molina.
La anécdota que vengo a contar en esta modesta entrada, sucedió en la primera de las seis novilladas que se dieron esa temporada, concretamente el domingo 10 de mayo. Esa tarde se anunciaron tres novilleros que esa misma temporada se hicieron matadores de toros: Tomás Angulo, Gonzalo Caballero y Posada de Maravillas y la novillada pertenecía a la divisa de Javier Molina famosa por ser su hierro idéntico al de la marca automovilística Mercedes, ganadería que, por cierto, días antes de este festejo había anunciado su preacuerdo de venta a unos ganaderos franceses.
Recuerdo que los tres novilleros hicieron el paseíllo con la montera calada y que la plaza registró una aceptable media entrada. La novillada estuvo muy bien presentada tanto en hechuras como en romana pero bastante desiguales en su morfología.
Cuando leí el programa de mano que siempre repartimos en La Maestranza, me llamó la atención el nombre del tercer novillo y primero de Posada, el número 15 "Pintor". Y es que un hombre mayor me contó en una ocasión que el mejor toro que había visto en toda su vida de aficionado y que recordaría mientras viviera, se llamaba "Pintor", era de Fuente Ymbro y en 2007 le dieron la vuelta al ruedo en Almería después de ser desorejado por "El Cid" y que, aunque no se dio la circunstancia perfectamente habría merecido el pañuelo naranja.
Precisamente, la ganadería de Javier Molina fue formada con ganado de Jandilla y Fuente Ymbro por lo que perfectamente podían estar emparentados, y ya se sabe que, junto con las hechuras, las reatas buenas no suelen fallar. Aunque, por muy tópico que suene, en la ganadería brava dos y dos nunca son cuatro.
El novillo "Pintor" de Javier Molina, en los corrales de La Maestranza.
Así, en aquella tarde sevillana creo recordar que me senté en una localidad de la primera fila del tendido 6. Justo delante mía, en primera fila de barrera, me fijé en un señor extravagante y extranjero, de pelo canoso y cuya vestimenta, con una gorra blanca y pantalones y camiseta informales, llamaban la atención. Por el acento de su inglés era claramente estadounidense y, como turista que viene a nuestra tierra, había venido a La Maestranza esperando ver lo que ellos llaman "bullfighting" (que más bien debería llamarse bullart) y que por personalidades internacionales tanto españolas como extranjeras, lo han convertido en una seña de identidad "typical spanish".
No sé cual sería la idea de toro, de torero o de tauromaquia que aquel señor tenía, si la que transmiten los antitaurinos, la que han contado escritores como Hemingway o simplemente la de la alegría y el olé de fiesta española. De esta forma, allí estaba mirando expectante a todo y grabando con su tablet todo lo que acontecía en el ruedo y lo siguió haciendo a hurtadillas cuando el de seguridad le dijo que la normativa impedía grabar imágenes.
 
Abriendo plaza Tomás Angulo se había topado con un ejemplar serio, incierto, mirón y de embestida descompuesta, con el que estuvo muy digno sobreponiéndose además a una voltereta. El público no acabó de despertar, pero lo más destacado se vio con el capote, en el quite por gaoneras de Caballero y la réplica de Angulo por arriesgadas saltilleras.
En segundo lugar, con Gonzalo Caballero vivimos momentos verdaderamente dramáticos, pues, ante un novillo que embistió con la cara alta y que cada vez fue a peor, se colocó de verdad, cruzado y ofreciendo los muslos. Fue volteado hasta en cuatro ocasiones, en algunas incluso pareció que "se las dejó pegar", quedando con el traje destrozado y con una fuerte paliza, pero levantándose y poniéndose de nuevo como si el novillo fuese bueno. A pesar de ser admirable su absoluta entrega, su valor espartano primó sobre la cabeza ciertamente. Mató de una gran estocada y saludó una merecidísima ovación antes de pasar a la enfermería.

Gonzalo Caballo, con el traje ya destrozado, se descara con el novillo
y se cruza hundido en los riñones. (tauroweb).
Y al fin, apareció el tercero de la tarde, un ejemplar negro como todos sus hermanos, con 497 kilos, herrado con el número 15 y nacido en enero de 2012. Seguramente, en el sorteo, la bolita del 15 debió de ser la que todos querían sacar, pues era el novillo más bonito de los seis. Bajo de agujas, y de armónicas hechuras abrochadas: el clásico ejemplar que cuando lo ves en el campo te lo puedes imaginar en tu salón y sin las orejas.
Caída de latiguillo de Antonio Torrado. (tauroweb).
"Pintor" remató abajo en el burladero, astillándose ligeramente el pitón izquierdo y Posada salió decidido y se estiró a la verónica, llevándolo en línea recta aún pero arrancando las primeras ovaciones con su recibo. En el primer encuentro con el caballo, propinó la que denominamos en el argot taurino como caída de "latiguillo" al picador Antonio Torrado. El segundo puyazo lo tomó un poco a la ligera y sin ser bien colocado, recibiendo poco castigo o más bien el justo para ser ahormado. El novillo de Javier Molina tenía mucha clase y había demostrado un galope brioso y emocionante, por lo que Posada decidió hacer un quite una vez estuvo picado el utrero. Así, dándole una media distancia el extremeño trazó tres verónicas hasta el final, cargando la suerte y rompiéndose la cintura, rematando con una gran media verónica encorvándose y arrebujándose con el toro y soltando la punta del percal al salir de la suerte tras el crujido de la plaza.
Verónica de Posada en el quite. (aplausos.es)
En mis notas, tengo reseñado que "Pintor" siguió galopando en banderillas y que Joao Diego Costa lo bregó magistralmente, abriéndole los caminos y rompiéndolo más aún para adelante.
El novillo mantendría sus cualidades hasta el final, embistiendo con gran humillación, repitiendo con ansia y transmitiendo al tendido con su galope. Siendo bueno por ambos pitones, por el izquierdo fue cumbre, mientras que por el derecho teniendo también largo recorrido punteó un poco.
Posada de Maravillas, sin probaturas, se dirigió a la boca de riego y citó a "Pintor" muleta plegada en la zurda. El toro se arrancó alegre y el torero realizó estoico el cartucho de pescao, recentando después tres naturales largos ligados con el de pecho, entre los cuales hubo ese tiempo casi imperceptible que es clave para mandar en el toro.

(tauroweb)

Aquí el público empezó a entrar en la faena, la cual se desarrollaría íntegramente en los medios. El pacense optó en ella por lucir y aprovechar la vibrante arrancada del utrero desde lejos y así volvió a citar por la diestra, dibujando cuatro muletazos ligados y cada vez más encajado, rematando con el de pecho por el lado izquierdo y arrancando la plaza en ovaciones, comenzando entonces la banda de música a acompañar su faena.

Después llegaron otras dos series cortas sobre la diestra, (probablemente por querer administrar al toro), en las que subió los decibelios en el tendido toreando con gran gusto, sentimiento, profundidad y acompañando con todo el cuerpo, yéndose con el toro en cada muletazo con la cintura y el pecho.
(mundotoro)
Era el momento de coger la mano izquierda y de torear al natural de verdad para que la faena tomase altos vuelos y así hizo el novillero, que ya tuvo que acortar más la distancia por la pérdida de fuelle del bravo ejemplar. Así, con la maravillosa música acompañando, Posada toreó al natural con los vuelos de su muleta, pasándoselo por la faja y rematándolo detrás de la cadera cargando la suerte con la barbilla en el pecho y los pies clavados en la arena. Así, hubo un natural, el que precedió al pase de pecho, que fue absolutamente desmayado, roto y en el que toro y torero se fundieron. La plaza se puso de pie cuando Posada remató con el de pecho y salió adornándose.
Entonces, ese señor extranjero que antes mencioné y que seguramente habría seguido lo que en el ruedo acontecía con simple curiosidad y se había ido emocionando conforme pasaba la faena, tras ese soberbio natural y el remate de la serie, al unísono de los demás espectadores se puso de pie y aplaudió enérgicamente y exclamó: Amazing!
El natural desmayado de Posada a "Pintor" (tauroweb)
Díganme, ¿quién le explicó a este señor que tenía que aplaudir? ¿quién le dijo que debía ponerse en pie? ¿a caso sabía este hombre lo que era el toreo? Simplemente, sin saber muy bien por qué, aquello que un joven vestido con un "traje extraño" había hecho con el toro le había emocionado profundamente. De ahí su exaltación y su exclamación enfervorizada, pues, para aquellos que  carezcan de conocimientos del vocabulario anglosajón y que en estos momentos estén buscando el significado de "amazing", he de decirles que se traduce como "asombroso o impresionante".
Posada continuó su faena con otra buena serie al natural y tras otra sobre la diestra en la que exprimió al máximo al astado, después de un cambio de mano salió toreramente a por la espada. Tras unos adornos que tuvieron mucho gusto y belleza, cerró a "Pintor" en el tercio y perfilándose en la suerte contraria agarró una estocada casi entera, algo trasera pero en lo alto que hizo doblar pronto al novillo. La plaza se tiñó de pañuelos, a los que se sumó el emocionado señor norteamericano con su gorro, concediendo el presidente una oreja de ley al novillero extremeño, que paseó muy emocionado y de la que no quiso desprenderse. Mientras tanto, al excelente "Pintor" de Javier Molina se le ovacionó con fuerza en el arrastre.
En el resto del festejo, tanto Angulo como Caballero se toparon con ejemplares muy complicados y con los que estuvieron voluntariosos pero ante los que no pudieron levantar faena y en el sexto, Posada, que se llevó el lote, estuvo bien y logró momentos excelentes, pero su faena fue a menos. Al matar bien, se le pidió con insistencia la oreja, pero todo quedó en una ovación con saludos.
 
Posada de Maravillas paseando la oreja de "Pintor" (ABC)
Mi intención al contar esta anécdota, (además del simple hecho de recordar la faena y la tarde) es la de invitar a la reflexión. El toreo siempre ha tenido grandeza, por todos los valores que aportan su liturgia y su verdad absoluta, una grandeza que no ha de explicarse.
Sin embargo, hoy día, el antitaurinismo y el falso animalismo, han logrado tapar esa idea que antes se tenía del torero en la sociedad, que lo veía como alguien a la vez artista y guerrero y que con el toro podía hacer algo grande, mitad épica y mitad lírica. Pero si hay tanta gente que trata de hacer creer barbaridades como que el toreo es un espectáculo cruento, en el que los espectadores disfrutan haciendo daño y maltratando a un animal al que hasta llaman indefenso, hace que no solo muchos tengan una idea errónea y que sientan odio por los aficionados, sino que la mantengan sin haber pisado jamás una dehesa ni una plaza de toros.
Lógicamente, a aquellas personas que tienen una postura tan radical y tan irrespetuosa es casi imposible acercarles y hacerles ver lo que nosotros amamos, pues ya estarán predispuestos negativamente. Pero a aquellos que simplemente lo desconozcan, o que tengan una vaga idea de lo que es el toreo, perfectamente pueden ir a una corrida y, acercarse a la realidad con ojos nuevos, sobre todo si tienen la suerte de presenciar algo grande.
Concretamente ese señor norteamericano, haciendo turismo en Sevilla, tuvo la curiosidad de ir a los toros y, acercándose a ellos con ojos nuevos, estoy seguro de que descubrió su grandeza y que volverá a ir y a interesarse por ellos.
El toreo, como decía el llorado Víctor Barrio, no hay que defenderlo, hay que enseñarlo. El toreo se defiende solo, pues su grandeza y su magia no necesitan explicación, pero al menos, todos deberían tener la oportunidad de poder acercársele como digo con ojos nuevos y pararse a pensar por qué hay tanta gente que se apasiona por él.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

domingo, 11 de septiembre de 2016

Segunda y última de la Feria de Camas (Erales)

Concluía hoy sábado la Feria de Camas 2016 con el festejo de erales en clase práctica, que comenzó puntual a las seis y media de la tarde. En los chiqueros aguardaban cinco erales de la ganadería de Arucci, una novillada en conjunto bonita en la contrastaban dos ejemplares, uno por ser más basto que los demás y otro, el número 27, por estar más rematado y fuerte aún siendo también de buenas hechuras.
Hicieron el paseíllo, por orden de antigüedad, Adrián Ruiz, Fernando Gandullo, Antonio Rojas, Alfonso Alonso y Miguel Uceda Vargas, estos dos últimos sombrero en mano, pues, aunque ya sabían lo que era hacer el paseíllo en esta plaza en varias ocasiones, solo lo habían hecho en becerradas.´
Momento del paseíllo.
Rompió plaza Adrián Ruiz, a quien le correspondió en suerte el novillo de hechuras menos armónicas y que salió muy suelto de chiqueros. Una vez lo hubo sujetado, Adrián se estiró decidido a la verónica, logrando un puñado de cadenciosos lances de excelente factura que remató con la media.
Gandullo también quitó por lances, dejando una buena media, antes de que el camero Luis Borrego, (quien cubrió los cinco tercios de banderillas), clavase un par el quiebro del que salió trompicado pero ileso.
Adrián Ruiz lanceando a la verónica al primero de la tarde.

Tras brindar al público, Adrián inició su faena con muletazos por alto para sacárselo hacia los medios. El ejemplar resultó noble y sin mala condición, pero su escasez de fuerzas, le restaron transmisión y largura a su embestida. Al ser muy sensible a toques violentos y tirones, Adrián lo consiguió afianzar toreando a media altura, con temple y en series cortas, en las que mostró muy buen oficio y buena disposición. Si algo faltó para que la faena levantase de verdad, fue darle más importancia y emoción, más aún cuando se abría plaza.


Ruiz al natural con el novillo que abrió plaza.
Sabiendo que el eral tenía lo justo, Adrián acertó en no pasarse de faena, y con la espada de matar cerró al de Arucci con toreros ayudados a favor de querencia, rematados con el desplante de rodillas tirando la muleta. Finalmente, dejó menos de media estocada, pero muy agarrada y en buen sitio, lo que provocó que el ejemplar rodase sin puntilla.
Como premio a su actuación, Adrián paseó las dos orejas.
 




En segundo lugar llegó el turno de Fernando Gandullo, quien recordemos, en la Feria de 2014 había realizado una sobresaliente faena sobre la mano izquierda y el pasado año, tuvo la mala fortuna de sufrir una lesión que le impidió hacer el paseíllo.
El ejemplar de su regreso fue un precioso castaño abrochado y algo gacho de cuerna. Un taco de novillo. Fernando lo recogió con el capote y logró estirarse y componer a la verónica, dejando unos cuantos lances de bella factura, abrochando finalmente una media verónica sobre la cadera izquierda. En su turno, Antonio Rojas quitó por chicuelinas, siendo excelente la media por el lado izquierdo con la que remató. El novillo, aunque por el lado derecho era más deslucido y bronco, tenía un pitón izquierdo muy potable.
Medias verónicas al segundo de la tarde de Fernando Gandullo...

... y Antonio Rojas en su turno de quite, ambas por el lado izquierdo, pitón más potable del novillo.
Gandullo brindó al público y sin probaturas citó desde los medios con la zurda y se puso a torear, logrando hasta cuatro series de gran calidad al natural, rematando en ocasiones con el de pecho también por el izquierdo o aguantando el achuchón por el derecho. Hubo también una serie en redondo, en la que ayudó menos el burel, pero en la que consiguió mantener la ligazón de la faena.
En la labor muletera del de Dos Hermanas, sobresalió un toreo al natural enganchando adelante y llevándolo embebido en los vuelos, en ocasiones, dejándoselo llegar desde lejos y siempre buscando cargar la suerte y acompañar con todo el cuerpo.
Pero no alcanzó Fernando las cotas de su faena en 2014 con aquel novillo de Carlos Núñez, mucho más bravo e importante que éste, que resultó más alegre que bravo. La faena, sin ser sobresaliente, fue notable y tuvo los momentos de mejor toreo de la tarde, pero el público no acabó de entrar en ella con fuerza, y además, acabó yendo a menos en el tramo final.
Con la espada de matar, toreó por alto a dos manos con gran gusto y cargando la suerte, y tras demorarse un poco, cuadró al novillo en la
Fernando Gandullo toreando al natural al segundo.
suerte natural, donde emborronó su actuación con una feísima estocada. Al salir de la suerte, salió lamentándose y le perdió la cara al novillo, que le sorprendió al revolverse y estrellarle contra las tablas. Sin cornada pero conmocionado y a punto de desplomarse, se lo llevaron a la enfermería, apareciendo más tarde aparentemente ya recuperado.
Mientras tanto, Adrián Ruiz, había descabellado certero al novillo, que se fue al desolladero con las orejas puestas, y de nuevo, Fernando acabó una buena actuación contrariado y con un sabor amargo.
 En tercer lugar, Antonio Rojas Novo lidió un ejemplar colorado ojo de perdiz, al que recibió a la verónica y recetó una buena media para cerrar. Alfonso Alonso realizó su correspondiente quite, y lo hizo por chicuelinas. Después de que Luis Borrego colocase un par demasiado delantero, Antonio tiró la moneda y comenzó su faena citando de rodillas en los medios para torear en redondo. El novillo se le arrancó, y con la inercia logró ligarle limpiamente varios muletazos y rematar con el de pecho de pie, lo que hizo reaccionar con fuerza al público.
El novillo tuvo una embestida descompuesta y un deslucido calamocheo, provocado por su falta de fuerza. Rojas estuvo dispuesto y no se aburrió con el novillo, intentándolo por ambos pitones y sufriendo dos volteretas verdaderamente fuertes en las que el astado lo zarandeó con violencia. Puso voluntad, aunque no logró levantar el vuelo de la faena, además de buscar variedad y vistosidad con detalles como un molinete invertido o un cambio por la espalda en el inicio de una tanda.
Visiblemente mermado y dolorido continuó la lidia, recetando finalmente, en la suerte contraria, media estocada caída que bastó, paseando el joven torero una oreja muy peleada, pasando a la enfermería tras dar la vuelta al ruedo.
Antonio Rojas embarcando sobre la diestra al tercero.
Pase de pecho de rodillas de Alfonso Alonso
en el comienzo de faena.
En cuarto puesto, llegó el turno de Alfonso Alonso, a quien cupo en suerte un colorado chorreado ojo de perdiz. Tras pararlo, le ganó terreno con gran firmeza lanceando en línea recta, pegando finalmente una revolera tras varios amagos de pegar una media de rodillas.
En su turno, Miguel Uceda dejó un excelente
quite por chicuelinas, toreando verdaderamente despacio. En banderillas, cuando el local Luis Borrego (quien también arrastraba a su público) se disponía a clavar, la banda de música sonó en su honor, colocando un gran par y formando un alboroto.
Tras brindar, Alfonso entendió muy bien al novillo y lo toreó con cabeza, abriéndole los caminos y siempre pensando en perder varios pasos para no ahogarlo. La rotundidad de su faena, solo fue frenada por dos volteretas, ambas, al querer pegar pases de pecho a la hombrera contraria. Valiente, firme y mostrando su oficio, Alfonso corrió la mano por ambos pitones y también supo llegar al público con algún que otro gesto a la galería. Esta vez, no le frenó su talón de Aquiles, y tirándose encima dejó una estocada casi entera que le valió para cortar las dos orejas.
Alfonso Alonso, embarcando la embestida del cuarto al natural.
Para cerrar plaza y feria, apareció en escena un novillo negro y con cuajo y remate, el número 27, que estaba por encima de sus hermanos en seriedad. Miguel Uceda lo templó rápido a la verónica aunque le enganchó en el remate. El quite de Adrián no resultó lucido y en su turno, Luis Borrego cerró su tarde colocando otro buen par.
Luis Borrego dejándose ver antes de clavar el último par de la feria.
Fue este ejemplar, el más difícil de todos, por su temperamento, raza y complicaciones, pero que siempre transmitía sensación de importancia al meter la cara. Brindó su faena Miguel Uceda al público, y planteó bien la faena, iniciando por bajo doblándose con el de Arucci. Sin embargo, el ejemplar lo desarmó en este inicio y el astado, al no sentirse podido, se acabó volviendo más complicado. Uceda no se amilanó y estuvo valiente y firme, tratando de atemperarlo y buscarle las vueltas, soportando achuchones y derrotes a los tobillos y las muñecas.
Miguel Uceda, encajado en los riñones, embarcando la embestida del último.
El gerenero logró muletazos sueltos de gran importancia por ambos pitones, pero no consiguió la difícil tarea de someter al ejemplar y meterlo en el canasto. Lo pasaportó de un pinchazo hondo de largo efecto, siendo obligado a saludar una ovación.
Una vez arrastrado el último y finalizado el festejo, Adrián Ruiz y Alfonso Alonso salieron en hombros.
 
Hasta aquí lo acontecido en la Feria de Camas de 2016, que se ha saldado con un resultado numérico de 11 ejemplares lidiados, 10 orejas cortadas, (mas 2 vueltas al ruedo sin trofeos) y 3 salidas a hombros. Además, también será recordada como la feria en la que debutaron Mario García, Alejandro Gordillo y Samuel Cruz.
Esta feria es un ejemplo de la brillante cantera que tenemos en las escuelas y de que el futuro de la Fiesta está aquí, tanto en los futuros toreros, como en los futuros aficionados, pues, no se debe olvidar, que sin la existencia de plazas de pueblos y de festejos menores, los grandes escenarios no se sostendrían. Por tanto la organización y la seriedad de esta feria es una excelente forma de fomentar la afición y hacerla más accesible a todos los públicos.
 
Mario García Santos (@mario_garsan)

sábado, 10 de septiembre de 2016

Primera de la Feria de Camas 2016 (Añojos)

Al fin llegó la cita clave en nuestro calendario. Casi finalizado el verano, con motivo de las fiestas patronales del municipio de Camas, se celebran dos festejos taurinos en su plaza de toros, en los que se anuncian los alumnos de su escuela.
La Feria se compone de un tentadero público matinal y dos clases prácticas, una de añojos y otra de erales.
 
En esta feria, llegó mi debut en el festejo de añojos, haciendo el paseíllo junto con otros cinco compañeros. Por tanto, si difícil era escribir crónicas de mis propios compañeros y amigos, se me antojaba casi imposible hacerla a mis compañeros de cartel.
Sin embargo, al ser consciente de que hay mucha gente interesada en conocer el resultado de la becerrada, al menos, procederé a detallar una reseña de lo ocurrido en el desarrollo de este primer festejo de la Feria de Camas 2016, y en lo que a mi actuación se refiere, escribiré teniendo en cuenta las impresiones de quienes me han visto y mi propia autocrítica.
Con lleno en los tendidos y en formato de clase práctica, se lidiaron seis añojos de la ganadería de Arucci, llegados desde la finca "El Álamo" (en Aroche). Los tres primeros, con más presencia que los restantes.

Carlos Fernández recibiendo al primero a la verónica.

El joven cigarrero Carlos Fernández, llevó a cabo la siempre difícil labor de abrir plaza y lo hizo con un ejemplar colorado que resultó noble y blando y que se dejó. Con él anduvo Carlos dispuesto desde el principio con el capote y se acopló enseguida, llevando al novillo con temple sobre ambas manos a media altura y cuajando una faena bien estructurada y de buen oficio. Mató de una gran estocada que tiró sin puntilla al de Arucci, y paseó una oreja, a pesar de que merecidamente se solicitaron las dos.
 
Templó por derechazos...
 

...y por naturales.

 

Manoletinas como epílogo de faena.
En segundo lugar actuó Álvaro Vicario, quien se topó con un becerro negro que, sin ser malo, tenía tendencia a la huida y se acostaba por el pitón izquierdo, por donde acabó levantándole los pies al torero.
Larga cordobesa de Mariano Fernández en su oportunidad de quite
al segundo, que embiste a favor de querencia a chiqueros.
Media verónica de Vicario para dar la réplica a Mariano.

Natural cargando la suerte.
 Vicario se repuso a dos buenos revolcones y estuvo firme y dispuesto, logrando muletazos de buen trazo sobre ambas manos. Mató de una estocada caída que bastó para que el manso se echase en toriles y aunque hubo fuerte petición, el usía denegó el trofeo, siendo Álvaro obligado a dar la vuelta al ruedo.
Desplante de un entregado Álvaro Vicario ante el segundo del festejo.
En tercer lugar, entró en escena Mariano Fernández, quien sorteó un bonito castaño, con el que armó un alboroto al arrear con el capote, rematando un buen ramillete de verónicas con una larga cambiada de rodillas y quitando después con el capote a la espalda.
Mariano rematando con larga cambiada su recibo por verónicas.
Sin embargo, el de Arucci no acabó rompiendo y desarrolló más complicaciones que ninguno, acortando el recorrido y reponiendo, logrando Mariano mostrar su oficio y conseguir ligar muletazos de mérito, pero su faena fue a menos tras sufrir varios desarmes. Mató de estocada tras pinchar y dio la vuelta al ruedo.



Llegados al ecuador del festejo, faltábamos por actuar los tres que habíamos hecho el paseíllo sombrero en mano, pues debutábamos.

García, en un trincherazo a media altura.
En cuarto lugar, llegó el momento de Mario García, a quien, como anécdota, en los carteles se le anunció por error como Mariano García. El de Valencina sorteó un becerro de pelo burraco, bajo de agujas, de gran nobleza y justo de fuerzas. Lo más destacado de su recibo con el capote fue la media verónica con la que concluyó, antes de que Alejandro Gordillo hiciese su correspondiente quite por chicuelinas.
Inició con ayudados por alto para sacárselo hacia fuera y su faena, en la que en ocasiones faltaron toques más precisos, tuvo altibajos tras varios desarmes al principio. Pero fue de menos a más y siempre en la media altura y sin tirones. Los mejores muletazos surgieron al natural y la faena estuvo salpicada de detalles toreros: pase del desprecio, un molinete para salir de la cara o unos naturales a pies juntos de frente. Tras un pinchazo, media estocada caída bastó para hacer doblar al becerro, paseando una oreja, de la que no quiso desprenderse.
Pase de pecho de Mario García al cuarto.
 En quinto lugar, llegó el turno de Alejandro Gordillo, joven también debutante que realizó el mejor toreo de capote del festejo. Tras parar al becerro, un negro salpicado también bajo y que colaboró, se estiró a la verónica y le cogió el aire, para después, realizar en los medios un gran quite por chicuelinas, ligadas con una tafallera y una media verónica.
Chicuelina al cuarto de Alejandro Gordillo, que hizo el mejor toreo de capa de la tarde.
 Con la muleta, al comenzar la faena sacándose al novillo a los medios, sufrió una voltereta, de la que se repuso con raza, para instrumentar a continuación tandas enfibrado y dispuesto. Pero su faena, que tuvo momentos muy buenos, tras desarmes y momentos de menor acople, fue a menos. Alejandro entró derecho a matar y dejó una estocada casi entera que le valió para cortar una oreja.
 
Samuel Cruz haciendo el paseíllo.
Cerró plaza Samuel Cruz, a quien cupo en suerte un becerro colorado, pelo que en los últimos años, sea de la ganadería que sea, ha dado muy buena suerte a quienes los han toreado. Este ejemplar, al que de salida le apreciamos un problema en la vista, resultó boyante y noble. Samuel había estado desafortunado con el capote tanto en el quite al quinto como al recibir al sexto, pero en su labor de muleta dio un giro radical a su actuación.
Su faena empezó muy fuerte y llegó muy rápido al tendido, al torear enfibrado y arreando enormemente, pero aunque llegó al público por su disposición y su ligazón sus muletazos fueron muy acelerados, incluso a un ritmo vertiginoso y sin preocuparse verdaderamente por la estética. Pero Samuel estuvo verdaderamente entregado y conectó con el público, y, a pesar de que su faena se fue deshinchando, una soberbia estocada de rapidísimo efecto, provocó la fuerte petición, que obligó a que le concediesen las dos orejas y por tanto la salida en hombros.
 
De esta forma, Samuel Cruz fue el triunfador numérico del festejo, lo cual, no tiene por qué implicar directamente que hiciese el mejor toreo de la tarde. Así, en el día en el que los seis teníamos puestas nuestras ilusiones, tocando o no pelo y habiendo estado más o menos lucidos, todos recorrimos el anillo y sentimos el calor del público.
 
Hasta aquí lo acontecido en esta becerrada de la Feria de Camas, en la cual, el público ha podido ver a seis becerristas, cada uno con sus armas, su concepto y su personalidad y estoy absolutamente seguro, de que ninguno, aún habiendo triunfado, ha podido plasmar todo lo entrenado, todo lo mil veces soñado, ni todo lo que cada uno llevamos dentro.
Por último, como otras veces ya he hecho, quiero resaltar la trascendental importancia que tienen estos festejos, más aún en tiempos en los que se dan muchos menos festejos menores de los que se debería.
 
Aquí, los jóvenes toreros, damos nuestros primeros pasos, y empezamos a rodarnos, placearnos y cuajarnos, empezamos a sentir los nervios y la presión de verse anunciado y de saber lo que es “enfrentarse” a un público, pero sobre todo, y para mi lo más importante, poder sentirse torero solo con el hecho de disfrutar de hacer el paseíllo y de ponerte delante del animal.
  
Mario García Santos (@mario_garsan)